lunes, 15 de julio de 2013

Capítulo 14 | Where Do Broken Hearts Go


Martes, 10 de diciembre

     Eran las cinco menos veinte de la mañana cuando el avión aterrizó y pisé —después de casi un año— territorio español. Estaba esperando a que salieran mis maletas y encendí el móvil. Tenía más de siete llamadas perdidas de Chad. Recogí mi cuarta maleta y le llamé.
     — ¿Chad?
     — ¿Dónde coño estás, Emma?— preguntó. Su voz grave vibró a través del teléfono—. Estaba muy preocupado.
     — Estoy en la sala diez— comenté exasperada mientras sacaba la cartera del bolso y sujetaba el móvil contra el hombro derecho—, estoy esperando la última maleta.
     — El guardaespaldas va contigo, espero.
     — Se llama Mick— le corregí.
     — Mick— cedió de mala gana—. Yo estoy en el vestíbulo de llegadas, te veo ahora.
     Y colgó. Miré mi móvil con la esperanza de haber recibido algún mensaje de los chicos, pero no había tenido suerte. Era evidente que no volverían a llamarme. Giré la cabeza y pude ver a un grupo de chicas con los móviles en alto, fotografiándome. Maldita sea. ¿Por qué no se preocupaban por coger su equipaje y no por sacarme fotos? ¿Acaso eran idiotas?
     Mick me ayudó a coger la última —y más grande— maleta. La subió a mi carrito y echó a andar a mi lado, tirando de su maleta.
     Visto y no visto me vi en el gran vestíbulo de llegadas de la Terminal 4 de Barajas. Una gran cola de personas tras las vallas que lloraban, gritaban y agitaban las manos mostrando carteles de bienvenida emocionados y que abrazaban a sus padres, amigos o hermanos a los cuales parecía que no habían visto durante años.
     La vuelta a casa por Navidad.
     Apoyado en una pared, vi a un joven de pelo oscuro con una camiseta negra ajustada que marcaba sus trabajados músculos, tanto en los brazos como en el vientre y unos vaqueros extremadamente sexys. Llevaba unas gafas de sol y la cazadora de la mano.
     Mi hermano era guapo sin esforzarse.
     A veces tenía la sensación de que ni siquiera él mismo lo sabía. Tenía una expresión serena; las cejas rectas, los labios finos y el rostro delgado. Tenía el pelo alborotado y se introdujo los dedos en él, lo que me llevó a pensar que estaba nervioso. Estaba mirando el móvil. Llevaba a dos guardaespaldas consigo. Cuando levantó la cabeza, dibujó una sonrisa y bloqueó su móvil. Salí corriendo hacia él para lanzarme a sus brazos y sentirme reconfortada por el único chico que jamás me fallaría: mi hermano.
     Le abracé todo lo fuerte que pude y apoyé la cabeza en su pecho. Él me abrazó por el cuello. Llevaba casi un año sin verle y le había echado de menos. Olía como siempre: a One Million y aftershave de Nivea.
     — Dios mío, Emma, estás impresionante. Estás mejor que cuando te fuiste— dijo sonriendo, mirándome de arriba a abajo—. Estás…, genial.
     — ¿Te has visto?— dije tocándole los músculos de su brazo derecho—. Últimamente has estado yendo al gimnasio, ¿verdad?— respondí divertida.
     — Exigencias del guión— contestó haciendo un gesto con la mano para quitarse importancia—. Trae, ya te llevo yo esto— comentó a la par que tomaba el control de mi carrito.
     Varias chicas detuvieron a Chad para pedirle un autógrafo y fotografiarse con él. A mí ni siquiera tuvieron la decencia de mirarme.
     Dolía saber que era inocente y, por el contrario, era yo la que tenía que sufrir la pena máxima: ya no les valía con insultarme, sino que también me ignoraban. Dadas las circunstancias, no sabía cuál de ambas era mejor o peor. Después de todo, ya había perdido esa capacidad de medición y el término «mejor» se había extinguido de mi vocabulario. Después de aquello, tomamos los ascensores y fuimos directamente al aparcamiento. Caminamos varios metros hasta llegar a un Porsche Cayenne Turbo de color gris.
     — ¿Coche nuevo?— comenté con una sonrisita—. Yo me he comprado uno igual, aunque el mío es de color negro.
     — Lo sé— asintió—. Vi fotos en internet y decidí comprarme uno igual.
     — Personalidad cero.
     — Menos uno, más bien.
     Guardó mi equipaje en el maletero.
     — Gracias por traer a Emma— le dijo a Mick y le presentó a sus guardaespaldas. Estos se pusieron a hablar con Mick durante unos minutos y yo miré a Chad a la espera de una decisión.
     — ¿Por qué esperamos?
     — Porque a mí me pueden acosar— contestó Chad—, pero tú eres carne de cañón. Ellos saben lo que se hacen. Ellos son los que van a decidir cómo vamos a ir a casa.
     — Bien— uno de los escoltas de Chad se giró y nos miró—. Él— señaló a Mick— y yo iremos en el coche con vosotros. Él— señaló al otro guardaespaldas— irá detrás con otro coche. Los llevaremos hasta La Finca. Una vez dentro, Mick se quedará allí y nosotros volveremos— al ver que nadie ponía objeciones, tomó las llaves del coche de Chad—. Bien, adentro.


