miércoles, 26 de junio de 2013

Capítulo 7 | She's Not Afraid

Miércoles, 20 de febrero

     Harry y yo estábamos en Coniston.
     Habíamos decidido ir a pasar el día fuera mientras los chicos iban al estudio a hablar con el Management de cara a la gira que empezaría en cuestión de días. Dijeron que le cubrirían y se encargarían de excusarlo diciendo que estaba enfermo en la cama con fiebre y le era imposible asistir a la reunión.
     Él se había remangado los vaqueros y tenía los pies dentro del agua del lago, yo por el contrario, encogida de piernas. Él recostado hacia atrás, apoyando todo su peso sobre los brazos, dejando que uno de ellos estuviera tan cerca de mi cuerpo que casi podía sentir el fino vello acariciarme la cadera. Su olor me golpeaba violentamente.
     — No te rías, ¿vale?— dijo sonriendo e intenté ponerme seria con un aire cómico—. En una ocasión acordamos hacer una entrevista para un programa de televisión, y para darle un enfoque diferente y desenfadado quise salir desnudo— empezó a explicar—. Para ello, tenía que caminar en bolas mientras los chicos se pasaban diferentes objetos por delante de mí para taparme. Resulta que Zayn se despistó y allí me quedé yo… ¡Las cámaras me grabaron!
     — ¡No!— me eché a reír.
     — Aquella parte no la emitieron, por supuesto, aunque me hubiera gustado que la hubieran puesto en televisión.
     — Eso es una cosa— repliqué—, otra muy diferente es que medio planeta te veo desnudo.
     Harry me contó muchas más historias que habían vivido durante el Up All Night tour. De repente, me miró a los ojos fijamente y se humedeció el labio.
     — Emma, yo...— empezó a decir con su peculiar voz ronca, acercándose peligrosamente a mi cuello—, tengo ganas de besarte.
     Me quedé petrificada. Sus ojos atravesaron los míos. Entonces desplazó su mirada hasta mis labios, y volvió a mirarme a los ojos de nuevo. Sonreí.
     — Hazlo— susurré.
     Una de sus manos se coló por detrás de mi oreja y sus húmedos labios acariciaron los míos. Despacio. Con mucho cuidado. Saboreé su esencia, palpé el aire que nos separaba y disfruté de todos los puntos en los que éramos el todo. Un beso breve, tras el cual llegó uno más largo. Le agarré de los rizos y lo atraje hacia mí. Podía escuchar sus gemidos entre beso y beso, al igual que podía sentir los latidos de su corazón contra mi pecho.
     Harry me agarró por la cintura.
     Una de sus manos se coló por dentro de mi camisa hasta llegar a la abertura del sujetador y se apartó de mis labios. Incliné a un lado el cuello para permitirle el paso y gemí al sentir sus labios sobre mi piel. Mi mano caminó hacia sus pantalones, donde encontró lo que estaba buscando.
     Me dio a entender que buscaba más.
     Conseguí que se deshiciera de su camiseta para dejar cuerpo al descubierto. Su trabajado tórax me llamaba con urgencia y me incliné sobre él, besándole. Desde los cuervos de su pecho hasta el ombligo, y desde el ombligo hacia los hombros. Una coreografía erótica improvisada.
