sábado, 6 de julio de 2013

Capítulo 11 | Last First Kiss


Miércoles, 13 de noviembre


     Era más de la una de la tarde y yo aún seguía en la cama.
     No había podido dormir pensando en él.
     Harry Styles, una súper estrella mundial, la debilidad de millones de chicas, el chico más hot del momento. Emma Wells, periodista, hija de un importante productor y una significativa empresaria textil; hermana de actores y modelos; nadie importante, al fin y al cabo. Lo mejor de todo era que aquello no importaba. A Harry no le importaba en absoluto. Le daba igual mi familia, mi fortuna y mis antiguas relaciones.
     Le daba igual todo.
     Entre Harry y yo había algo. Siempre lo había habido, pero jamás había pensado que él pudiera enamorarse. No al menos en el sentido literal de aquella fuerte y dulce palabra.
     Harry me gustaba de verdad y no quería volver a cagarla.



     Después de comer, llegó a casa mi estilista.
     Tuve que explicarle la situación y ella escogió con mucha delicadeza mi ropa. Finalmente se decanté por unos pitillo de color oscuro, una camiseta de tirantes de lentejuelas gris perla y una cartera gris de piel haciendo juego con unos salones con tacón de aguja. Me recogió el pelo en una trenza de espiga y la dejó caer sobre mi hombro derecho. Poco maquillaje y voilá. El espejo reflejaba a una joven preciosa con una sonrisa sincera dibujada en el rostro.
     Nunca antes me había sentido tan viva.
     Me puse una americana de color negro y un abrigo corto gris.
     — Estás preciosa— me dijo—. Sonríe y haz a Styes tuyo. 
     Me despedí de ella y llamé a Mick para que viniera a casa a buscarme. El coche estuvo en silencio hasta que llegué a la Exhibition Rd.
     Creo que solo se podían escuchar los latidos de mi corazón.


     Esperaba impaciente en la puerta de su casa.
     Fue Zayn el que me abrió con una sonrisa de oreja a oreja. Llevaba unos vaqueros negros y una camiseta de color blanco. Me dio dos besos y saludé a Perrie. Me presentaron a Ruth y Greg, los hermanos mayores de Liam y Niall respectivamente. Busqué a Harry por toda la estancia pero no logré encontrarle. Miré a Louis y se acercó a mí.
     — Ha salido— se limitó a contestar.
     — ¿Vendrá?
     — Tranquila. Vendrá.
     Perrie y yo nos sentamos juntas en el sofá mientras los chicos hacían la cena. Ella llevaba un precioso vestido corto con unas medias oscuras y unas botas militares altas. Una combinación extraña en cualquiera otra persona, pero que ella lucía con elegancia.
     — Curioso, ¿verdad?— dijo de repente, mirando a los chicos poner la mesa—. No quieren que los den las cosas hechas. Prefieren hacerlas ellos mismos. Según Zayn, eso los recuerda que, por mucha fama que tengan, siempre serán chicos normales— sonrió cuando él puso una ensalada sobre la mesa.
     — ¿Sabes algo de Sophia?
     — Liam dice que no quería venir y, sinceramente, no me extraña. Las fans están machacándola de una manera brutal— intervino Ruth y cogió el móvil de su hermano de la mesa del salón.
     Lo desbloqueó y entró en el twitter de Liam. Perrie se rió e imitó a Ruth. Yo no conocía la contraseña de ninguno de ellos, hasta que recordé que Niall dijo en una ocasión que su contraseña era la fecha de fundación de su equipo.
     Cogí el móvil de Niall.
     — El Derby County se fundó en 1884— pregunté—, ¿verdad? Estoy casi segura de que sí.
     — No tengo ni la más remota idea— contestó Perrie, twitteando desde el móvil de Zayn.
     No me sorprendí a mí misma cuando conseguí entrar en su móvil. Accedí a la cuenta de Niall de twitter y  simplemente twitteé:

          «FOLLOW SPREE»

