viernes, 26 de julio de 2013

Capítulo 16 | Over Again


     Estaba sola en casa con Chad —que había vuelto a casa en cuanto recibió la llamada de papá—. Mamá había tenido que ir a la sede de WC para resolver unos asuntos de suma importancia, Madison había salido con y Víctor se había marchado hace una tirada de tiempo. 
     Quedaba algo menos de una hora para que tuviera que ir al estudio de papá. Los efectos de la droga se me habían pasado y necesitaba tomar una ducha.
     Me puse unos shorts, una camiseta normal y unas sandalias. Cogí un bolso de Louis Vuitton y salí al garaje donde me encontré con mi hermano apoyado en mi coche con los brazos cruzados.
     — ¿Qué haces aquí, Chad?— pregunté sin mirarle mientras buscaba las llaves de mi Audi.
     — Voy contigo— respondió muy serio.
     — Tú no vas a ninguna parte. Me voy a comer el marrón sola, tú no pintas nada.
     — Intenta detenerme.
     — Oh, créeme— le aseguré—, lo haré si es necesario.
     — No quiero dejarte pasar sola por esto— se aproximó a mí y apoyó las manos sobre mis hombros—. Eres mi hermana pequeña. No quiero dejarte sola.
     — Chad— musité—, son mis problemas.
     — Oye, te voy a acompañar quieras o no— declaró pasándose la mano derecha por el pelo y mirando hacia otro lado—. No te estoy pidiendo permiso.
     — Que no, Chad— gruñí.
     — Como quieras— concluyó con una sonrisa triunfal en la cara y encogiendo los hombros, mostrándome las llaves de su Nissan GT. Se montó en él.
     — Te veo en el estudio.
     Antes de dejarme replicar, cerró la puerta y lo arrancó. Resoplé y me monté en el mío.
     Odiaba aquello. Nadie se había preocupado jamás lo más mínimo por mí y entonces todo el mundo me perseguía para apoyarme. ¿Por qué eran tan asquerosamente falsos y despreciables? Chad había sido el único que había confiado en mí, pero que no fuera de buenas porque él había pasado de mí como lo hubo hecho todo el mundo hace algunos meses.
     Puse el aire, encendí la música y arranqué camino al lugar donde trabajaba papá. Dos Land Rover — uno conducido por Mick y el otro por otro escolta de WR— se pusieron a mi altura, uno por delante de mí y el otro por detrás.
     Stop and Stare inundó el vehículo. Tragué saliva cuando fui a tomar la E-15. Aquella melodía hacía que me doliera hasta el propio alma y se me llenaran los ojos de lágrimas. Me obligué a mantener la calma. 
     Aparqué el coche en el aparcamiento de la zona industrial donde estaba la sede de Wells Records en Málaga, en la Calle Fragua, a veinte minutos de casa. Eran dos naves industriales remodeladas de arriba a abajo y convertidas en uno de las sedes más preciadas de Wells Records. Cerré los ojos intentando ignorar a todas las cámaras y medios de comunicación que estaban reunidos en la puerta principal y a los escoltas preparados para ayudarme a salir del coche.


