jueves, 18 de julio de 2013

Capítulo 15 | Right Now



Viernes, 28 de marzo

     No era difícil sentirme diminuta cuando caminaba bajo la sombra de cuatro enormes rascacielos de acero, hormigón y cristal de trescientos metros de altura. Tampoco era difícil que pudiera sentirme sola y desamparada cuando la ciudad estaba desierta y sin almas con vida que pudieran llenarla de color; una ciudad que te absorbía y hundía en tu propia locura.
     Así me sentí durante el tiempo que pasé en Madrid: insignificante, sola y deprimida. Correcto: estaba deprimida. La temperatura era agradable y las críticas continúas. Las fans me saltaban encima y tenía suerte si tan solo me lanzaban una miradita de desprecio por encima del hombro.
     Aquel día, caminaba por el Paseo de la Castellana —en el cual se solían congregar tantas personas que apenas se podía caminar— y que en aquellos momentos era un espacio despoblado. El tráfico que solía colapsar todas las carreteras del centro de la ciudad no existía. No había coches, apenas había gente y, a pesar de todo, mi vida se hundía lentamente como una enorme piedra se perdía bajo el mar.
     O tal vez sí.
     Lo más posible es que Madrid estuviera tan llena y viva como siempre, con la diferencia de que era yo la que estaba sola y vacía y quería traspasar mi oscuridad interior a todo lo que me rodeaba.
     Paseaba escondida bajo unas enormes gafas de sol y un gorro que había sido de Harry con anterioridad que no estaba dispuesta a tirar de ninguna de las maneras; al fin y al cabo, era lo único que me quedaba de él.
     Estaba atrapada en un triste sentimiento del que no podía escapar.
     Alcé la vista y suspiré, comenzando a vagar hacia el Paseo de la Habana donde había aparcado mi Audi Q7. De nada me servía mirar al cielo cuando no podía tocarlo. Había estado a punto de acariciar las estrellas con la punta de los dedos, había volado hasta casi llegar al sol y había acabado chamuscada.
     Sacudí la cabeza y me detuve junto al coche. «Estaré bien. Estaré bien. Estaré bien. Lograré salir adelante. Sé que lo haré» me repetía a mí misma, pero por encima de todo aquello, sabía que nada era cierto.
     Había entregado mi vida a las sustancias tóxicas: drogas. Un chaval se encargaba de pasármelo y yo le pagaba noblemente. Era increíble lo que unas cuantas pastillas de éxtasis y algún que otro pinchazo de heroína podían ayudarme a olvidar, a simplemente desconectar de toda la basura que me rodeaba. 
     Intentaba esconder los pinchazos.
     Dani y yo habíamos vuelto.
     Aún no recuerdo cómo ocurrió. Solo sabía que estábamos juntos. Carvajal me quería. Ignoraba los comentarios que se hacían sobre mí, salía en mi defensa siempre que algún reportero se plantaba ante él con un micrófono e ignoraba a todos aquellos que tuvieran la decencia de criticarme.
     La noche anterior, en su casa, después de haber hecho el amor, pusimos la televisión y estaban emitiendo una noticia sobre el caso. Rompí a llorar sin poder evitarlo. Tantas críticas estaban acabando conmigo, me estaban hundiendo. Él me abrazó con fuerza e intentó tranquilizarme contra su pecho, dando vía libre a que sus brazos me rodearan. Cuando logré calmarme, me vi obligada a coger mi bolso y entrar en el cuarto de baño de su dormitorio. Me lavé la cara con agua fría y respiré hondo.
     La presión era mucha y el dolor insoportable. Cogí la aguja y me inyecté una pequeña dosis de heroína. El dolor se apagaría gradualmente. Mi respiración se acompasaría y el sueño me podría. En mi brazo ya comenzaban a quedar marcas. Apenas se notaban, pero yo me las podía ver. 
     Las drogas eran tan seductoras como adictivas.
     Al cabo de unos minutos salí de nuevo, me metí en la cama y le abracé. Él me besó la frente con cuidado.
     — Sé lo que haces ahí dentro— dijo—. Crees que soy imbécil y me chupo el dedo, pero lo sé. Emma, necesitas ayuda. No puedes seguir haciéndolo.
     — Dani…— murmuré a la que me incorporaba.
     — Ni Dani, ni hostias— replicó enfadado—. Esa— señalo mi bolso— no es la solución, joder. En lugar de plantarle cara a toda esta mierda, te estás sublevando ante ella. La estás evitando en lugar de dar la cara. Y eso, por si no lo sabías, es de cobardes.
     Empecé a llorar de nuevo. No por sus palabras, sino por la veracidad que iba con ellas. Sabía que tenía razón pero ya no podía hacer nada. Nadie parecía preocuparse por mí y yo no tenía la fuerza suficiente para hacerlo por mí misma.