     Su voz ronca se había convertido en una especie de armonía de gemidos graves y, a pesar de que le temblaban las manos, logró desabrochar el botón de mis vaqueros y se deshizo sutilmente de ellos. Se tumbó a horcajadas sobre mí.
     — Jamás creí que tú y yo...— jadeó.
     — Yo tampoco.
     Besó mis hombros, descendió por mi vientre y jugueteó con el fondo de mi ombligo. Siguió acariciando mi piel con sus labios
     Mi cuerpo se estremecía con cada uno de besos. Le agarré por los rizos y conseguí quedar encima de él. Me deshice magistralmente de sus pantalones.
     — No sabes las ganas que tenía de esto— susurró.
     De repente... sonó mi móvil.
     Abrí los ojos torpemente y solté una palabrota. Me aparté la funda nórdica de encima y giré la cabeza hacia el despertador de la otra mesilla. No eran más que las ocho de la mañana. Alargué el brazo para coger el móvil y miré la pantalla. Resoplé, preguntándome qué querría un miércoles a aquellas horas para interrumpir mi sueño. Me tumbé de nuevo en la cama y me llevé el móvil al oído.
     — ¡Emma! ¿Dónde estás?— preguntó su voz al otro lado de la llamada.
     — Madison, por Dios— gruñí entre dientes—. Son las ocho de la mañana. ¿Dónde quieres que esté?
     — Coge el coche y ven a buscarme.
     Abrí los ojos de par en par y me incorporé lo más rápido que pude entre sorprendida y aterrada.
     — ¿Buscarte?— pregunté mientras intentaba ocultar mi sorpresa—. ¿A dónde?
     — Al aeropuerto de Heathrow. Sería muy feo por tu parte dejar que cogiera un taxi sabiendo que vives a cuarenta kilómetros de aquí.
     — Pero...— intenté replicar.
     — ¡Gracias, Em! Te espero en la Terminal 5. Llámame cuando hayas llegado— me interrumpió y colgó.
     No podía ser, ¿qué hacía ella aquí? Era imposible.
     Solo Madison era capaz de estar desaparecida durante meses y aparecer en tu vida para ponerla patas arriba. Aquella era Madison. No pedía las cosas por favor ni dabas las gracias, tampoco preguntaba si alguien podía hacer algo por ella, sino que lo daba por hecho, y jamás era capaz de ponerse en tu lugar. Solo era ella, ella y ella. Los demás la estorbaban y cuanto más lejos estuvieran de su camino, mejor.
     Me levanté de la cama lo más rápido que pude, entré en la ducha y me enfundé unos vaqueros pitillo negros, una camisa vaquera, unas bailarinas beige y un fular.
     — La voy a matar— susurré en un intento por tranquilizarme, aunque todo fue en vano—. Sí, eso es. Voy a cogerla del cuello y estrujarla hasta que se le salgan los ojos.
     Cogí un trozo de bizcocho de la cocina que me comería por el camino, me colgué el bolso al hombro y saqué un abrigo del armario. Salí disparada mientras mi subconsciente se reía de mí.
     Aquello era el karma.


