jueves, 4 de julio de 2013

Capítulo 10 | Truly, Madly, Deeply



Domingo, 10 de noviembre

    Abrí los ojos lentamente y me aferré a la mantita de sofá que me cubría el cuerpo. Lo primero que alcancé a ver fue una televisión de plasma que no se correspondía en absoluto con la mía. Estaba tumbada sobre un sofá de piel que tampoco era el mío. Aquel apartamento no era el mío. Vislumbré una lujosa escalera de mármol y una enorme biblioteca.
    Estaba en el apartamento de los chicos.
    Eran más de las cinco de la mañana. Los zapatos de Liam estaban tirados en la entrada, la chaqueta de Niall sobre un sillón y los botines de Harry cerca de la escalera.
    Cogí mi abrigo, los tacones, llamé a Mick y salí de allí.


Martes, 12 de noviembre

     Estuve dos días sin saber nada de la realidad.
     Había tenido el móvil apagado. Quería estar sola. Recapacitar. Meditar. No fue hasta después de comer cuando lo encendí. Decenas de llamadas perdidas y mensajes tomaron posesión de mi móvil durante algunos minutos. Entré en WhatsApp. 


          «TORPE. ¡Estás desaparecida! Llámame»

     Aquello fue lo que me había escrito Niall. Zayn y Liam simplemente me dijeron que los llamara. Harry mostró un poco más de interés.

          «Cuando llegué, te encontré dormida en nuestro sofá y por la mañana habías desaparecido. No coges el teléfono ni contestas a nuestros mensajes»

          «Emma, no hace gracia»

          «EMMA WELLS, CONTÉSTAME AHORA MISMO»


          «Hace sol. Perfecto para SALIR A LA CALLE y PASEAR»


     No me molesté ni siquiera en leer los mensajes de Louis. Se había comportado como un egoísta; un maldito crío de doce años y medio, tal y como dijo cuando fuimos a Coniston.
     Fue media hora después cuando recibí una llamada entrante. No quería contestar. No debía hacerlo.
     — ¿Sí?
     «Mira que eres tonta»
     — Gracias a Dios, Emma— oí resoplar aliviado a Louis al otro lado del teléfono—. Te he llamado durante estos últimos dos días.
     No contesté. Él suspiró.
     — Tenemos que hablar.
     — Louis, yo no tengo nada que hablar contigo— repliqué.
     — Yo contigo sí.
     No quería quedar con él, no quería hablar nada con él, no quería saber nada de él. Estaba enfadada por hacer lo que hizo y, de alguna manera, también estaba enfadada conmigo misma por habérselo permitido. ¿Cómo había podido entrar a trapo con ellos? Maldita sea, ¡era de críos!
     — Vale— acepté.
     «Tonta de remate»
     — ¿Te paso a buscar a tu casa sobre las seis?
     — No, gracias— contesté con desdén—. A las seis en el McDonald’s de Notthing Hill. No llegues tarde, que te conozco.
     Resopló abrumado y esperé una respuesta.
     — Vale, pero...
     — Adiós— le interrumpí.
     Y colgué.
     No sabía si estaba enfadada con él o conmigo misma por haber dejado desaprovechar tantas oportunidades con Harry. Siempre que tuvieron días libres, Harry los pasaba conmigo. Jamás me preguntaba por mi familia si yo no quería contárselo y yo no le preguntaba por los problemas con sus fans si él no quería hablar de ello. ¡Claro que quería a Harry! Es más, estaba enamorada de él. Puede que Louis no tuviera la culpa al fin y al cabo, sino yo por ser tan idiota.
     Siempre era mejor actuar primero y pensar después porque de la otra manera las cosas nunca se hacen. Eso era lo que me había pasado a mí, precisamente.
     Cuando fue la hora, cogí las llaves de casa, me envolví en un abrigo y salí de casa.


     Eran más de las seis y aún no había entrado en Notthing Hill.
     Había caminado con tanta calma que cuando me quise dar cuenta, el tiempo se me había echado encima. Pasé por delante del Banco Santander de Notting Hill Gate y crucé Penbridge Road sin esperar a que se abriera el semáforo. 