     — Queremos informarles de que los vamos a interponer una demanda multimillonaria y una pena de entre tres y seis meses de cárcel para resarcirnos de los daños y perjuicios ocasionados por el incumplimiento del contrato en exclusividad que su hija, aquí presente, tenía con nosotros— soltó el abogado del director de GQ y me miró a los ojos.
     Aquel hombre daba grima: tenía una voz gangosa, incluso desagradable. Era alto y delgaducho. Su rostro inexpresivo y severo.
     — ¿Y qué pruebas tienen ustedes de que ella fue la responsable de la filtración?— preguntó Sergio, el mejor amigo de mi padre, asesor jurídico de Wells Records desde siempre, representante de la familia y uno de los mejores abogados del país—. La policía ha confirmado que ella no está involucrada en…
     — Creo que no nos ha entendido— le interrumpió—. Ésta demanda será impuesta por haber acudido a otra empresa a realizar una entrevista de trabajo a sabiendas de que había firmado un contrato con nosotros.
     — ¡Fue solo una entrevista!— bramé—. ¡Me engañasteis! ¡En el contrato que yo firmé no había ninguna cláusula que afirmara que el contrato se renovaría a los nueve meses de forma automática si no se solicitaba su cancelación!
     El abogado abrió su maletín y sacó el contrato. El director de GQ me miraba desafiante, satisfecho y, principalmente, tranquilo. Se pasó la mano por la barba incipiente y mostró una desagradable sonrisa de un blanco artificial.
     Pasó el papel sobre la mesa y se lo tendió a Sergio. Éste lo miró por encima de sus gafas de pasta y apretó la mandíbula. Papá movía los dedos nervioso sobre la mesa. Se pasó una mano por el pelo e intentó evitar mi mirada con desesperación.
     — Correcto— asintió—. Tienen razón. Aquí está.
     Nos lo mostró a papá y a mí. Se podía leer claramente la cláusula, además, subrayada de un brillante verde fluorescente. Era mi firma.
     — Esa cláusula no estaba cuando yo lo firmé— exclamé—. ¡Están mintiendo! 
     — Emma... — exhaló Sergio.
     — ¡Lo leí con total atención! ¡Te aseguro que esa cláusula no estaba, joder! ¡Éste no es el contrato que yo firmé!
     — Emma, cállate— ordenó papá implacable.
     — Mi cliente no tiene por qué dar más explicaciones. Daremos más detalles en el juicio— respondió cortante el abogado. 
     — A no ser que extrajudicialmente lleguemos a un acuerdo económico. Como bien dice el refrán, más vale un mal acuerdo que un buen juicio— respondió el director de GQ poniéndose en pie y sonriendo socarronamente.
     — Ponga una cifra sobre la mesa— contestó papá con las manos entrelazadas después de haber mirado a Sergio, mirándole impasible a través de sus largas pestañas rubias.
     Se me cayó el alma a los pies. ¿Papá estaba dispuesto a pagar equis cifra de dinero a esos imbéciles? No podía ser, no podía estar pasando. Eso lo único que haría sería hacer creer que yo, efectivamente, mentía. ¡Eso no estaba cuando yo lo firmé!
     — ¿Das por hecho que te estoy engañando?— pregunté indignada—. ¿Confías más en ellos que en mí? No te estoy mintiendo, papá. Te aseguro que no— musité.
     — Cállate— ordenó severamente papá, sin mirarme.
     Agaché la cabeza y sujeté mi móvil con fuerza cuando de repente comenzó a vibrar. El corazón se me disparó, la sangre comenzó a hervirme y las manos comenzaron a sudarme. 
     Cada vez que me llamaba, aparecía en pantalla una fotografía que me hice con él durante la premiere de This Is Us, antes de la fiesta en Soho, sobre la alfombra roja y su nombre podía leerse claramente en la pantalla: Harry. 
     Harry me estaba llamando.
     Tenía que cogerlo. Miré a mi padre buscando su autorización para salir de la sala y hablar con él pero desgraciadamente no la encontré. En su lugar hallé una mirada furiosa que echaba fuego y me vi obligada a colgar. «Tranquila, Em. Luego le llamarás. No te preocupes» me decía una vez tras otra a mí misma. Mi padre miró severamente al dueño de la revista y después cerró tanto los puños que los nudillos se le pusieron blancos.
     — Toda cifra por encima de los doce millones es de mi agrado— declaró finalmente. 
     Papá apretó la mandíbula, miró a nuestro abogado y éste negó sutilmente con la cabeza.
     — En ese caso, nos veremos en el juicio— sentenció mi padre muy serio—. Señores, creo que no tenemos nada más de que hablar— papá se levantó, los abrió la puerta y dejó que salieran de la habitación. 
     — Nos veremos dentro de unos meses en los tribunales— dijo el director y se marchó. 
     Mi hermano entró rápidamente y posó una mirada preocupada primero en mí y después en mi padre. 
     — ¿Y?— preguntó cerrando la puerta. 
     — ¡Tu hermana nos ha metido en un puto lío!— gritó mi padre fuera de sí. 
     — ¡Esa cláusula no estaba en el contrato!— vociferé.
     — Y no solo que firma un contrato de exclusividad, ¡sino que además acude a hacer una entrevista con otra empresa ajena a la anterior!— papá estaba fuera de sí—. ¡Joder, Emma! ¡No piensas nada más que en ti misma y a los demás que nos jodan! 
     — Tranquilo, papá— intervino Chad intentando poner paz en la habitación—. Emma dice que ella no firmo ese contrato y yo la creí. Tú también deberías hacerlo— me defendió. 
     — No merece la pena discutir. Lo hecho, hecho está— continuó Sergio mientras recogía sus papeles de la mesa—. Necesitaré a algunos compañeros para salir de ésta porque, visto lo visto, el caso está muy jodido. 
     — ¿Tranquilo? ¿Y la mala fama que hemos obtenido? ¿Y las críticas? ¿Y las pérdidas económicas?— vociferó—. El juicio lo tenemos perdido— terminó susurrando, como para que pudiera entenderlo.
     — ¡Estoy hasta los cojones del dinero, papá! ¡Tu única preocupación a lo largo de todos estos años ha sido siempre la mierda del dinero, la mierda de la empresa y la mierda de todo!— grité furiosa, con los ojos colmados en lágrimas—. ¡Cuando os aseguro que yo no había firmado ese contrato es porque cuando yo lo firmé no estaba esa cláusula!— el dolor me estaba carcomiendo el cuerpo por dentro—. ¡Cuando os digo que yo no he filtrado ninguna clase de información es porque me la han jugado!— me temblaba la voz—. ¡Cuando os pido que confiéis en mí, es porque yo no he hecho absolutamente nada!
     — Em...— susurró Chad, aproximándose a mí.
     — ¡Estoy harta de todos!— vociferé antes de irme.
     Salí del edificio, esquivando a todos los medios de comunicación y sin avisar a los escoltas. Llegué al coche y arranqué a toda velocidad para escapar de aquel lugar. 