     Llegué al aeropuerto a las nueve y veinte. Salí del coche y me puse las gafas de sol con el objetivo de que nadie pudiera reconocerme, no era el momento ni el lugar para ello.
     Entré en la Terminal 5 y comencé a dar vueltas en busca de Madison. No quería verla. La odiaba con toda mi alma pero al mismo tiempo era mi ejemplo a seguir. Guapa, inteligente y fuerte.
     Entré en WhatsApp.

          «Estoy frente a la compañía de Iberia»

     Estaba ensimismada en mis pensamientos cuando una voz inconfundible gritó mi nombre.
     Giré la cabeza y vi venir a Madison con su increíble cabellera morena recogida en una preciosa trenza de espiga con algunos mechones sueltos. Sus ojos oscuros iban escondidos bajo unas enormes gafas de sol. Llevaba un vestido corto de color blanco con un cinturón marrón, una chaqueta vaquera y unas botas. Con una mano arrastraba una gran maleta de Louis Vuitton a juego con el bolso que llevaba en la otra. Apresuró el pasó y se lanzó sobre mi, dándome un fuerte abrazo.
     — Emma, estás guapísima. Mírate— dijo agarrándome de la mano y obligándome a girar sobre mí misma. No pude evitar sonreír. Madison seguía siendo Madison. Tan exuberante y llamativa como siempre.
     — ¿Y esa maleta tan grande?— pregunté arqueando una ceja.
     — Mañana tengo que volar a Italia— afirmó—. Gajes del oficio.
     Íbamos a salir, cuando una cámara de televisión y su respectivo periodista nos persiguieron. Me escondí bajo las gafas de sol y bajé la cabeza. Madison mostró una sonrisa y miró directamente a las cámaras a través de sus gafas.
     — ¡Madison! ¿Qué tal estás?
     — Muy bien, muy contenta. Acabo de tomar un vuelo, así que ahora solo deseo descansar— dijo con una resplandeciente sonrisa.
     — Se ha dicho últimamente que hay planes de boda entre Elliot y tú— insistió el reportero—. ¿Son ciertos esos rumores?
     — Elliot y yo estamos francamente bien— contestó sin inmutarse—. Nos complementamos a la perfección y estamos juntos las veinticuatro horas del día pero por ahora no hay planes de boda. Cuando los haya, os aseguró que seréis los primeros en saberlo— sonrió a la cámara.
     Lo que más me sorprendió de todo aquello fue lo siguiente que preguntaron:
     — ¡Emma! ¿Son ciertos los rumores de una posible relación con Harry Styles?
     — Harry y yo somos amigos— me limité a contestar—. Eso es todo.
     — El otro día hubo imágenes en la que se os vio en una actitud muy cariñosa— insistió de nuevo—, ¿no tienes nada que decir? ¿Aún no vais a confirmar nada?
     — No hay nada que confirmar. Harry y yo somos amigos. Eso es todo— respondí. Por suerte llegamos al coche.
     Madison guardó su equipaje en el maletero y se montó en el asiento del copiloto. Dejé mi abrigo y bolso en la parte trasera del vehículo.
     — ¿Se os volverá a ver juntos?
     — No lo sé— contesté al tiempo que abría la puerta—. Muchas gracias.


     Cuando entramos en el apartamento había pasado más de hora y media.
     Lo primero que hizo Madison fue tirarse sobre el sofá mientras se quitaba las botas.
     — No me dijiste que hoy iba a llover, si lo llego a saber me pongo medias— comentó mientras lanzaba una de sus botas al otro lado del salón de una patada—. Y un abrigo.
     — ¿Qué tiempo pensabas que iba a hacer en Londres?— contesté—. Además, tú tampoco me dijiste que ibas a venir, así que no tienes nada de lo que quejarte. Ojo por ojo, guapa.
     — Venga, no te pongas así— se levantó para darme un nuevo abrazo—, hemos discutido demasiadas veces. Voy a pasar el día entero aquí. No quiero que nos peleemos más. Al menos no por ahora.
     — Por ahora— repetí y puse las manos en alto—. Como quieras.
     — Sigues teniendo mal genio. Londres no te ha cambiado en absoluto— bromeó con una sonrisa pícara en la cara—. Voy a perder la apuesta que hice con Chad.
     — ¡Amor propio!— exclamé—. ¡Se llama tener amor propio!
     — Vale— asintió—. Tengo hambre. ¿Podemos comer ya?
     — Es pronto.
     — Quiero comer.
     Resoplé exasperada y cerré los ojos, obligándome a mí misma a mantener la calma, cosa que no iba a resultar fácil siempre que Madison y yo estuviéramos juntas dentro de aquellas cuatro paredes.  No la odiaba. Simplemente detestaba aquello. «Quiero comer». Pues que se hiciera ella la comida.
     — Haré pasta— dije, abrumada.
     — No— negó rotundamente—. Haz ensalada. El otro día me negaron vestir un conjunto de ropa interior en un desfile porque había engordado— explicó—. Mañana tengo un desfile y llevo ya dos días sin comer. Tengo mucha hambre y no puedo comer, pero la tengo. Así que…, una ensalada.
     — ¿Engordado?— exclamé—. ¡Pero si eres invisible!
     — Estoy como una foca.
     Me dirigí a la cocina a hacer una maldita ensalada, ignorando sus estúpidos comentarios por completo. No me importaba lo más mínimo su novio, ni su trabajo, ni nada que tuviera que ver con todo lo que la rodeaba. ¿Acaso no podía darse cuenta? Madison era la clase de chica a la que la fama se le había subido a la cabeza y tenía un aire prepotente que a veces me entraban ganas de golpearle la cara con una pared y hacerla ver lo estúpida que es cuando se comporta de aquel modo.
     Preparé dos cuencos de ensalada y los llevé al salón. Ella sacó unos botecitos con pastillas dietéticas que se tomó con un trago de agua. Aparté la mirada y preferí no mirar. Madison puso la BBC Three. En pantalla había un reportaje de Elsa Pataky y Chris Hemsworth. De fondo sonaba Tonight. Me gustaba aquella canción.
     Cogí el móvil. 