     A la altura de la farmacia pude vislumbrar a Louis esperándome con la espalda apoyada en la pared del McDonald's y las manos en los bolsillos. Llevaba unas Vans, unos pantalones negros, una camiseta blanca y un abrigo vaquero, todo acompañado de una gorra y unas gafas de sol. Me dirigí a él muy seria y le saludé con la cabeza.
     Él simplemente me llevó a la Portobello Garden Arcade, una cafetería cercana en el 269 de la Portobello, donde no había más que una señora mayor y una pareja muy adulta. Nos sentamos en una mesa apartada, al fondo del pequeño y acogedor local. Louis se sentó en los cómodos asientos contra la pared y yo en la silla frente a él. Pedimos dos cervezas.
     Cuando nos trajeron las bebidas, se quitó las gafas y pude contemplar claramente que tenía el ojo amoratado. Enarqué una ceja.
     — Eso no lo tenías la otra noche.
     — Harry— respondió dando un sorbo a su botellín—. Hoy lo tengo bastante mejor. Ayer parecía Harry Potter después de un encuentro in extremis con Voldemort.
     ¿Harry le había hecho eso?
     — No quieras saber lo que pasó.
     En aquel momento pensé que el mundo se me venía encima y las cosas se me quedaban grandes.
     — Créeme, estoy ansiosa por saberlo— contesté, no sin poder evitar el sarcasmo.
     — El domingo por la mañana estaba…, psicótico— empezó a explicar—. No le contestabas a los mensajes y estaba preocupado. Después de aquella movida del sábado, te dejó durmiendo en el sofá y a la mañana siguiente no estabas. Desapareciste. No contestabas a nuestras llamadas, no respondías a los mensajes y tu última conexión de WhatsApp se remontaba al año de los Picapiedra.
     De repente se calló.
     — Sigo esperando.
     — Dijo que yo la había cagado— reveló finalmente—. Estaba en un estado de cólera extremo porque había entrado al trapo con aquellos capullos— hizo una mueca y se llevó la mano al ojo amoratado. Yo hice un gesto con la mano—. Me aseguró que la otra noche estaba dispuesto a decirte lo que sentía por ti, pero yo la lié. Y una cosa llevó a la otra.
     — ¿Otra?
     — Pensó que te habías enfadado y no querías saber nada más de nosotros. Especialmente de él. Personalmente creo que aquello fue lo que le mató.
     Entrecerré ligeramente los ojos.
     — Emma— Louis tomó dio un último sorbo a su cerveza—, Harry es un gran tío y lo ha pasado muy mal por todo el tema de Larry. Las fans le han agobiado. Éramos amigos, y ellas fueron más allá— explicó abrumado—. En la época de Factor X, él era el pequeño del grupo y yo el mayor. Tenía la necesidad de cuidarle. Era como al hermano pequeño que nunca tuve. Evidentemente, eso nos ha afectado a los dos de todas las maneras posibles. Hemos tenido que distanciarnos ante las cámaras para que no nos echaran más mierda encima.
     — Me lo imagino— respondí mucho más tranquila y puse especial atención en lo que Louis me estaba diciendo. Sabía que aquella era una introducción, a continuación llegaría el plato fuerte. 
     Me coloqué en la silla.
     — Nuestras fans empezaron a crear historias sobre nuestra hipotética relación, montajes, sacando dramas de donde era imposible de sacarlos...— se interrumpió a sí mismo—. Esta mañana se ha vuelto al dramón de que tú nos estás afectando, que no eres más que un contrato de Modest para ocultar nuestra “relación” y así apartar la atención de nuestra “homosexualidad”— dibujó las comillas en el aire—. Personalmente creo que hay fans que están tan obsesionadas que no son capaces de ver más a allá de nosotros. Aunque ellas no lo crean, eso nos hace daño. Especialmente a mí— resopló con fuerza y se hundió en su asiento—. Estás en el mismo saco que Els.
     — Eh— gruñí—, que esas crías no me metan.
     — El quid de la cuestión es que Harry está enamorado de ti— reveló finalmente—. Maldita sea. En muchas entrevistas ha dicho que no tiene un prototipo de chica. No busca a una chica, simplemente esperaba a la adecuada y tú lo eres. No busca enamorarse porque ni tan siquiera él se veía capaz de ello. Hasta que tú pusiste su mundo patas arriba.
     — ¿Enamorado?— susurré.
     Louis puso su mano sobre la mía y dibujó una media sonrisa.
     La típica sonrisa protectora propia de un hermano mayor.
     — Esto es el típico cliché— murmuró—, pero eres el punto central sobre el que gira todo su mundo. Jamás Harry se ha enamorad y, de alguna manera, tiene miedo. No sabe lo que le deparará en futuro. Esa sensación es nueva para él, por eso no te ha dicho nada.