     Se había solidificado un incómodo silencio.
     Chad puso el bluetooth en su móvil, conectó Spotify y Beat It de Sean Kingston bañó el vehículo. Yo comencé a cantarla por lo bajo hasta que uno de los escoltas bajó un poco el volumen. A Chad le encantaba picar a la gente, especialmente cuando se trataba de un guardaespaldas.
     — ¿Cómo estás, Em?— preguntó más serio de lo habitual.
     — Los chicos me odian, los paparazzi me persiguen, soy insultada por millones de directioners al día y medio planeta desea mi muerte en la hoguera, como en la Edad Media. Así que estoy bastante bien, gracias por preguntar— respondí, no sin poder evitar el sarcasmo—. Adoro los castigos tradicionales. No hay nada mejor que morir chamuscada por un puñado de crías. Resulta verdaderamente excitante.
     — Ya... Te entiendo, Emma— dijo girando la cabeza y apoyando el codo izquierdo en la ventanilla, mirándome de soslayo con vulnerabilidad.
     El escolta que conducía tomó la M-50.
     — No Chad, no lo entiendes. No entiendes nada— respondí poniendo fin a la conversación y mirando por la ventanilla.
     — Mamá y papá están cabreados y los de GQ están que trinan, pero mandar filtrar esa información...— se calló un momento—, le has echado muchos cojones. Aunque he de admitir que has fastidiado el negocio a papá. Ya te lo explicará él cuando llegues.
     — ¡Yo no la filtré!— vociferé—. ¡Yo no he filtrado nada!
     Me miró muy serio y Mick giró la cabeza.
     — Ya hablaremos sobre esto.
     Aparté aquella idea de mi cabeza cuando nos detuvimos ante la entrada norte de la urbanización de lujo de Pozuelo de Alarcón, Los Lagos, dentro del barrio de La Finca. En aquella Urbanización exclusiva teníamos a vecinos de la talla de Cristiano Ronaldo, Bale o Alejandro Sanz.
     Los pequeños lagos artificiales, las plantaciones de hierba y los altos árboles seguían intactos. Tan cuidados como siempre. El escolta de Chad pasó la tarjeta por el lector, saludó al guardia de la cabina y entramos en la Urbanización.
     Eran las seis y media de la mañana cuando el escolta la puerta de seguridad de nuestro chalet. Era una magnifica propiedad dotada de los últimos sistemas de seguridad, domótica y diseño en una ubicación excepcional con una superficie construida de aproximadamente dos mil metros cuadrados. Poseía un hall de entrada que daba paso a un espectacular salón con salida al porche, comedor independiente y gran cocina con office, lavandería y despensa. Contaba con seis dormitorios: el principal con gran vestidor y baño. Los otros cuatro en suite. En el sótano había una pista de squash, piscina y gimnasio con vestuarios y baño turco. En el exterior había una piscina desbordante y espectaculares vistas.
     El escolta entró en el aparcamiento —con aforo para dieciséis vehículos— donde estaban mi madre y mi hermana esperándome con cara de sueño, el pijama todavía puesto y un abrigo encima. No aguardé a que terminaran de aparcar el coche. Rápidamente bajé del vehículo y salí corriendo hacia ellas para abrazarlas con lágrimas en los ojos. Un aire invernal me congeló hasta los huesos, pero tampoco me importó. El abrazo de mi madre y mi hermana me reconfortó.
     Hogar dulce hogar.