     Los rasgos faciales de Dani se suavizaron. Me abrazó de nuevo. Su voz me calmó, su barba mitigó mi dolor con solo una caricia y la cercanía de su cuerpo apaciguó aún más mis pulsaciones. Parecía mentira que «el futbolista chiquitín», como decía mi abuela, pudiera ser tan grande. Paseé las yemas de mis dedos por el vello de sus brazos, por sus abdominales marcados y por sus uñas medio mordidas.
     Olía a un sudor frío y a Nivea.
     — Lo siento— murmuró—. No quería decir eso.
     — Tienes razón— asentí en voz baja y me apretó más fuerte contra él. Mi mundo se venía abajo y Harry se había ido. Su imagen se disipaba gradualmente y solo me quedaba el recuerdo de sus lágrimas, el dolor palpable de su rostro y la dureza de sus palabras el día que Simon decidió arruinarme—. Estoy siendo una cobarde.
     — Mañana pedirás ayuda— dijo implacable—. Tienes que hacerlo o te juro por lo que más quieras que lo haré yo mismo.
     Aquel día por la mañana, Dani me había llevado desde Leganés hasta el centro de Madrid, donde había dejado mi coche la noche anterior.
     No había sido suficiente con quedar demostrado que yo no había escrito aquel correo ni filtrado la canción. Las fans necesitaban a un culpable al que hacer la vida imposible y al carecer de uno, me había tocado a mí. Jamás me había sentido tan hundida y desgraciada, ni siquiera cuando tuve que dejar a Víctor y mi cómoda vida reventó en mil pedazos, llenándolo todo de cenizas ardientes y dolorosas.
     Después de que Modest y Sony me denunciaran, los chicos me dieran la espalda, los medios me acosaran hasta en el baño y las fans quisieran arrancarme todos los pelos de la cabeza, todo se vino abajo. Incluso yo. Mi mundo seguía exactamente igual. Mi familia, mi fortuna y mis antiguos amigos que confiaban en mí seguían intactos. Todo seguía en su lugar. Era yo la que estaba hecha una mierda y al borde del abismo de nuevo.
     Me monté en el coche y enfilé hacia La Finca.
     Iría a casa pero, ¿cuál era verdaderamente mi casa? ¿Cuál era mi destino? ¿Quién era yo en realidad? Antes de encender el motor, hundí el rostro entre mis manos y rompí a llorar. El mundo se me venía encima. Las cosas más tontas me hacían llorar. Había salido a comprar y me había sentido perdida y hundida en un lugar donde la gente sonreía y no eran capaces de darse cuenta de que estaba quebrada. Entonces añoré con fuerza el impacto de las drogas en mi cuerpo. Necesitaba sentir sus efectos estimulantes. 
     A veces experimentaba náuseas, escalofríos o calambres en los músculos, al igual que alguna que otra vez se me nublaba la vista. No dormía bien, pero adoraba esa falta de consciencia del dolor que me provocaba. Otras veces, sin embargo, dormía demasiado. No sentía el dolor físico y, de alguna manera, estando bajo sus efectos, tampoco podía sentir el emocional. Las ansias aparecieron muy pronto y me empujaron a consumir éxtasis una y otra vez, incluso sabiendo que era perjudicial para mí. Me provocaban depresión, confusión y ansiedad, incluso hasta paranoias. Sabía que aquella droga estaba acabando conmigo pero no podía dejarla. Era como..., una droga propiamente dicho. 
     De la heroína mejor ni hablar.
     Cualquiera que quisiera podía tirarme con un solo soplido. Sin embargo, aún estaba —por alguna razón que no alcanzaba a entender— en pie. El mundo eran solo sombras, igual que yo. Gente con la que me cruzaba que me detenía para preguntar, medios de comunicación a los que ignoraba a toda costa y cientos de fans enfurecidas que querían mi cabeza en bandeja. Todos me conocían a mí y yo no conocía a nadie.
     Solo eran figuras anónimas en mi vida.
     Echaba de menos Londres. Añoraba mi antiguo mundo donde los chicos me hablaban a todas horas, las fans querían que las siguiera en twitter y los medios me dejaban en paz. Especialmente, más a allá de cualquier sueño, echaba de menos a Harry. Su sonrisa, sus susurros, su seguridad, su instinto protector...
     Deseaba que Harry estuviera conmigo en aquel preciso instante.
     Las lágrimas humedecieron mis ojos en el momento que Story Of My Life empezó a sonar en Europa FM y una punzada de dolor hizo mella en mi pecho. Me vi obligada a detener el monovolumen en la cuneta. Me las aparté furiosamente y ahogué un sollozo cuando la voz de Harry predominó por encima de las demás. 