     El corazón se me disparó y fue cuando todo me dio vueltas. No solo le gustaba a Harry, sino que estaba enamorado —¡enamorado!— de mí.
     Harry estaba enamorado de mí.
     El mismísimo Harry Styles.
     Sentí un fuerte calor en las mejillas y las manos comenzaron a sudarme. ¡Yo ya sabía que Harry sentía algo por mí! Su comportamiento, sus insinuaciones, sus caricias... saltaba a la vista. Pero pasar de una simple atracción a un fuerte enamoramiento..., ¡Dios!
     — ¿Entonces…
     — Por eso se enfadó— afirmó—. De alguna manera, quería decírtelo pero por las circunstancias, no tuvo ocasión. A la mañana siguiente nos lo dijo. Era evidente que le gustabas, pero ninguno pensó jamás que Harry pudiera estar enamorado. Y tenía miedo porque pensó que te había perdido.
     Resoplé aliviada.
     — Y esa es toda la historia— sonrió débilmente—. Perdóname.
     Le cogí de la mano.
     — Estás perdonado solo por esto.
     Sonreí. Louis pagó nuestras consumiciones y nos marchamos. Le había propuesto ir a mi casa a tomarnos otra cerveza pero él había insistido en dar una vuelta. No me pareció buena idea; íbamos solos y no había ningún guardaespaldas que pudiera sacarnos de allí en el caso de que se complicaran las cosas. No era lo mismo que Emma Wells paseara por el centro de Londres a que Louis Tomlinson paseara por el centro de Londres en compañía de Emma Wells. 
     Comenzamos a pasear por Kensington Park Rd. y Portobello Rd., accediendo directamente a Ladbroke Grove, por delante de la hilera de edificios de estilo victoriano.
     No llevábamos caminando más de diez minutos, cuando un grupo de chicas se acercaron a nosotros corriendo.
     — ¡Es el! ¡Es Louis!— gritaron—. ¡Es Louis!
     — Alguien lo habrá twitteado— susurré aterrada.
     — Mierda— siseó él.
     Nos rodearon.
     Mucha gente, muchas chicas, mucha atención y prácticamente no había aire. Había cámaras de móviles por todas partes. Louis me dio la mano, pero aquello no logró tranquilizarme. Estábamos acorralados. A mi alrededor no había más que chicas haciéndome fotos y gritando el nombre de Louis.
     Era un personaje insignificante en medio de un tumulto de gente en el que yo actuaba de manera indirecta. Y nunca mejor dicho.
     — ¡Conmigo, por favor! ¡Louis, una foto!
     ¡Maldita sea, Louis! Le iba a coger del pelo y le daría una vuelta por Londres, por inconsciente. Me aferré con fuerza a su mano.
     Aún no recuerdo cómo, Louis tiró de mí y me sacó de aquel alboroto.
     Salimos corriendo.
     — ¡Lo siento, chicas!— gritó él mientras nuestras piernas corrían cronometradas—. ¡Recordad que os quiero! ¡Sois las mejores fans del mundo!
     — ¡Déjalo ya!— gruñí yo.
     Louis había aparcado en Ladbroke Gardens, una boca-calle de la Ladbroke Grove. Entramos en su vehículo y arrancó.
     — ¿Estás bien?— preguntó alarmado.
     Seguía respirando con dificultad. Comenzó a conducir sin un destino fijo. Yo simplemente me apoyé en el reposacabezas, abracé el bolso y cerré los ojos. Respiré tranquila. Estábamos solos y a salvo.
     — ¿Te llevo a un hospital?— preguntó de sopetón—. Estás muy pálida.
     — No suelo vivir este tipo de cosas a menudo— contesté con los ojos cerrados—, por lo que no estoy acostumbrada. Dame un minuto para que me recupere. Igualmente, tenéis todos una extraña manía por eso de acudir de inmediato a un hospital.
     Louis me miró más serio de lo que esperaba.
     — Toma— me ofreció una botella de agua—. Bebe.
     Cumplí órdenes.
     — ¿Cómo podéis soportarlo?— pregunté después de que mi respiración se acompasara y di otro sorbito de agua. Estaba fresca—. Una cosa es la atención mediática, otra muy diferente es…— intenté buscar la palabra adecuada—, eso.
     Resopló abrumado.
     — Son unas crías irrespetuosas y maleducadas— dije al cabo de un rato. Louis parecía sorprendido—. No me mires así, sabes que tengo razón. No critico que os tengan como ídolos, porque dado el panorama musical actual es de lo más natural. Critico que las fans no os dejen salir a la calle en paz. No podéis tomar una cerveza tranquilos ni ir al cine a las seis de la tarde porque corréis el riesgo de que os acorralen en cualquier parte.
     — Emma…— exhaló.