     — ¡Niall ha dicho follow spree!— gritó Ruth emocionada, alzando el móvil de su hermano al aire.
     Seguí a más de cien fans que pedían un follow de Niall con desesperación y tuve que aguantar la risa por la confusión extrema en la que las pobres se encontraban. Niall, Liam y —por raro que pareciera— Zayn estaban haciendo un follow spree. Paul nos miraba con una sonrisa en el rostro, como un padre miraría a sus hijas.
     — Chicas, chicas— exclamó Ruth—. Selfie para Liam. Poned cara de memas— cumplimos ordenes y ella subió la foto.
     — Las fans nos van a odiar de por vida— rió Perrie.
     — Y muchas de ellas se han llevado un follow de los chicos gracias a nosotras, así que más les vale dejarse de tonterías— gruñí por lo bajo.
     — ¡Eh!— gruñó Niall—. Dame eso— me arrebató su móvil—. ¿Qué mierdas estás haciendo?
     — Seguir a tus fans— repliqué—. Cosa que tú no haces.
     — ¿Novedades?— preguntó de repente un hombre que había salido del baño. Me giré para mirarle entre risas cuando se me tensaron todos los músculos. Me bloqueé. Éste se acercó para saludarme—. Simon Evans, representante de gira de los chicos— me tendió la mano sonriendo.
     Me quedé en el sofá sentada. Mi cuerpo no respondía, no era capaz de ponerme de pie. Reuní todo el valor del mundo y, tras levantarme, le di la mano. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Un escalofrío de miedo y terror que albergaba un pasado horrible.
     El rescoldo de cientos de lágrimas y noches en vela.
     — Emma— intenté sonreír pero fui incapaz. No quise decirle mi apellido.
     — Bonitos ojos— dijo soltándome la mano y posando su mirada sobre la mía—, me recuerdas a... ¿Nos hemos visto antes?— preguntó rascándose la barbilla pensativo.
     — Yo no le conocía hasta hoy— respondí.
     — Te estaré confundiendo con alguien— declaró indiferente mientras se pasaba la mano derecha por su cabeza completamente rapada.
     Evidentemente, mentí.
     Jamás podría olvidarle.
     Aquellos misteriosos y grandes ojos negros, aquella voz profunda, aquellos brazos. Fue la última persona que vi antes de que mi padre casi muriera. Jamás podría olvidarle. Tenía ocho años, pero el odio que sentía por ese hombre seguía intacto.
     — ¡Traed esto, malditas gamberras!— vociferó Liam, quitándole su móvil a su hermana y el de Zayn a Perrie—. Demasiadas barbaridades por hoy.
     — ¡Eh!— gritó ella—. Ésta no te la perdono, Payne. Ya hablaré seriamente con Sophia sobre tu comportamiento.
     — Hazlo y te corto el pelo— amenazó cómicamente.
     Ella entrecerró los ojos.
     — No eres capaz.
     — Ponme a prueba.
     De repente sonó la puerta de entrada y Harry asomó la cabeza. No se dio cuenta de que yo estaba allí hasta que cruzó el salón para saludar a Paul. Su primera reacción fue quedarse congelado, seguidamente bajó la cabeza y subió las escaleras hacia su dormitorio. Se me tensó el cuerpo —no sé si fue por Simon o la reacción de Harry— y me dejé caer sobre el sofá. Louis se inclinó sobre mí por detrás.
     — Sube— me ordenó.
     Cumplí órdenes. Subí las escaleras y llamé tres veces a la puerta de Harry. Al cabo de unos segundos salió de su habitación con una camisa a cuadros desabrochada por el pecho, sus vaqueros oscuros y aquellos horribles botines. No se inmutó al verme.
     — Tenemos que hablar— le dije de inmediato.
     — ¿Qué estás haciendo aquí?— se limitó a contestar.
     — Louis me invitó— respondí—. Quedé con él la otra tarde y…
     Harry bufó.
     — Louis— era evidente que seguía enfadado con él.
     Cerré los ojos, alcé la mano y le acaricié el rostro. Introduje la mano bajo sus largos rizos y sonreí. Harry se tensó y, finalmente, sonrió. Fue cuando por fin se dio cuenta de que yo no estaba enfadada y que, además, quería más. Mucho más. 
     — Quería hablar contigo.
     Se deshizo de mi mano, enlazo sus dedos con los míos y me besó los nudillos.
     — Vale— susurró—. Después de cenar.
     Bajamos justo en el momento que los chicos llamaron para cenar. Harry se sentó a mi derecha, Niall a mi izquierda y aquel hombre al que tanto aborrecía frente a mí, junto a Paul.