     No quería llorar. Estaba harta. Necesitaba salir de aquella ciudad que estaba terminando por volverme loca. No podía seguir viviendo en aquel rol que me hundía cada día un poco más en la ruina. Me temblaron las manos cuando cogí el móvil y le mandé un mensaje a Dani. 

          «Mañana iré a Marbella. Necesito apartarme de todo. No puedo seguir viviendo en esta ciudad que está ahogándome, hundiéndome en mi propia locura. Podemos vernos esta tarde por última vez antes del partido mañana contra el Rayo» 

     En aquellos momentos, ya ni siquiera me importaba que él pudiera descubrir mi verdadera debilidad. Es más, solo Dani sabía cómo me sentía verdaderamente. Estaba siendo cobarde otra vez. Un año atrás había huido a Londres y entonces iba a huir al único lugar donde podía estar a salvo: el chalet de Marbella. 
     Tenía que salir de aquella ciudad que me hacía daño.
     Tal vez pudiera dejar las drogas por mí misma.
     «Las drogas acabarán contigo» me susurró el futuro.


Miércoles, 21 de mayo


     Habían pasado dos meses desde que había decidido huir de Madrid y seis desde que había llegado a España. No había vuelto a entrar en mi twitter y tuve que cambiar mi número de teléfono varias veces. En las entrevistas que concedían los chicos evitaban hablar sobre mí, como si al hacerlo los escociera la lengua, y saltaban inmediatamente con otra cosa que no tenía nada que ver. Mamá y papá seguían sin creerme: estaban enfadados. El único que confiaba mínimamente en mí era Chad.
     Lo que iba a parecer un descanso se había convertido en una auténtica odisea.
     En mayo, papá y mamá vinieron también a nuestro enorme chalet en La Zagaleta Country Club, uno de los lugares más lujosos y exclusivos de Europa, situado en una de las zonas más bellas de la Costa del Sol, con acceso directo a la playa. El Country Club presentaba un alto nivel de seguridad y un gran número de instalaciones de uso exclusivo, entre ellas destacaba dos campos de golf, con el mediterráneo en primer plano, el estrecho de Gibraltar de fondo y la Costa Africana en el horizonte. 
     La villa de dos plantas contaba con ocho enormes habitaciones, ocho baños —algunos de ellos con jacuzzi—, dos piscinas —una climatizada y otra exterior—, pista de tenis, pádel, aparcamiento para doce vehículos, gimnasio, bodega y una sauna. Por no contar con las impresionantes vistas que tenía la zona de la piscina.
     Nuestro jardinero, Alfredo, se había jubilado por la edad y papá dijo que se encargaría de contratar a alguien más joven que pudiera desempeñar ese trabajo. Teníamos cinco mayordomos, un guarda de seguridad y un conserje. Mick había venido conmigo a Marbella. Se había convertido, literalmente, en mi sombra.
     Aquel caluroso día de mayo estaba tumbada sobre una hamaca intentando coger color. Madison estaba tomándose un granizado de limón a mi lado.
     — Elliot y yo hemos comprado un ático en Magna Marbella— dijo.
     — La prestigiosa urbanización en Los Naranjos— nuestro mayordomo más veterano me trajo un batido frío de piña—. Gracias, Rick.
     — En Nueva Andalucía, sí— asintió y se colocó las gafas de sol de Gucci—. Es un amplio ático con increíbles vistas panorámicas al mar. Tiene quinientos metros cuadrados y una terraza de muerte. El sistema de seguridad es de los más avanzados de Europa. Tiene cinco dormitorios y seis cuartos de baño. Nos ha costado mil y medio de los grandes. Es una ganga. Ahora estamos cambiando algunos muebles. Ya te invitaremos a tomar algo cuando lo hayamos terminado. 

