lunes, 8 de julio de 2013

Capítulo 12 | Little White Lies


Viernes, 15 de noviembre

     Eran las diez y cuarto de la mañana. Permanecía en la cama con la funda nórdica hasta el cuello y con los brazos por fuera sujetando el móvil. 
     Solo podía pensar en Harry.
     Como mi madre diría: «La verdadera felicidad está en lo que tú consideras estable y perseguir lo que a ti te hace feliz». Definitivamente Harry me daba estabilidad e iba a hacer todo lo posible por llegar a lo que ella consideraba «verdadera felicidad». Todo comenzó a tener sentido.
     Sin darme cuenta de ello.
     Cuando tienes once o doce años, consejos como aquellos no eran más que teoría inútil que no tenía ningún fundamento en el panorama psicológico de una cría. Por aquel entonces, cuando tienes veintidós y estás enamorada, todo encaja a la perfección. Como las piezas de un tetris que forman un bloque perfecto.
     Tenía puesta a Birdy de fondo.
     Sujeté el iPhone con firmeza y le escribí un mensaje.

          «Estado sentimental: escuchando Wings»

     Simple pero efectivo, como habría dicho él mismo.
     Su respuesta no tardó en llegar.

          «Estado emocional: viendo tus fotos de Instagram»

     Sonreí.
     Lo bloqueé y me puse las manos sobre el estómago con el objetivo de calmar a todas las mariposas que bailoteaban emocionadas. Solo habían pasado dos días y quería volver a ver a Harry lo antes posible.
     El día anterior había ido a la sede de The Sun, en Thomas More Square. Hice la entrevista de trabajo con una seguridad diferente a la que tenía cuando realicé la de GQ y me aseguraron que me llamarían. De la misma manera, papá también había mandado un fax recomendándome. Aún no lograba explicarme cómo había sido capaz de enterarse para haberlo hecho. 
     Había hecho la cuenta atrás hasta el día que el contrato de exclusividad con GQ expirara. Una vez libre de cargos y responsabilidades, había tomado aquella decisión. Y hasta entonces había sido de las más convincentes que había tomado.
     Mi vida iba sobre ruedas y por fin trabajaría en algo que me gustaba: periodista profesional en un periódico de verdad. ¿Quién sabe? Incluso podría ser presentadora de informativos en un futuro.
     Me puse lo primero que encontré en el armario. Salí a comprar la prensa diaria y algo de comida a Shaw’s, un pequeño supermercado a cinco minutos de mi apartamento.


     De vuelta a casa, un puñado de medios estaban congregados en la puerta de mi edificio.
     — ¡Emma, por favor!— gritó una reportera—. ¿Son ciertos los rumores que se han filtrado?
     — ¿Qué han dicho los chicos respecto a la filtración?— preguntó otro—. ¿Has hablado con los directores de Sony Music?
     — ¿Qué?— no entendía nada.
     — ¿Has hablado con Harry Styles?— gritó otro—. ¿Qué piensa él sobre todo esto?
     — ¡Emma! ¡Emma, por favor!— gritó un paparazzi—. Mira a la cámara.
     Me abrí como pude entre todos los medios con la ayuda del conserje que actuó a modo de guardaespaldas y logré entrar en casa. Tiré la prensa sobre la mesita del salón, intentando ignorar lo que había pasado ahí fuera. Puse la radio en la cocina y comencé a colocar toda la compra que había hecho en los armarios, cuando una noticia llamó por mi atención.
     Entonces todo encajó.

          «Emma Wells asegura que la boy-band británica One Direction ha consumido sustancias nocivas y estimulantes a lo largo de sus tres años de carrera musical. Según la noticia que habría mandado por correo a la sede en Madrid de Wells Records, que a su vez envió a la revista Diez Minutos, Emma podría haberlo visto en un par de ocasiones» 

     Cambié de emisora.