     Papá creía que estaba mintiendo. ¡Habían falsificado el contrato! Maldita sea. Había estado dispuesto a pagar a GQ para no llevar el caso a juicio. Jamás se me habría ocurrido filtrar la canción, escribir algo así y mucho menos acudir a hacer una entrevista a sabiendas de que el contrato estaba aún en vigor. ¡Era una hija de papá, pero no gilipollas! 
     Mamá y Madison lo callaban, pero sabía perfectamente que ellas tampoco me creían. Los únicos que habían puesto una pizca de esperanza en mí habían sido Chad y Dani, y aquel mínimo apoyo no me servía ni para limpiarme los mocos.
     La presión mediática podía conmigo y el mundo estaba en mi contra. ¿Qué sentido tenía seguir viviendo? Entré en casa en el preciso instante que me sonó el móvil. 
     — ¿Dónde estás?— era Víctor. 
     — No te importa. 
     — Me ha llamado tu hermano muy preocupado. Me ha dicho que te has ido sola. Los escoltas no han ido contigo— continuó con un matiz alarmado—. ¿Emma? ¿Dónde estás? 
     — ¿Desde cuándo te ha importado lo que he hecho?— susurré. 
     — Em, no hagas ninguna locura. ¿Estás en tu casa?— no contesté—. ¡Emma, joder!— se oyó el portazo de su coche al otro lado del teléfono—. Emma, por favor, no me cuelgues. 
     — No lo entiendes, Víctor— musité tapándome la boca con la mano e intentando contener las lágrimas mientras me deslizaba por la pared hasta quedar sentada en el suelo. Me dolía el pecho. No podía respirar. Todo el mundo creía saber cómo me sentía pero nadie era capaz de ponerse en mi lugar—. No puedo más. 
     — No hagas ninguna locura, por favor— me pidió—. Voy para allá. 
     — No te prometo nada. 
     Dicho aquello, colgué y lloré tirada en el suelo durante varios minutos. En el momento que conseguí calmarme, me dirigí hacia el baño de mi dormitorio y abrí el grifo de la bañera de mármol. Estaba tan furiosa y decepcionada que necesitaba pagarlo con alguien y yo sabía perfectamente con quién. Cogí mi móvil y entré en Twitter.