     Eran las diez de la noche.
     Mamá, Madison y yo estábamos en la cocina preparando la cena. Chad había salido a cenar con unos amigos y mi padre todavía no había aparecido por casa.
     Por lo que me contó mi madre, papá había volado hacia Estados Unidos para resolver unos problemas que —supuestamente— yo le había causado. No tenía suficiente con tener que soportar a millones de crías repelentes y a los malditos medios de comunicación que no me dejaban ni siquiera respirar, sino que además tendría que soportar cosas como aquellas.
     Después de cenar, nos sentamos las tres en el sofá. Nada como estar en casa y rodeada de la gente a la que más quieres. Mamá puso el famoso programa de cotilleos que tanto le gustaba, tapadas con una mantita. Madison y yo estábamos bromeando cuando una noticia llamó nuestra atención. 
     — Shhh— ordenó mamá y subió el volumen—. Callaros.

          «La policía ha confirmado oficialmente que la joven Emma Wells, que había sido acusada de calumnia y difamación, no ha tenido nada que ver en la filtración de información del grupo de éxito, One Direction»

     — Ya era hora de que lo emitieran— susurré para mí.

          «Nosotros jamás hemos tomado sustancias estimulantes ni nocivas» decía Niall. Era la rueda de prensa que habían convocado para desmentir los rumores. «Ante todo, nos importa nuestra salud. Podemos afirmar que nada de lo que se ha publicado sobre nosotros es cierto. Nosotros no lo creeremos hasta que se presenten pruebas concluyentes, entonces será cuando pongamos a juicio todas las cosas que se han dicho. A día de hoy, necesitamos el apoyo de nuestras fans, ya que esta no es una situación fácil para nosotros ni para nuestras familias» finalizó.

          «El grupo se mantendrá unido siempre que las fans quieran que se mantenga unido. Lo que menos necesitamos a día de hoy son mentiras, calumnias e infidelidades. Esta situación también ha afectado a nuestras fans, y por ello necesitamos que se mantengan tan fuertes como nosotros lo estamos haciendo» continuó Louis y quitaron la entrevista.

          «A día de hoy, el grupo está preparando su tercera gira mundial con la que esperan poder recompensar a sus fans» intervino de nuevo la reportera.

          «Es un tour diferente, innovador y sorprendente. El escenario es enorme, habrá grandes juegos de luces y nuevos pasos de baile» decía Zayn en una entrevista por teléfono. Su voz sonaba ligeramente distorsionada. «Queremos que nuestras fans disfruten de él y nosotros también queremos hacerlo. Después de todo, es evidente que lo merecemos»

          «Emma Wells no ha querido hacer declaraciones ante la prensa. Por ahora, la policía sigue buscando al culpable de los hechos. Se ha confirmado que la policía científica ha recuperado todo el historial de la señorita Wells y se ha demostrado que alguien ha entrado en su terminal, al igual que se ha intentado rastrear la dirección desde la que se han enviado los datos o la dirección IP…»

     No soportaba estar allí. Me levanté sin decir palabra y subí a mi dormitorio.
     Necesitaba que me dejaran en paz.


     Apoyé la espalda en el cabecero de la cama y comencé a mover el móvil entre los dedos. Oí unos golpes en la puerta.
     — Sigues siendo la misma niñita mimada de siempre. Me das asco— comentó Madison al entrar cuando vio el vaso de leche que mi madre me había dejado sobre la mesilla con anterioridad y que estaba comenzando a degustar.
     — ¡Cállate!— grité lanzándola un cojín del suelo y solté una débil carcajada. Ella sonrió y se tumbó encima de mi cama mirándome a los ojos—. ¿Dónde has dejado a Elliot?
     — Tenía una reunión con algunos organizadores de pasarelas. Quiere conseguirme un hueco en la Fashion Week de Barcelona para el año que viene— explicó—. Anoche voló allí y yo me vine a casa con mamá y Chad. ¿Qué tal con Harry?
     Entrecerré los ojos.
     — Mal— susurré—. Madison, yo no he filtrado nada, te lo aseguro. Me han tendido una trampa. Te prometo por lo que más quieras que yo jamás habría filtrado esa información. Ni siquiera había tenido tiempo para escuchar la canción.
     Ahogué un sollozo.
     — Tienes que creerme, Madison— terminé suplicando—. De verdad que yo no he filtrado nada. No puedo soportar esto.
     — Demuestra que tú no fuiste.
     — ¿Cómo? Mi credibilidad está por los suelos.
     — Yo no soy periodista, eso es cosa tuya.
     Dejé el vaso de leche sobre la mesilla y la abracé. Apoyé mi cabeza en su hombro derecho y por fin volvimos a ocupar nuestros respectivos papeles: ella la hermana mayor y yo la pequeña. Me sujetó la cara con ambas manos y apoyó su frente en la mía.
     — Dicen que el amor hiere, deja el dolor y después se va— susurró—. Recuérdalo, Emma. No puedes seguir en esa estúpida línea con Harry. Terminarás haciéndote mucho daño.
     — No entiendes nada— musité.
     — Entiendo más de lo que tú misma piensas, créeme— me aseguró y se apartó—. Buenas noches— se despidió con una débil sonrisa.
     Cerró la puerta y volví a taparme con la manta. Alargué mi brazo hasta la mesilla, di un buen trago al vaso de leche, agarré firme el iPhone y empecé a escribir.