     A pesar de todo, yo no podía dejar de preguntarme qué estarían haciendo los chicos. El mes anterior comenzaron su tercer tour mundial de estadios. ¿Cómo estaría Harry? No había vuelto a mandarle ningún otro mensaje desde el último que recibí. Zayn y Perrie se habían ido a vivir juntos y, por lo visto, se habían comprado un casoplón en al norte de Londres. Louis —que había pasado unas vacaciones con Els— se había gastado unos tres mil de los grandes en una mansión en Chelsea, cerca de Zayn. Liam también se había comprado un dúplex de lujo en Primrose Hill y había rumores de que Sophia vivía con él. De Niall y Harry no sabía nada. Agité la cabeza.
     Me coloqué bien las gafas de sol.
     — ¿Y Elliot?
     Cogió el iPhone y miró la hora.
     — Debe de estar al llegar.
     Al cabo de algunos minutos, Madison se puso en pie y salió corriendo hacia las puertas correderas del salón que lo unían con el jardín. Elliot la esperaba allí con los brazos abiertos. Me había ido a Marbella para estar sola y detrás de mí vinieron mis padres, mis hermanos y, visto lo visto, sus respectivas parejas.
     Por suerte, ninguno de ellos estarían en casa.
     — ¡Hola, Em!— me saludó con la mano.
     Dibujé una sonrisa fingida y me di la vuelta.
     — ¡Nos vamos a comer! ¡Dile a mamá que vendré por la tarde!— gritó Madison dándole la mano y entrando en casa a cambiarse.
     Elliot y mi hermana llevaban saliendo años. Se conocieron en la Universidad. Después de que ella cortara su relación con Niall, Elliot se atrevió a decirle a mi hermana todo lo que sentía por ella y se convirtió en su representante. Lo cierto es que me gustaba: era guapo, simpático y divertido, por no contar la paciencia infinita que tenía con Madison, que aquello era digno de mención.
     Curiosamente solo había un hombre en el mundo que pudiera soportarla y ella le había encontrado. Aquello era tener suerte.
     Me deshice de las gafas de sol y me lancé a la piscina de cabeza. Todos mis pensamientos negativos se esfumaron, como cuando los pájaros huyen al oír un golpe. ¿El problema? Que era temporal. Después de salir, todo el dolor volvería de nuevo, y con ello, las pesadillas y la angustia.
     Me dirigí al bordillo.
     Apoyé ambas manos firmes, hice fuerza y levanté todo mi cuerpo para quedarme sentada sobre éste. Estaba escurriéndome el pelo cuando una toalla me cubrió la espalda y me sobresalté. Lo último que me esperaba fue que él también hubiese ido.
     — ¡Víctor!— grité asustada, tapándome el escote.
     — Hola— susurró.
     — ¿Qué estás haciendo aquí?— pregunté, intentando ocultar mi sorpresa.
     — Tu padre me llamó. Dijo que os habíais quedado sin jardinero y que si me interesaba el puesto. Y como puedes comprobar, he aceptado— respondió vergonzosamente—. He estado trabajando como analista en la Bolsa de Madrid pero, dados los tiempos que corren, han prescindido de mí. Tenemos el ático en New Golden Mile, como bien sabes, así que no me ha sido ningún problema venir. ¿Te acuerdas de cuando veníamos tú y yo?— preguntó en un susurro—. Qué buenos tiempos, ¿verdad?
     — Vete a la mierda.
     — Londres te ha cambiado. Estás fantástica.
     — No puedo decir lo mismo de ti— mentí. Jamás le había visto tan bien.
     Le miré de arriba a abajo y me detuve en sus ojos. Mirarle a los ojos era como despertar, especialmente porque era como mirar a Harry: la misma forma, la misma expresión, el mismo color. Hasta ahí llegaba el parecido. Víctor tenía el rostro alargado, las cejas rectas y los labios muy finos.
     Agité la cabeza.
     — Oye, Em— susurró—. Lo nuestro no salió bien pero...
     — Exacto— asentí—. No salió bien.
     — ... llevamos más de un año sin vernos. Creo que es el momento que hablemos de lo que pasó aquel día. Tenemos que arreglar las cosas.
     Suspiré exasperada y le fulminé con la mirada.
     — No hay nada que arreglar.
     — Em, juro que fue el mayor...
     — Error de tu vida— le interrumpí—. Me quieres, me necesitas, no quisiste dejarme escapar. Bla, bla, bla. Déjate de tonterías. Esta historia ya me la conozco yo.
     Resopló.
     — ¿Cómo te encuentras?— preguntó preocupado.
     Le miré desafiante a los ojos.
     — No me hagas reír— contesté sin poder evitar el sarcasmo—. Me gusta tu falsa preocupación, como la de todo el mundo que me rodea.
     Puso los ojos en blanco.
     — Jamás cambiarás.
     — Es suficiente— le interrumpí con la mano en alto— Mi padre te va a pagar para cuidar el jardín durante estos meses, ¿no? El césped está demasiado largo y el fondo de la piscina sucio. Adelante, a trabajar. Al fin y al cabo, para eso te pagan.
     Me miró una vez más sonriendo y me atravesó la mirada con sus ojos verdes.
     — Ya tendremos la conversación que me merezco— dijo por última vez mientras iba al cobertizo a por el limpia-fondos.
     No pude evitar mirarle. Seguía estando igual que siempre, incluso más guapo, aunque tenía su pelo un tono más rubio, la espalda era ancha y el cuerpo musculado, más que hace un año. Llevaba una camiseta blanca de tirantes que dejaba al descubierto unos trabajados músculos de los que presumía orgulloso y unos pantalones grises cortos de chándal.
     Subí a mi habitación y cogí una pastilla de uno de mis botes. La sensación de bienestar fue automática, a pesar de saber que la droga aún no había hecho efecto. Tomé un poco de agua y volví a salir al jardín, donde me eché la crema de sol.
     Estaba cansada de mostrar una sonrisa cuando por dentro no tenía ninguna esperanza en la vida. Desde que Simon me culpó de algo inexistente, yo vivía en un pozo sin fondo del que era totalmente incapaz de salir.
     No tenía la suficiente fuerza para subir, simplemente la tenía para tomar aire, cerrar los ojos y sonreír, intentando hacer creer a los que me habían tirado que ahí abajo no se estaba nada mal, aún sabiendo que posiblemente muriera.
     El móvil interrumpió mis pensamientos. Alargué el brazo derecho a la mesita que había entre las dos hamacas, miré la pantalla, resoplé y respondí.
     — ¿Papá?— se me había empezado a trabar la lengua y por mis venas había empezado a correr adrenalina en lugar de sangre. Suspiré aliviada al sentir que la droga estaba haciendo su efecto.
     — Los de GQ van a venir al estudio esta tarde. A las siete y veinte quiero verte aquí, Emma.
     Y colgó.