     La cena transcurrió sin novedades, excepto por el hecho de que Simon me miraba con desconfianza y curiosidad. Su mirada hacía que una sensación extraña de nerviosismo me recorriera el cuerpo entero. Por suerte, tener a Harry a mi lado me tranquilizaba.
     Las bromas corrían de un lado a otro de la mesa: desde Louis a Zayn, y de Zayn a Liam. Las risas eran ensordecedoras. La mayor parte de ellas venían de Niall y Louis.
     Hubo un momento en el que me preguntaron por mi familia. Expliqué que todos ellos estaban viviendo en España y, con el corazón en la mano, tuve que contar que mi padre era Arthur Wells. No era porque no lo supieran, sino porque no quería que Simon tuviera la ocasión de relamerse delante de mí.
     Cuando lo confesé, dibujó una sonrisa.
     Después de tomar el postre —tarta de limón y nata—, fue Liam el que se levantó de la mesa y nos miró uno por uno, divertido.
     — Los chicos y yo hemos pensado en cantaros en primicia un nuevo single de Midnight Memories— dijo—. Por cierto— añadió y me miró—, gracias por el nombre, Em.
     — Ya me lo contó Niall hace algunos meses— sonreí.
     — Cuando dije que Midnight Memories era un nombre fabuloso para un álbum de estudio, lo decía porque, efectivamente, era fabuloso para un álbum de estudio— se levantó y me revolvió el pelo—. Al final vas a resultar más inteligente de lo que yo mismo había pensado.
     — ¿Inteligente?— Louis enarcó una ceja—. ¿Inteligente quién?
     Niall se empezó a reír.
     — Actualmente tenemos un contrato de exclusividad con Sony Music y según ello, la canción está valorada en un puñado de millones de libras— explicó Zayn, mirando a Perrie—. Millones de fans lo están esperando ansiosas y hasta dentro de dos semanas no se va a estrenar a nivel mundial.
     Louis sonrió.
     — Sentiros afortunados— añadió.
     De repente, me empezó a sonar el móvil.
     — Lo siento— me disculpé.
     Miré la pantalla y resoplé exasperada.
     — ¿Qué mierdas queréis?— contesté en un susurro, levantándome de la mesa.
     — Por fin te has dignado a coger el maldito teléfono. Llevas casi un año allí y no tienes nada de lo que te queremos.
     — Os he enviado una decena de trabajos.
     — Tenemos un contrato, Emma.
     — No. No lo tenemos— negué con la cabeza—. El contrato expiró el mes pasado. Había una cláusula que decía que el contrato caducaba a los nueve meses de su firma si alguna de las partes no pedía renovarlo y yo no lo he hecho. Yo ya no trabajo para vosotros.
     Colgué.
     — Es una exclusiva mundial— comentó Simon respecto a la decisión de los chicos en cantarnos en primicia la canción—. No sé si...
     — Estamos en confianza— respondió Paul con una sonrisa.
     Harry me lanzó una mirada de lo más dulce y sonrió. Se pasó la mano por el pelo y se humedeció el labio. Me estaba provocando.
     — No estés tan seguro— comentó por última vez Simon atravesándome con la mirada y desnudando mi inocencia. Por suerte, los chicos lo ignoraron y fueron al piano de cola, donde Louis se sentó y comenzó a tocar las teclas con total delicadeza, cerrando los ojos y disfrutando de aquella melodía.
     Empezó a cantar la profunda voz de Liam, continuó la voz ronca de Harry y siguieron los cinco al unísono. Y de nuevo la adorable voz de Niall con su peculiar acento irlandés, la gangosa de Louis y la aguda de Zayn para terminar con una perfecta armonía de diferentes voces que combinaban y encajaban a la perfección. Una magnífica obra de arte digna de escuchar.
     Por separado eran solistas con voces increíbles y talento a rebosar. Juntos eran One Direction con una combinación de sonidos absolutamente perfectos.
     Harry no había dejado de mirarme desde que empezaron a cantar. Estaba en el bote.


     Eran más de las doce cuando me despedí de todos, incluso de Simon, que me dio un apretón de manos y me dirigió una última mirada satisfecha.
     Tramaba algo.
     Iba a salir cuando escuché a Harry coger las llaves del coche y agarrarme por la cintura.
     — ¡Ahora vengo, chicos!— se despidió de todos con la mano en alto y me dejó salir.
     — ¿Qué estás haciendo?— pregunté cuando cerró la puerta.
     — Llevarte a casa. ¿Pretendes irte sola, andando y a estas horas? ¿Pensabas que lo iba a permitir?— preguntó descarado—. Después de tanto tiempo, pensé que ya me conocías—. Además, teníamos que hablar, ¿verdad?
     — Ésta es la excusa más original que me ha puesto un hombre para pasar más tiempo conmigo— comenté tratando de poner su misma entonación al recordar aquella frase similar que me respondió cuando le pedí que me acompañara a comprar los electrodomésticos—. Eres toda una caja de sorpresas, Styles.
     — Ya te lo dije— respondió orgulloso. Se volvió a pasar la mano por el pelo.
     Bajamos al garaje, donde montamos en su Land Rover y tomamos dirección a mi apartamento.