          «Harry, siento no haberos dicho nada de GQ pero te aseguro que yo no filtré absolutamente nada. Tienes que creerme. Yo jamás os vendería de ese modo. Deja que te dé una explicación para todo esto. Llámame, por favor»

     Habían pasado cinco minutos desde que le envié el mensaje y todavía no me había contestado. Tomé otro sorbo de leche y un sentimiento de terror me recorrió todo el cuerpo en un momento en el que tenía que pensar con calma y tranquilidad. Mi móvil empezó a sonar. Por un momento, el corazón se me disparó y tuve la repentina sensación de que Harry me creía. Sin embargo, no era él, sino Dani Carvajal. Cerré los ojos y —prácticamente sin darme cuenta de ello— descolgué la llamada. Ya era hora de volver a la «normalidad».
     — Hola— susurré.
     — ¡Em!— exclamó Dani y el ruido que se escuchaba de fondo se detuvo. Lo más posible es que estuviera viendo la televisión y ni siquiera confiaba en que le contestaría—. Pensé que jamás te dignarías a cogerme el maldito teléfono.
     — Lo siento— murmuré—. No he…, no he podido.
     — Te he estado llamando durante semanas. Estaba muy preocupado, joder— estaba enfadado. Sin embargo, su voz resultaba igual de grave y peculiar que siempre.
     Para él, nada había cambiado.
     — Perdón.
     Resopló.
     — De acuerdo…, vale— suspiró aliviado—. ¿Cómo te encuentras?
     — Como si cualquier luchador de sumo me hubiera pasado por encima— me deslicé bajo las sábanas—. Dani, sé que en esta situación no es más que un cliché, pero te aseguro que yo jamás…
     — Jamás harías algo así— me interrumpió—, lo sé. Sé que no lo has hecho.
     Dibujé una triste sonrisa.
     — ¿Dónde estás?
     — En Dinamarca, en el D'Angleterre. Ésta mañana hemos entrenado en Valdebebas y por la tarde volamos hacia aquí. Mañana jugamos contra el Copenhague en el Parken— contestó y nos quedamos en silencio durante algunos largos y dolorosos segundos.
     — La quinta jornada de la fase de grupos de Champions— murmuré—. Lo había olvidado.
     — Quiero volver a verte— dijo—. No estoy hablando de volver a intentarlo, porque dadas las circunstancias es lo de menos. Quiero ayudarte y…
     Sonreí y me pasé la mano por el pelo. Se calló de repente.
     — Has sonreído— se atrevió a decir, orgulloso—. Has hecho ese ruidito con la nariz. Sé que has sonreído— silencio—. Emma, por favor— suplicó—: no quiero que pases por todo esto tú sola.
     — Lo cierto es que a mí también me gustaría volver a verte— clavé la mirada en la gran extensión de urbanización que podía verse a través de los ventanales de mi dormitorio—. A día de hoy, eres de las pocas personas que se han preocupado mínimamente por mí.
     — No— negó—. Mucha gente se preocupa por ti.
     — Yo…— se me quebró la voz—, no voy a poder superar esto, Dani. No puedo cargar a todas horas con las críticas inmerecidas que estoy recibiendo. Me afectan más de lo que a mí misma me gustaría y saber que soy inocente…
     Prácticamente rompí a llorar, señal evidente de que un estado de depresión se estaba acercando a mi vida y no podría hacer nada para no dejarle pasar. Desde que Simon me la jugó de aquel modo, me pasaba el día llorando.
     — Eh, eh— susurró él—. Tranquila.
     — Todo esto me queda demasiado grande— musité y me enjugué las lágrimas—. Estoy sola y nadie…, nadie…
     — No, no— murmuró a modo de súplica—. No llores, Em. No puedo soportar escucharte llorar. No estás sola, ¿de acuerdo? No estás sola. Me tienes a mí. Tienes a tu familia. Tienes a cientos de personas que confían en tu inocencia. No. Estás. Sola— repitió.
     Dibujé una media sonrisa que se perdió bajo mis lágrimas y un sonoro sollozo.
     — Me duele no estar contigo— dijo con una voz amortiguada, como si se hubiera puesto de cara a la pared y escondido el rostro entre sus brazos—, pero más me duele no estar ahí para abrazarte.
     Reí un poco y me pasé la mano por los ojos. Tenía la nariz taponada.
     — Pensarás que soy una cobarde, que soy débil, que...
     — Pienso que estás siendo demasiado fuerte para toda la mierda que te están echando encima— me interrumpió—. Pienso lo mismo que pensé cuando te conocí. Saldrás de ésta.
     — No si muero en el intento.
     — No digas gilipolleces— me reprendió.
     Era satisfactorio saber que Dani seguía siendo el mismo Dani que conocí varios años atrás. Tenía la voz más grave y la barba más larga, pero el mero hecho de haberse convertido en el lateral derecho indiscutible de Ancelotti —debido a la lesión de Arbeloa— no le había cambiado en absoluto.
     — Gracias— murmuré.
     — El miércoles te veo.
     — El miércoles te veo— repetí.
     Y colgué.
     Entonces vibró mi móvil y comprobé que Harry me había mandado un mensaje mientras hablaba con Dani. Una pequeña chispa de esperanza nació en mi corazón, esperanza que fue sustituida por un dolor que nunca antes había sentido al leer su mensaje.