          «Madison ha venido a dar el coñazo. ¿Qué hago con ella? ¿La tiro por la ventana o me tiro yo? Estoy indecisa»

          «Pd: Tonight de FM Static»

     Aquello fue lo que envié e a Harry.
     — ¡Emma!— exclamó Madison—. ¡Tú y Styles!
     Alcé la vista del plato de ensalada y pude comprobar que estaban emitiendo el reportaje que me grabaron en el aeropuerto, intercalado con imágenes junto a Harry, estaba segura de que al día siguiente habría otro reportaje nuevo. Y después vendría otro, y otro, y otro. Yo había huido de España por aquello y resulta que en Londres era mucho peor.
     — Así que es cierto— dijo Madison cuando terminó el reportaje y apagó la televisión. Dejó en la mesa el plato de ensalada prácticamente intacto—. Harry Styles y tú...
     — No somos nada— la corté.
     — La televisión no dice lo mismo.
     — Deberías dejar de creer todo lo que dice la televisión— repliqué con la boca llena de ensalada y tragué—. Es un consejo.
     — Venga ya— hizo un movimiento con la mano—. Harry es buen chico.
     — Sí, vale, vale— puse los ojos en blanco. No quería hablar de Harry. No con ella—. ¿A qué se debe tu agradable visita?— pregunté, no sin poder evitar el sarcasmo.
     — Mamá me pidió que viniera. Hay un par de telas que solo venden aquí y quiere introducirlas en la colección de verano. También me dijo que te echara un ojo para ver cómo te iban las cosas. Mañana vuelo a Italia para…
     — Para un desfile de ropa interior— la interrumpí—. Lo has dicho. ¿No vas a comer más ensalada?
     — No tengo más hambre.
     — No has comido absolutamente nada, Madison— repliqué—. Entiendo que seas modelo y te paguen una millonada por vestir prendas exclusivas, pero eso no es un trabajo. Lo sabes. Te explotan. Están acabando contigo.
     — Es lo que me gusta, Emma— murmuró.
     — ¿Lo que te gusta?— exclamé—. Por favor. Llevas dos días sin comer. Te mantienes a base de proteínas, pastillas dietéticas y agua. ¿De verdad eso es lo que te gusta?
     — Emma, basta ya— me cortó y bajé la cabeza.
     Asentí con la cabeza. ¿Cuántas veces había pensado que mi hermana terminaría yéndose a pique por intentar tener esas medidas de 90-60-90? Tenía razón y —aunque ella lo negara— lo sabía. Madison sabía que tenía razón pero admitir que yo estaba en lo cierto sería demasiado bochornoso para ella.
     Soltó una risita.
     — ¿Qué?— gruñí.
     — Me parece increíble— murmuró—. Tú nunca has tenido miedo de nada ni te has atemorizado ante los retos. No tienes miedo de la atención mediática y adoras los actos impulsivos. Sin embargo, tienes miedo de enamorarte— explicó—. Fascinante. No podrás ocultar vuestra relación eternamente.
     Puse los ojos en blanco y la ignoré. Estábamos hablando de ella y su estúpido trabajo, y de repente saltó con el tema Harry y yo. A veces no había quien la entendiera. Se enfadaba y se la pasaba en cero coma cero.
     Casi había terminado de comer cuando me llamaron al móvil.
     — ¿Emma?— respondió Zayn al otro lado de la línea.
     Zayn me había llamado estando Madison allí. Aquello no iba a ser bueno.
     — Dime— dije con la boca llena.
     — Esta mañana hemos estado con el Management. Tenemos la tarde libre, y Perrie quiere que salgamos de copas esta noche o a cenar todos juntos— dijo—. Creo que Danielle también va a venir. Contamos contigo.