          «Estoy harta de todas vosotras. De los medios, la prensa y los jodidos paparazzi»

          «No tenéis ni idea. No sabéis nada de los chicos ni de mí. No conocéis en absoluto mi historia y mucho mis sentimientos»

          «¿Os creéis importantes por criticar a alguien inocente? ¿Creéis que es divertido salir a la calle y tener que volver a casa escoltada por la policía? Pues no. No lo es»

          «No sois más que unas crías irrespetuosas que no tienen la menor idea de lo que hablan. Eso es lo que sois»

          «¿Creéis que conocéis a los chicos? Ellos solo os enseñan lo que quieren mostrar ante las cámaras. Asumidlo ya»


     Dejé el bolso y toda la ropa sobre el inodoro y dejé que mi cuerpo entrara con lentitud en el agua caliente de la bañera.
     Alcancé el bote de las pastillas de mi bolso y me tomé una.
     Dos.
     Cinco.
     Ni siquiera recuerdo cuántas fueron. El dolor era insoportable y solo aquello podía sacarme del pozo sin fondo. O no. Tal vez no quisiera salir de aquel pozo. 
     Estaba cayendo, en picado. Nadie podía salvarme. Nadie podía recoger los pedazos fragmentados de mi corazón roto, puesto que eran demasiado afilados y cualquiera corría el riesgo de cortarse con ellos. 
     En mi mente solo había un pensamiento, una obsesión que me llevaba a estar deprimida. Llorar, llorar y llorar más. Mi cuerpo no tenía ganas de nada. Solo quería meterme en un cuarto oscuro e insonorizado donde poder descargar toda mi ira. O tal vez quería todo lo contrario: gritar delante de todas esas estúpidas fans y los medios para que supieran dónde me habían llevado. 
     Mis emociones y sentimientos solo me pedían una cosa: dormir. Porque con el sueño es como si se pasara todo y como si me olvidara de todo. Como si al despertar todo lo que había vivido y que me causaba tanta tristeza y depresión profunda solo hubiera sido una desagradable pesadilla.
     Pero no. 
     Despertaba y rápidamente volvían las malas emociones y la tristeza. Por unos momentos se acrecentaban mi ansiedad, agobio y estrés, pues el contraste de la tranquilidad del sueño, y el duro y frío despertar, me caía como un jarrón de agua fría. Por desgracia, seguía despierta y la pesadilla seguía ahí. Rápidamente volví a entrar en un estado catatónico de sentimientos y emociones negativas dónde el suicidio, aunque estuviera mal, se me cruzó como pensamiento por la cabeza.
     Fue entonces cuando sopese seriamente aquella decisión. Cogí el móvil una vez más y entré en Twitter de nuevo y por última vez. 

          «No puedo aguantarlo más»

          «Necesito que este dolor termine de una vez»

          «Pase lo que pase, quiero que todas las personas que algún día significaron algo para mí recuerden que siempre los tendré en un lugar muy especial»