     El trayecto fue más incómodo de lo que ambos esperábamos. Los dos queríamos hablar y confesar todo lo que sentíamos, pero nos quedamos en silencio. Nos mirábamos de soslayo, sonriendo tímidamente pero sin decir nada, aunque tampoco hacía falta.
     Nunca un silencio había significado tanto.
     Llegamos a la puerta de mi edificio y Harry apagó el motor.
     — Bueno…, ya hemos llegado— anunció suspirando.
     — Ya hemos llegado— repetí con la cabeza gacha.
     — Toma— me tendió un USB de color azul—. En él está la maqueta de la canción. La grabamos ayer y Simon me ha dado permiso para que la escuches, pero ten cuidado. Tenemos un contrato con...
     — Sony Music— le interrumpí—. Lo he escuchado.
     — Ese USB, con esa canción dentro, vale millones.
     Sonreí.
     «Vamos, Emma. Ahora o nunca» me dije a mí misma.
     — Harry…— volví la cabeza para mirarle.
     Una chispa de esperanza se encendió en sus ojos verdes. Inesperadamente se abalanzó sobre mí. Poso sus carnosos labios sobre los míos.
     En el coche sonaba Wings de Birdy.
     Apoyé mi mano izquierda sobre el lateral del asiento y colé la derecha entre sus rizos. Unos rizos suaves y sedosos. Una sensación tan agradable como cuando ríes hasta las lágrimas por una absurdez totalmente irracional o como la suavidad fría de las sábanas de algodón cuando se deslizan por la piel. Sensaciones complacientes y seductoras. Como el ruido seco de las hojas de otoño cuando son pisadas o las caricias insinuantes en el cuello.
     Harry me sujetó la cabeza con una de sus grandes manos y su largos dedos se movieron a través de mi cuello trazando círculos, causándome una sensación exquisita. Sentir su piel sobre la mía, jugando de tal modo conmigo era delicioso.
     Tenía ganas de él, lo quería y no quería dejarlo escapar. Se liberó de mis labios unos segundos. Tenía la respiración acelerada y los ojos cerrados. Sus manos quemaban como el fuego.
     — Emma— susurró. Sus labios rozaron los míos y su aliento me acarició el cuello—, yo…, te quiero. Llevaba meses intentando…
     Le besé de nuevo, haciéndole callar. 
     Despacio.
     Muy despacio.
     Su boca sabía a vino blanco, salsa de limón, chocolate y deseo. Especialmente aquello último. El amor que sentía por aquel muchacho era infinito y las ganas de aquel momento inmensas. Tiré de sus rizos con fuerza y lo atraje hacia mí. Sus brazos me rodearon con fuerza, como si quisiera disipar el aire que nos separaba. Nos exploramos el uno al otro y nos saciamos hasta que terminó la canción.
     Harry se sentó correctamente en su sitio, colocándose los rizos que yo misma había alborotado.
     — Bonita canción— dijo con una sonrisa—. ¿Quedamos mañana?
     — Tengo una entrevista para The Sun— susurré, aferrándome con fuerza a su mano, dibujando el camino de sus venas con mis dedos. Él envolvió la mía entre la suya y sonrió con la cabeza gacha—. ¿Quedamos el viernes?
     — Te veo el viernes, nena.
     Nos despedimos con un último beso en los labios y bajé del coche con la mirada de Harry puesta sobre mí. Por fin iba a ser feliz. Sin preocupaciones ni problemas. Por fin iba a acabar la sensación de intranquilidad, nerviosismo, angustia y ansiedad. Aquello iba a ser un nuevo comienzo.

     Lo que yo no sabía es que aquel iba a ser el primer y el último beso.


6 comentarios:

  1. "Harry no dejó de mirarme y sonreírme. Estaba en el bote." ASDFKLAÑDFJALDF MIS FEELINGS.

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  2. POR FIN, POR FIN, POR FIN.
    BESO HEMMA, BESO HEMMA, BESO HEMMA.
    AAAAAAAAAAAAAAAAAAAH.
    Quiero ser ella.

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  3. Harry.
    Emma.
    Hemma.
    Beso.
    I can't with my life.

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  4. ¿Soy el único que se preocupa más por la frase con la que termina el capítulo de 'mi pesadilla no había hecho más que empezar' más que el beso Hemma?
    Vale, es cierto que el beso ha sido fjdsklfjñadsfa, pero esa última frase me da mucho miedo.

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