     Madison me miró sorprendida. Primero Harry y después Zayn. Estaba claro que aquello se salía de todos mis esquemas.
     — ¿Es Zayn?— preguntó ella.
     — ¿Madison?— alcanzó a preguntar él al reconocer su voz—. ¿Tu hermana está contigo? ¿Cuándo ha llegado?
     — Por suerte o desgracia, esta mañana— contesté y Madison arrugó la nariz, dibujando una suave arruguita en el entrecejo—. No puedo quedar esta noche y vosotros tampoco deberíais. Estáis a tres días de empezar la gira y os vais de copas.
     — Tomar unas birras— me corrigió—. No es lo mismo.
     — No puedo, Zayn— dejé el plato sobre la mesa—. Ya hablaremos otro día.
     — Vale, como quieras— dijo él—. Cuídate, ¿vale?
     Colgué.
     — ¡Era Zayn Malik!
     — Sí, lo era— contesté, aprovechando la ocasión para entrar en WhatsApp—. No eres la única Wells que los conoce, ¿te enteras?
     — El reportaje en el que se os veía a Harry ya ti juntos me lo ha dejado bastante claro— replicó con desdén—. Me parece muy fuerte que los conozcas y no me hayas contado nada. Yo estuve con Niall. Fue un rollo de unas semanas. Nos acostamos un par de veces, nada fuera de lo normal.
     — Las cosas se están complicando— bajé la cabeza y di un trago a mi cerveza— así que tampoco creo que quiera mantener esta relación con ellos.
     «Sí que quieres, pero las circunstancias lo están complicando todo» susurró mi voz interior. «Sí que quieres, pero tienes miedo»
     Madison, después de hacer un amago, me rodeó el cuerpo con sus brazos y me acurruqué sobre su pecho con un frío y espeluznante vacío en mi interior. Odiaba a mi hermana, la quería, pero sobre todo, la admiraba. Era despreciable, arrogante y egocéntrica, pero sabía abrazarte cuando algo no iba bien.
     — Puedes meterte en problemas y nos puedes arrastrar a todos nosotros y lo sabes— susurró—. ¿No has pensado en nada?
     Negué con la cabeza.
     — Creo que voy a mandar alguna noticia sin menor interés y esperaré a que el contrato expire, supongo— contesté—. No me queda otra opción.
     — Dejemos este tema por ahora. Yo voto por que salgamos a dar una vuelta. ¡Hagamos turismo! ¿Por qué no me enseñas Londres?— propuso—. Eso sí, tendrás que dejarme calzado cómodo y ropa de abrigo.
     Solté una risita. Madison paseó sus manos por mis mejillas y me dio un suave beso en la frente.


     Habíamos ido a la empresa textil donde vendían las telas que mi madre necesitaba para la colección de verano y acordaron que las enviarían a España, a la sede de Madrid. Después hicimos turismo por Londres tal y como habíamos acordado: paseamos por Picadilly Circus; visitamos las Casas del Parlamento y la Catedral de Westminster; ojeamos el ambiente de Covent Garden; cruzamos el puente colgante; entramos en Harrods y pasamos por delante de la Catedral de St. Paul's y del Museo Británico. Incluso cenamos en el Hakkasan, uno de los restaurantes chinos más lujosos de la ciudad en Hanway Place.
     Madison se mostró un poco más comprensiva, cosa que agradecí profundamente y no mencionó a ninguno de los chicos. Algún paparazzi nos sacó fotos. Nosotras posamos como dos turistas adolescentes ante mi réflex en los lugares más representativos de la ciudad y compartimos varias fotos en las redes sociales.