          «Emma Wells ha filtrado el nuevo single del grupo One Direction, cuyo estreno no iba a tener lugar hasta dentro de dos semanas y que poseía un contrato de exclusividad multimillonario con Sony Music. Además, ha afirmado que One Direction ha sido, y continua siendo, esclavo de drogas estimulantes tales como…»

     Apagué la radio.
     Corrí hacia la mesa y miré todas las portadas de los periódicos: The Times, The Guardian y The Daily Mirror, y todas tenían en común un titular del tipo: «Se filtra el nuevo single de One Direction y se calculan grandes pérdidas económicas para el grupo», «Emma Wells cuenta la verdad sobre One Direction» y «Emma Wells: ¿vengadora o calumniadora?».
     Me tumbé en el sofá a leer todos los artículos que hablaban del problema. Cerré el último periódico que había sostenido entre mis manos, lo doblé y lo volví a dejar sobre la mesa, junto con los otros dos.
Entrecerré los ojos y miré un punto fijo, como si en él estuviera la respuesta a la pregunta que tanto yo, como medio planeta debía estar formulándose. ¿Por qué salía mi nombre en todas las portadas? ¡Yo no había hecho nada! Maldita sea, durante aquellos dos días no había tenido tiempo ni de respirar.
     ¿One Direction consumía drogas? ¡Aquello era mentira! Yo no sabía nada sobre aquello.
     El cuerpo me temblaba y tenía un fuerte nudo en el pecho. Estaba angustiada. Se me había nublado la vista y me costaba hasta respirar.
     — ¿Qué mierdas ha pasado?— me pregunté en un susurro.


     Mamá me trajo un vaso de leche caliente a la cama, como en los viejos tiempos. Sin café ni azúcar: leche blanca. Apreté mis manos contra la cerámica. El calor de la leche me traspasó el pellejo y me calentó el cuerpo. Se metió conmigo en la cama y me abrazó por detrás. Pude sentir el calor de sus brazos rodeándome la espalda y el bienestar de su cuerpo ofreciéndome cariño.
     — Mami…— susurré.
     — Shhh— me acarició el pelo—. No pasa nada, pequeña. No pasa nada.
     — Mamá— murmuré—, yo no he hecho nada.
     Ella me apartó y sonrió dulcemente.
     — Lo sé, cielo— me acarició el rostro con sus dedos—. Sé que tú no fuiste. A veces la venganza es capaz de cegarnos hasta el punto de olvidar los motivos que la impulsaron.
     — ¿Crees que fue…
     — Fue él— asintió—. Estoy segura.
     Sonó mi móvil y abrí los ojos despacio, como si tuviera los párpados pegados con pegamento y fuera incapaz de separarlos. No me había dado cuenta de lo cansada que estaba hasta aquel momento. Era Harry con un tono de voz muy serio.
     — Te paso a buscar a tu casa a las cinco— dijo—. Ha habido un problema y Simon quiere que vengas. Ya sabes de lo que estoy hablando.
     Y colgó.
     El miedo se acaparó de mí. Tuve que ir al baño a echarme agua fría sobre la cara para sosegarme y me miré al espejo. «Tranquila, Emma. Tú no has hecho nada malo, no hay de qué preocuparse. Tranquilízate, maldita sea» me repetía a mí misma una y otra vez.
     Abrí el armario y tras ponerme unos pitillo, unas botas y un jersey de punto, cogí el abrigo y salí del edificio por la puerta trasera, donde Harry ya me estaba esperando en un Porsche. Monté en el coche y esperé un beso, una sonrisa o una mirada de complicidad que no llegó. Lo único que podía escuchar era un irritante y temeroso silencio.