     — Ni Emma, ni nada— le interrumpí—. Maldita sea, Louis. Han pasado nueve meses desde que nos conocemos. Vuestras fans no saben respetar vuestras amistades, vuestra intimidad y mucho menos vuestras relaciones. Ni me respetan a mí, ni respetan a Perrie ni tampoco a Els. No saben nada de vuestras vidas y parece que intentan tomar las decisiones por vosotros. ¿Cuándo vais a hacer una entrevista en la que digáis lo que pensáis sobre todo esto?— no dijo nada—. Ellas quieren que el grupo siga vivo sin saber que son las propias fans las que terminarán acabando con él con todos los dramas y todo lo que ellas mismas han creado.
     — Es cierto— admitió—. Hacen una montaña de un grano de arena, ¿pero qué podemos hacer? Ellas son las que nos mantienen con vida.
     — Y como sigan así, serán ellas las que os la quiten— repuse de nuevo—. Todo tiene un límite y ellas lo han sobrepasado. No digo que no puedan acercarse cuando te vean, pero es que ellas parece que quieren violarte sobre un coche en lugar de darte un abrazo. ¡Seamos realistas! Te quitan todo el espacio vital.
     — Es una rutina— se encogió de hombros—. No habríamos llegado a ninguna parte sin ellas. Aunque no lo creas, yo sigo saliendo a tomar algo o a dar una vuelta sin que me acosen los paparazzi. Solo tengo que ser un poco más hábil que antes en ese aspecto. Si quiero ir a algún sitio, simplemente lo hago sin darle muchas vueltas.
     Solté una risa sarcástica. «Los paparazzi no, pero las fans sí»
     — No me digas— contesté con ironía—. ¿Dónde está Preston?
     Louis tomó la Clare Court. Apoyó el codo derecho en la ventanilla y descanso la barbilla sobre su mano. Conducía con la izquierda.
     — No eres la más indicada para hablar— replicó—. ¿Y Mick?
     Arrugué los labios y no contesté.
     Giré la cabeza para ver si había alguna rezagada que nos perseguía. Por suerte estaba todo en su sitio. Louis me llevó hasta mi apartamento y aparcó en doble fila.
     — Vente mañana a cenar a casa— dijo de sopetón—. Van a venir Perrie, una de las hermanas de Liam, el hermano de Niall y posiblemente nuestros representantes de gira. Els sigue estudiando y no hay quien la haga salir de casa. Espero que termine pronto.
     — Paul y...— ¿quién era el otro representante?
     — Simon— añadió Louis—. Simon Evans. Una cena de amigos. Cocinaremos nosotros.
     — Querrás decir que cocinará Niall.
     Soltó una risotada.
     — Tiene unas dotes culinarias innatas, te lo aseguro— dijo con una sonrisa—. Además— añadió con una media sonrisa—, podrías hablar con Harry. Ya es hora. Entre tú y él me estáis poniendo la cabeza como un bombo.
     — Vale, pero que sepas que solo voy por la comida de Niall.
     — Y la que Harry tiene entre las piernas...— empezó a decir riendo.
     — Por la de Niall— le interrumpí—. ¡No digas guarradas! Mantén tus formas, cochino— le golpeé en el hombro y soltó una carcajada.
     Nos despedimos con un beso en la mejilla y subí a casa. Me lancé sobre el sofá con el corazón latiendo más apacible. Estaba mucho más tranquila y fue como si me hubieran quitado varios kilos de encima. Encendí el equipo de música y empezó a sonar Another World, inundando el ático con las voces de cinco ángeles rebotando en todas y cada una de las paredes.
     Al día siguiente iría a casa de los chicos, hablaría con Harry. Por fin podría estar con el chico al que más quería por aquel entonces. Lo que no sabía es que allí iba a encontrarme con una de las personas que más me aterraba en aquellos instantes.

     La única persona a la que, quince años atrás, pedí no volver a ver.
     Nunca más.

5 comentarios:

  1. Te amo. O sea, lo del tema Larry Dios mío. Eres una Diosa. Te mando miles de abrazos psicológicos desde mi habitación en la que estoy leyendo como loca tu novela! Me encanta, tía. Eres increíble y la novela es igual de increíble que tú! <3

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    1. JAJAJAJAJAJAJA, dios eres un amor.
      Muchísimas gracias cielo <3

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  2. Solo tú eres capaz de meter un tema 'Larry' en tu novela, y no precisamente para apoyarlo. Olé tus cojones, tía.
    Me levanto y te aplaudo.

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  3. Dios mío de mi vida. No sabes lo que daría yo por despertarme a su lado.

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