     Simon, los paparazzi, los haters, Víctor y aquello último. España se estaba convirtiendo en un auténtico quebradero de cabeza.
     Por una parte, los medios de comunicación se reunían todos los días en la puerta de casa en busca de alguna noticia para poder meter en los estúpidos programas de cotilleo. Su único objetivo era buscar la noticia. Cuando la tenían, se inventaban una historia totalmente engañosa y falsa para llamar la atención del espectador. Yo era periodista y me avergonzaba de que todos aquellos capullos también lo fueran.
     Por otro lado, las fans. No podía salir a la calle sin que me culparan de que los chicos estaban tristes, que los había utilizado y demás gilipolleces. ¿Ellas los conocían? ¿Sabían algo de sus vidas? Las fans solo sabían lo que ellos mostraban ante las cámaras. No tenían ni idea de cómo eran tras ellas. No los conocían a ellos y tampoco me conocían a mí.
     Mi cuenta de twitter era deprimente. Por cada dos tweets de apoyo, recibía trescientos de insultos. Aquella fue una de las razones determinantes por las que dejé de entrar.
     Ojos que no ven, corazón que no siente.
     Por último, Víctor. Mientras estábamos saliendo, lo pasábamos bien: alternábamos con nuestros amigos, íbamos de fiestas, nos acostábamos casi todos los días y estudiábamos. Lo que más me gustaba de él era su creatividad. Cada cita superaba con creces a la anterior. Era picarón, sexy y algo arrogante, pero ciertamente tenía razones para ello. Desde que lo vi engañarme con aquella rubia de bote, supe que no podría perdonarle. ¡Y trabajaba en nuestro jardín! Sabía que papá lo había hecho a propósito. Quería castigarme de alguna manera —por algo que no había hecho— y aquella era la razón por la que Víctor estaba allí. No había jardineros veteranos y expertos en el mundo, sino que tenía que contratar a Víctor. Un corredor de Bolsa trabajando en nuestro jardín.
     Odiaba a papá.
     Di un último sorbo al batido y me volví a poner las gafas sabiendo que aquella tarde tendría que volver a ver al director de GQ y compañía. Cerré los ojos, sintiendo el calor abrasador de las drogas correr por mis miembros. El cuerpo se me relajó y mi respiración se acompasó.
     Me quedé dormida casi al instante... 