     Cuando llegamos a casa, estábamos agotadas. Lanzamos todas nuestras bolsas de Harrods al suelo, nos pusimos los pijamas y nos tumbamos en el sofá.
     — ¿Y el puesto en GQ?— preguntó mientras se llevaba la botella de agua a la boca, y enarqué una ceja—. Mamá me lo contó.
     — No me han llamado.
     — Supongo que compartirán base de datos con nuestra GQ. Puede que hayan visto que tenías un contrato con ellos y te hayan eliminado de la lista automáticamente.
     Me encogí de hombros. Por el rabillo del ojo pude ver que mi hermana me miraba con una expresión seria, con vulnerabilidad.
     Le daba pena.
     — ¿Les has contado lo de tu contrato?
     — ¡Madison, no!— exclamé—. Es una cláusula. Además, lo último que quiero es que se enteren. Podrían pensar que me he acercado solo para escribir cualquier cosa de ellos.
     — ¿Tanto te importan?— preguntó—. Apenas los conoces, Emma. Son buenos chicos, pero unos completos críos— dijo ella y asentí. Aquello era, precisamente, lo que me gustaba. Pensé en Harry y aparté la mirada—. Te mola uno.
     — No.
     — Oh, sí— ella empezó a sonreír—. Conozco esa mirada. Te mola uno.
     — Harry, pero no quiero ni siquiera intentarlo— añadí de inmediato al ver su sonrisa de cría emocionada—. No después de todo. Con Dani todo se fue al garete y Víctor…, no importa. Soy como la dama negra: destrozo todo lo que toco, especialmente las relaciones.
     — ¿Sabes lo que te pasa? No tienes valor, tienes miedo. Miedo de enfrentarte contigo misma y decir que estás bien. La vida es una realidad, las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad— empezó a recitar con mucha énfasis y dibujé una media sonrisa—. Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno, Emma, ya estás en una jaula. Tú misma la has construido y en ella seguirás vayas a donde vayas, porque no importa donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma.
     Enarqué una ceja y la miré sonriendo.
     — Estás obsesionada con Desayuno con Diamantes— sonreí.
     Asintió con la cabeza y se echó a reír.
     — Truman es increíble— dijo risueña—. Es de mis escritores favoritos. Todo lo que escribe lo hace fácil, como si efectivamente fuera sencillo.
     Negué con la cabeza, sonriendo. Le informé de que me iría a la cama y le pedí que apagara la luz cuando se fuera ella. Le indiqué dónde tenía toallas limpias y ella se marchó a la habitación de invitados más grande. 

          «He visto por vuestras cuentas de twitter e Instagram que lo habéis pasado muy bien esta tarde. Por si te interesa saberlo, nosotros también lo hemos pasado muy bien. Hemos ido a tomar unas birras después de cenar. Eso sí, se te ha echado de menos»

          «So Cold de Ben Cocks» 

     Aquello fue lo que Harry me mandó después de que Madison y yo llegáramos a casa.
     Me introduje entre las sábanas, sintiendo como su suave tacto acompasaba mis pulsaciones y mitigaba el dolor de mis piernas entumecidas. No logré cerrar los ojos hasta bien entrada la madrugada.
     Cuando por fin concilié el sueño, sonó mi despertador recordándome que tenía que llevar a Madison al aeropuerto.

6 comentarios:

  1. Fantástico, aunque eso no es novedad

    ResponderEliminar
  2. La nove se convirtió en una adicción para mi :3

    ResponderEliminar
  3. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA la parte en la que Madison recita Desayuno con Diamantes y Emma se da cuenta. Madison queda como boba. JAJAJAJAJAJAJAJA.

    ResponderEliminar
  4. YO PENSÉ QUE EL SUEÑO ERA VERDAD D:D:D:
    PUTA, TE ODIO <3

    ResponderEliminar