     — Yo no he sido— afirmé cuando íbamos por Upper Thames St.
     — ¿Cómo?— preguntó extrañado y enarcó una ceja.
     — Harry, yo no he filtrado la canción. Te lo prometo— le aseguré—. Tampoco he creado ese estúpido rumor de las drogas y a saber qué mierdas. Te prometo que ni tan siquiera he tenido tiempo de escuchar la maqueta— continué—. Tienes que creerme. Por favor— terminé por susurrar.
     — Ya se que no has sido tú, Emma. Confío en ti y lo sabes— afirmó—. Quiero que se resuelva todo. Ha pasado algo que ni tan siquiera yo me logro explicar y solo quiero que se resuelva. Quiero que podamos estar bien…, los dos— murmuró sin mirarme y apartó la mirada de la carretera para mirar mis manos—. Juntos.
     Cerré los ojos y sentí el alivio recorrer lentamente mis venas. Si Harry confiaba en mí, los demás también lo hacían. Por lo tanto, no debía preocuparme. Abrí los ojos y le golpeé con fuerza con mi bolso. Él se encogió contra la ventanilla entre sorprendido y asustado.
     — ¿Se puede saber qué haces?— exclamó.
     — ¡No se te ocurra volver a llamarme con esa maldita voz como si se hubiera muerto tu hámster!— le golpeé de nuevo—. No sabes el miedo que he pasado.
     — ¿Hámster?— intentó detenerme—. Emma, basta. Yo jamás he tenido un hámster.
     — Ni saludas ni preguntas qué tal— continué recriminándole—. ¡Dios, Harry! ¡No se te ocurra volver a hacerlo! Te juro por lo que más quieras que la próxima vez te cortaré las orejas y las tiraré al Támesis. ¡Te lo aseguro!
     Me incorporé y miré al frente. Dibujó una sonrisa ladeada y puso la música en el coche. Empezó a sonar Wings. Tragué saliva, abracé mi bolso y miré por la ventanilla, clavando la vista en ninguna parte. Si creía que por ponerme aquella canción todo se arreglaría, estaba muy equivocado.
     O tal vez no tanto.
     — ¿Ya se te ha pasado?— preguntó. No le contesté—. En ocasiones eres como una cría de diez años.
     — Siempre he sido la hija de papá— me defendí sin mirarle—. Es lo que hay. Siento si no te gusta.
     — No digas eso— dijo en voz baja y subió el volumen—. Tal vez— continuó—, esa es una de las cosas que más me gustan de ti.
     Tragué saliva y me obligué a continuar ignorándole. Al menos durante un par de minutos más.
     Un semáforo se puso en rojo cerca de Trafalgar Way y paramos. Inesperadamente, Harry me giró la cabeza con la mano derecha para mirarle a los ojos y me dio un delicado y sutil beso en los labios.
     Un beso que no cargaba absolutamente nada. Más que un beso de amor, fue un beso tranquilizador. 
     — ¿Mejor?— murmuró sujetándome la barbilla.
     — Mejor— susurré.
     Volvió a poner ambas manos firmes en el volante y me miró de soslayo con una sonrisa de las suyas.
     Aquel era el Harry de siempre.


     Detuvo el coche frente a un desmesurado edificio recubierto con brillantes cristales donde había cientos de periodistas y paparazzi en la puerta principal del inmueble, que tomaron posiciones al vernos llegar.
     —Yo no puedo pasar por ahí— murmuré—. Esta mañana las he pasado canutas para subir a casa. No puedo pasar por delante de toda esa gente.
     — Es el estudio de Sony Music. Nuestros representantes y los chicos están ahí dentro. No podemos entrar por otro lado. Preston, Jag, Mike y demás están fuera. Ellos nos escoltarán hasta la puerta principal, ¿entendido?
     Miré por la ventana y solo de ver a tanta gente y tan poco espacio, empecé a respirar más rápido de lo que me hubiera gustado. Me dolía el pecho.
     — Eh, Emma.
     Miré a Harry asustada y su dulce y profunda mirada verde esmeralda me tranquilizó. Escasamente, pero suficiente.
     — Estás conmigo. Tú dame la mano y sígueme. No pasará nada. Confía en mí.
     Todo fue muy rápido. Harry bajó del coche corriendo con Preston y Jag encima, abrió mi puerta y me tendió la mano. Mike y cinco o seis guardaespaldas más a los que yo no conocía aparecieron de la nada para rodearnos. Cientos de cámaras se abalanzaron sobre nosotros preguntando por la maqueta, por las pérdidas económicas de los chicos y el rumor relacionado con las drogas. Apreté la mano a Harry. Visto y no visto, estábamos dentro del edificio. Ellos estaban fuera y nosotros adentro. Ya había pasado la primera prueba. 
     Ahora me faltaba la más importante y la que más me aterraba: enfrentarme a Simon.