     ... con la mirada nostálgica de Víctor sobre mí.

15 comentarios:

  1. ¿Es normal que Víctor me ponga tanto? Dios.
    El capítulo genial, como siempre.
    Siguiente YA DE YA.

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    1. JAAAAAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJA.
      La revolución Víctor no ha hecho más que empezar.

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  2. DIOOOOOOOOOOOOOS, VÍCTOR <33333
    Entre él y Em va a haber algo, me lo huelo.

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  3. Vale, Víctor es demasiado follable como para ser verdad. Pero dónde se ponga Harry ..
    Síguela ;)

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  4. Yo propongo que Emma coja una moto-sierra y empiece a cortar cabezas :D Por cierto la historia esta genial :)

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    1. JAJAJAJAJAJA gran idea y muchas gracias :) xx

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    2. Hola, me paso por aquí para pediros un pequeño favor, me haríais muy feliz si os pasáis a leer mi novela, esta basada en One Direction y la empecé hace poco su enlace es: http://yourkissesaremydeath.blogspot.com.es Si podéis pasaros por favor, un besito <333 Pd: Si no la encontráis por el enlace buscadla por el nombre, se llama Nothing Like Us y está hecha en blogger, gracias por vuestra atención :) Pd2: Me encanta tu novela y necesito que subas ya, me tienes super enganchada asdfjhgfds, ojalá todo se arregle con Harry <333

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  5. Me he leído tu novela entera y tengo que admitir que es buenísima, me encanta.

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  6. Respuestas
    1. En cuanto pueda escribirlo. Estos días estoy algo liada :/

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  7. Mira que yo soy dramática en mi novela pero es que lo tuyo es exagerado, nena. A ver, primero de todo, Víctor no me gusta. Nada nada. Harry ftw. Segundo, si Emma no lo hizo y seguro que fue el puto de Simon, ¿por qué no me escribes un cap en el que se diga la verdad? Anda, hazme feliz jaja Y ahora, no me la juntos con el español. Y si lo haces que sea para darle celos a Harry pero que se reconcilien que sufro mucho jaja Y sube pronto! <3

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    1. Tranquila, las cosas a su tiempo. JAJAJAJAJAJAA. Emma va a terminar con Harry, así que no te preocupes. Haré un capítulo en el que muchas cosas de Simon cobren sentido y otro en el que se explique qué es lo que ha pasado con la canción.
      Subiré en cuanto pueda, y muchas gracias por leerla :)

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  8. Un mes sin leer tu novela y me haces esto.
    No tía, no.

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