     Entonces recordé que aún me quedaba heroína en el bolso. No lo pensé. Cogí la jeringuilla, la hundí violentamente en mi brazo y apreté el embolo. Sentí un ardor doloroso y exquisito correr por mis venas. 
     Éxtasis y heroína. La mezcla sería mortal pero no suficiente. Quería pagar por todo el dolor que había causado a los demás. Quería pagarlo conmigo misma y no pararía hasta lograrlo.
     Alargué mi brazo izquierdo y cogí una de las cuchillas que utilizaba para depilarme entre una y otra sesión de láser. La coloqué sobre mi muñeca izquierda y la deslicé. Ni siquiera pude sentir el dolor; las drogas me habían quitado toda la sensibilidad.
     La volví a colocar sobre la muñeca y la deslicé de nuevo.
     Zas, zas, zas.
     La cuchilla dejaba que unos chorretones de sangre caliente salieran a través de mi piel como si no quisieran estar más tiempo dentro de mí, dentro de mi vida, dentro de mi ruina.
     Zas, zas, zas.
     El agua comenzó a teñirse de rojo.
     ¿Estaba siendo una cobarde? Lo estaba siendo, pero a fin de cuentas, ¿a quién le importaría? Chad y mamá llorarían mi pérdida durante varios meses, después lo olvidarían y volverían a reconstruir sus vidas como siempre habían hecho. Papá se enfadaría conmigo y no podrá castigarme nunca más porque yo ya no estaría para sufrir su pena. Lo más posible es que Madison soltara un par de lágrimas ante las cámaras para aparentar y cuando llegara a casa se metería en la cama con Elliot. Sentí una punzada de dolor por todas las personas a las que quería pero ya no podía volver atrás.
     Nadie notaría la diferencia. Si desapareciera sería casi como un respiro para todos.
     Cambié la cuchilla de mano y me corté la otra muñeca.
     Zas, zas, zas.
     La sangre caliente y rojiza caía de manera abundante sobre mis brazos. Mis muñecas tenían decenas de cortes profundos y me escocían, como si me hubiera sumergido en ácido en lugar de agua, la cual había adquirido un color granate oscuro.
     Me mareé. Sentí cómo mi corazón comenzó a latir con más fuerza contra mis sienes pero, sin embargo, apenas podía sentir mi pulso en las muñecas. Si no hubiera sido porque estaba tumbada en la bañera, lo más posible es que me hubiera caído al suelo. Me costaba respirar.
     Seguí cortándome sin fuerzas. Dejé que el brazo izquierdo cayera muerto sobre el agua y el derecho quedó inmóvil por fuera de la bañera, sujetando todavía la cuchilla con la que había resquebrajado y perforado mi cuerpo.
     Cerré los ojos y me sumergí un poco. Si aquello era morir, tampoco estaba tan mal. La cabeza comenzó a darme pinchazos, el corazón me bombeaba tres veces más de lo debido y se me empezó a nublar la vista por los bordes.
     ¿Qué pensarían mis padres cuando me vieran muerta en la bañera? ¿Qué pensaría Víctor? ¿Qué haría Dani? ¿Cómo reaccionarían los chicos? ¿Llorarían? ¿Les importaría? ¿Lo dejarían pasar? Mi cabeza empezó a formular preguntas cuya respuesta no encontré, puesto que pensar me era algo totalmente imposible, al igual que mantener los ojos abiertos. Mi visión empezó a cerrarse y una franja negra se dibujó en ella. Era como estar en un túnel sin salida y morir asfixiada, sin que nadie pudiera verme ni oírme.
     Sin embargo, no me dolía. Moriría.
     Moriría y el dolor se borraría para siempre.
     No despertaría, pero tampoco podría sentir la culpa.
     Hubo un momento en el que estuve tan desorientada que ni siquiera era capaz de recordar dónde estaba. Mi móvil no dejaba de sonar.
     Podía sentir cómo la sangre bombeaba con fuerza por mis sienes. A pesar de que el agua estaba caliente, tenía frío, como si tuviera fiebre. Podía sentir el calor abrasador que mi propio cuerpo desprendía. Solté la cuchilla y dejé que cayera al suelo con un golpe seco que quedó amortiguado como el silbido de las hojas en primavera.
     Alguien gritó desde fuera.
     Escuché el fuerte golpe de la puerta del baño caer con fuerza al suelo y a Víctor gritar de dolor. No podía verle. Se me había nublado la vista, tenía fiebre, taquicardia y estaba desangrándome.
     — ¡Dios mío! ¡Qué has hecho!— bramó. Me cogió en brazos y ni siquiera tuve fuerzas para agarrarme a su cuello—. ¡Emma! ¡No te duermas!
     — Lo...— susurré—, lo siento.
     — ¡No te vayas! ¡Quédate conmigo!
     Escuché la melodía característica que me indicaba que había un mensaje de Harry esperando a ser leído en mi WhatsApp. La puse porque quería saber cuándo me había hablado y cuál era el momento en el que debía conectarme para poder contestarle.
     «Harry me ha llamado» pensé. «Harry me ha mandado un mensaje»
     Sonreí débilmente y cerré los ojos cuando el corazón me latió tan fuerte que provocó que perdiera la conciencia.