     Harry y Louis estaban cada uno a mi lado. Frente a mí, en otro sofá, estaban Zayn y Perrie, Liam y Ruth y Niall y Greg. Simon caminaba de un lado a otro de la habitación rascándose la barbilla y respirando hondo en un intento por contener su enfado. Les había explicado que yo no había podido ser, ofreciendo mis razones, y los chicos me defendieron.
     — Esto es lo que ha ocurrido— empezó a decir Simon de nuevo por decimocuarta vez—: alguien ha enviado un falso rumor y la maqueta de la canción a Wells Records. Ellos difundieron la canción y reenviaron el rumor a la Diez Minutos. Más esquematizado imposible— se le dilataron las venas de las sienes. Apreté la mano de Harry con fuerza—. No sé lo que pensáis, pero yo no he hecho absolutamente nada. Contadme vosotros.
     — Ha podido ser una fan— propuso Louis, encogiéndose de hombros.
     — No es la primera vez que una fan se ha metido por los conductos de ventilación— comentó Niall echándose a reír. Harry y Zayn intentaron oprimir la risa, cosa que lo enfureció aún más—. Se coló en el ordenador de Em y voilá.
     — Chicos— los reprendió Paul—, basta.
     Como si del mismísimo Dios se tratara, todos guardaron silencio. Era evidente que el respeto que le tenían a Simon no tenía punto en comparación con el que le tenían a Paul.
     Paul era su padre postizo.
     — Teníamos concertadas más de veinte entrevistas en directo, siete artículos para la prensa mundial, más de diez sesiones de fotos y casi treinta y dos conciertos por todo el país...— empezó a decir Richard Griffith—. Sin contar con los demás actos de presentación, por supuesto.
     — ¡Las pérdidas han sido cuantiosas! ¡Estamos hablando de millones de libras!— vociferó Simon de nuevo. Posó su mirada sobre mí y sonrió victoriosamente—. ¿Estabais seguros de que estábamos en confianza? Vosotros la defendéis diciendo que ella no ha podido ser, pero no me fío un pelo. Los Wells son una familia de gente retorcida.
     — ¡Es de mi familia de quien estás hablando!— vociferé y Harry tuvo que sujetarme por las caderas para no hacer ninguna locura—. ¡No quiero que hables mal de ellos delante de mí, hijo de...
     — Tranquila, Em— susurró Harry—. Tranquila.
     A pesar de todo, se me congeló la sangre a una temperatura brutal. Me temblaban las manos.
     — Emma tenía una copia de la maqueta— dijo Simon—. ¿No es así?
     — Sí..., bueno— Harry balbuceó—, pero ella no ha sido.
     — No los has contado nada, ¿verdad?— sonrió socarrón, lanzándome una mirada de desprecio.
     — ¿Contarnos qué?— preguntó Niall más serio de lo habitual y levantándose de su sitio, al igual que hicieron Zayn y Liam para aproximarse a mí. Harry me dio la mano y me la apretó con fuerza.
     Estaba completamente atrapada. No tenía escapatoria.
     — Como veo que Emma sigue por la labor de seguir ocultadooslo, lo contaré yo— Simon rió vengativo—. Vuestra querida… ¿“amiga”? Os ha engañado desde el principio. En ningún momento quiso entablar una amistad, solo quería sonsacaros información— me miró—. La información es poder, ¿verdad, Em? Eso es lo que siempre decías. ¿Me equivoco?
     — ¡Eso es mentira!— grité levantándome del sofá.
     — ¡Emma es colaboradora en una revista que se difunde a nivel mundial! ¡Tenía un contrato de exclusividad con la GQ española! ¡Todo este tiempo ha estado recogiendo información para enviarla a la redacción y joderos la carrera! ¡Os ha vendido en cuanto habéis bajado la guardia!
     — ¡Mentiroso!— chillé furiosa.
     — ¡Tenías la maqueta y la filtraste a la discográfica de tu padre! ¡Has difundido un rumor falso! ¡Podemos acusarte de lo que queramos! ¡Hay pruebas!
     — Emma— Harry se levantó y me miró seriamente a los ojos—, Emma, dime que eso no es verdad— dijo con un hilo de voz—. Tú no…, tú no tenías ningún contrato. Tú no…— musitó—. Tú no nos has mentido, ¿verdad— susurró casi para convencerse de ello a sí mismo.
     El color apagado de sus ojos dolió como un cuchillo en medio de mi pecho.
     Todos los chicos me miraban con una mezcla de desilusión y decepción. No sabían nada del contrato y tal y como Simon lo había contado, efectivamente podía parecer que los había utilizado.
     — Tus pequeñas mentiras han llegado a su final— siseó Simon.
     — Emma, por favor...— Liam me miró frustrado y casi suplicando que nada fuera verdad. Yo no podía hacer nada, simplemente bajé la cabeza y dejé que las lágrimas comenzaran a inundar mis ojos.
     Por eso no quería que supieran lo de la revista.
     No iba a poder salir de aquella.

7 comentarios:

  1. me encanta tu novela enserio. Pero no puedes dejarme asi-.- sube mas capitulos pronto porfi:) <3

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  2. Esta muy bien tu novela y, me has dejado super intrigada, espero que no tardes mucho en subir <333

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    1. Muchísimas graciaaas :) xx
      Esta noche subiré el siguiente, supongo.

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  3. 'Yo también. Estoy deseando que llegue el viernes, nena xx.' AY, JODEEEEEER, QUIERO SER EMMA.

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  4. Es gracioso porque hablas de la filtración de una canción y al poco tiempo se filtró BSE. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.

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    1. JAAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJA
      No eres la primera que me lo ha dicho, eh.

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