          «No quiero volver a saber nada de ti, Emma. Olvídame»

     Apagué el móvil totalmente decepcionada, dolida y lastimada. Jamás pensé que un mensaje pudiera matar tantos sentimientos de una pasada. Mi cabeza cambió el chip y asimiló que era el fin. Me deslicé entre las sábanas y empecé a llorar como una niñata estúpida. Tenía el corazón destrozado y fue entonces cuando me pregunté cuál sería el lugar al que van los corazones rotos.
     Lloré durante largas horas. Mamá y Madison se habían ido a dormir y la única que parecía estar despierta era yo. El golpe de la puerta principal me sacó del ensimismamiento y al cabo de algunos minutos, Chad asomó ligeramente la cabeza en mi dormitorio en el preciso instante que ahogué un sonoro sollozo.
     — Eh— susurró, sentándose en la cama y acariciándome la frente—. No llores, Em. No llores, ¿vale? Yo te creo. Yo sé que no hiciste nada.
     Me incorporé y hundí la cabeza en su pecho, sollozando por todo lo sucedido. No podía soportar aquello. Era como una pesadilla de la que no era capaz de escapar. Como atravesar una larga y profunda noche de tormenta a la que después de aquello, no volvería a asomar el sol. Como morir ahogada en un gran tanque de agua o asfixiada por las mentiras de la sociedad.
     — Lo siento— musité.
     — No pasa nada— susurró—. Emma, sé que tú no fuiste. Te aseguro que lo arreglaremos. Encontraremos una salida, te lo prometo.

     Fue entonces cuando me planteé la idea de quedarme a vivir en España.

     Para siempre.

12 comentarios:

  1. He leído cientos de fanfics, pero es que la tuya tiene algo especial. Es la única con la que verdaderamente me he angustiado y he llorado de verdad. No dejes de escribir porque sin duda esto es lo tuyo.
    Siguiente pronto, por favor.

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    1. Muchísimas gracias. Esto significa mucho para mi :) xx

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  2. MUY MAL HAZZA, MUY MAL PATRI. MUY MAL.
    HAZZA TENÍA QUE HABER DICHO QUE NUNCA HABÍA DESCONFIADO DE ELLA Y QUE LA QUERÍA HACER CIENTOS DE HIJOS.

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    1. JAAAAAAAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA vale, me has matado.
      Lo tendré en cuenta por si hay próxima vez :3

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  3. Lloro. Me encanta. PERO. PATRI. TE MATO.

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    1. Gracias cielo, yo también te quiero <3
      Intentaré subir en cuanto pueda.

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  4. Cuando digo de que tienes una forma preciosa de escribir, lo digo en serio, eh. Y como siempre, me ha encantado, aunque a veces me han entrao' ganas de coger a Harry por los huevos. Síguela ;)

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  5. JAAAAAAJAJAJAJAJAJAJAJA este capítulo no se llama 'Capítulo 14', se llama 'Entrada 14'. Patri, creo que se te fue la pinza. JAJAJAJAJAJA.
    Por lo demás, perfecto. Aunque me da mucha lástima Emma, espero que todo pueda arreglarse.

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