     Entonces supe que podía morir en paz.

22 comentarios:

  1. ¿SE PUEDE SABER A TI QUE TE PASA? JKFLDSÑJFASÑLDFJADSÑLFJA. SÍGUELO, POR DIOS.
    NECESITO SABER QUÉ DECÍA EL MENSAJE DE HAZZA.

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  2. Dear directioner,
    Dios, tan genial como siempre, casualmente en Twitter (@RaquelMarin15) encontré tu maravillosa cuenta, y con ello, un nuevo aviso de capitulo, la mejor casualidad que he encontrado, gracias por estos geniales capitulos.
    Con cariño, Raquel, una directioner de tantas. :) xx.

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  3. Por descontado, siguiente.
    Siguiente capitulo de la novela que me hace sentir escalofrios, tristeza y dolor en este capítulo, la tuya.
    No hace falta que te diga que este capítulo ha sido genial, como todos, ni que me ha encantado, ni nada, se nota.
    Y ahora sí, siguiente por favor, y eso.
    Con cariño, Raquel, una directioner de tantas. :) xx.

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    1. JAJAJAJAJA, cuando lo suba te aviso por twitter.

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  4. Dios Patri. En cada capítulo te superas aún más. Como siempre, me encanta y lo sabes. Siguiente.

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  5. DIOOOOOOOOOS, ¿QUE QUERÍA HARRY? SUBE PRONTO, POR FAVOR.

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  6. Patri un dia de estos me matas enserio. Hecho mucho de menos los momentos con los chicos joo-.- JAJAJA haber si hay suerte y vuelven. No, ahora enserio te has superado. Necesito el siguiente YA enserio. Porfa no lo hagas esperar tanto como este, que se me ha hecho eterno. ^^ Un beso y haber si subes mas pronto!

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    1. JAJAJAJAJA tranquila, los momentos con los chicos volverán pronto.

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  7. ¿CÓMO TE GUSTA VERNOS SUFRIR, EH? QUE SEPAS QUE TE ODIO CON AMOR, NO NOS PUEDES DEJAR ASÍ, SIN SABER QUE PASARÁ CON EMMA NI CON HARRY. SÍGUELA PRONTO, QUE LAS GANAS NOS CARCOME.

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    1. JAJAJAJAJA, ya tengo casi terminado el siguiente.

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  8. SIGUELA, POR FAVOR. NO ME HAGAS ESTO. ¿QUÉ DECÍA EL MENSAJE DE HAZZA?
    DIOS, TU NOVELA ES DE LAS MEJORES QUE HE LEÍDO.

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  9. "Te odio" Esas dos palabras resumen agradablemente lo que siento ahora mismo. Dios mío. Tengo la piel de gallina, pero Victor sigue sin gustarme. Tía, y Harry. Por fin supo que Emma no había hecho nada (como no sea eso te mato) ay. Siguiente pronto, plz <3

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    1. No se tú, pero es que a mi Víctor me pone mucho. JAJAJAJAJAJA.
      Espero poder subirlo mañana :3

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  10. ME ENCANTA. La miro todos los dias haber si has subido capitulo nuevo:)

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  11. Dios como te odio ahora mismo como has sido capaz de hacer esto quiero que todo vuelva a ser como antes venga venga que llegas tarde!! Muero por dentro quiero el siguiente ya!!

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  12. aaayyy dios mio; me quieres matar
    me estoy mordiendo las uñas y todo! jajajaj
    como te quiero tonta

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    1. Lo mejor que me ha pasado es que tu la leyeras, dios <3

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  13. QUE EMMA NO SE PUEDE MORIR, HOSTIA YA.
    ¿Y HAZZA? ¿QUÉ VA A PASAR CON ÉL?

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  14. Qué intenso, tía. Con lo de las drogas y tal le has metido una gran carga psicológica, emocional. Antes ya la tenía, pero la has mejorado (si es posible). Dios. Bravo.

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  15. Me he leído tu novela como 4 veces, siguela por favor, estoy deseando saber qué va a pasar esta vez:)

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