miércoles, 31 de julio de 2013

Capítulo 17 | Fireproof


Sábado, 24 de mayo

     Podía escuchar susurros y máquinas. Todo era negro. Jamás de los jamases había imaginado que el famoso Cielo al que iban todos los muertos eran tan tenebroso. Pude darme cuenta de que podía abrir los ojos. Los entreabrí y un haz de luz se coló entre mis párpados.
     Los volví a cerrar de inmediato.
     — Se está despertando— susurró alguien.
     Aquel era San Pedro. Estaba casi segura de que era San Pedro que encendería la luz del cielo y me dejaría pasar. Volví a abrir los ojos y vislumbré una habitación de lo que parecía... ¿un hospital? Paredes, techos y suelos lisos.
     Estaba un hospital.
     — ¿Emma?— era una voz ronca. Ronca y distante.
     Cerré los ojos y los volví a abrir para aclimatarme a aquella brillante y dolorosa luz.
     No era capaz de recordar nada. ¿Cómo había llegado allí?
     Giré la cabeza sobre la almohada y pude ver que en el brazo derecho tenía dos vías que me metían sangre y alguna clase de fármaco. Mis muñecas estaban envueltas con una venda suave y blanca, al igual que tenía un enorme apósito en el antebrazo. Sentía el estómago vacío y los latidos de mi corazón, acompañados por los ruidos desagradables de aquellas maquinuchas, eran dolorosos como cuchillos.
     Cuchillos...
     Cuchillas.
     Cerré los ojos de nuevo y recordé todo lo que había ocurrido: tomé unas pastillas, me inyecté heroína, me había cortado y había muerto. Aunque si efectivamente hubiera muerto, yo no estaría en un hospital. Tal vez fuera el hospital del Cielo y San Pedro no tardaría en darme el alta.
     — Emma— musitó mi madre, acariciándome la frente, y rompió a llorar.
     Mamá estaba a un lado de la camilla. A los pies de la cama, papá me miraba de brazos cruzados, impasible, y Víctor estaba a su lado. En sus ojos verdes pude ver alivio y enojo. Chad estaba en el lado izquierdo de la cama, aferrándose con fuerza a mi mano.
     — Gracias a Dios— susurró él.
     — Chad— fue lo único que alcancé a decir antes de cerrar una vez más los ojos. Aquella luz era insoportable. A pesar de ello, hice el esfuerzo de volver a abrirlos—. Chad.
     Pude ver su rostro a través de mis ojos entrecerrados. Les hizo una seña con la cabeza a los demás y me quedé a solas con él. El ruido era insufrible y me pitaban los oídos.
     — ¿Dónde estoy?— pregunté en un susurro muy débil y apenas audible.
     — En la UCI— Chad se aferró con fuerza a mi mano y me besó la palma—, por el riesgo de una arritmia grave.
     No contesté.
     — Llegaste con hipertermia, arritmia y asistolia— me informó—. Sobredosis de diacetilmorfina, MDMA, desangramiento y arritmia grave. Víctor dijo que también convulsionaste cuando estabas en su coche. Si no llega a ser por él, lo más posible es que...— se le quebró la voz y bajó la cabeza—. Eres una jodida inconsciente, Emma.
     — No.
     — Sí. Si no llega a ser porque Víctor te trajo aquí ahora mismo podrías estar muerta, Emma— estaba muy enfadado—. Joder, una cosa es huir de un sitio para buscar una vida mejor, pero el suicidio no es ni de lejos una solución, Emma.
     — Chad...
     — Déjalo, Emma— agitó la cabeza.
     — No digas mi nombre en cada frase— gruñí con una débil y susurrante voz—. Pareces uno de esos aprendices de PNL que se creen que así el interlocutor se siente comprendido.
     — Si lo hago es para que te entre en esa puta cabeza que estoy enfadado. Por supuesto que me quitaron un enorme peso de encima cuando los médicos dijeron que te salvarías, pero eso no quita que esté furioso contigo— me reprendió. Tomó aire—. Madison está fuera con Elliot. Mamá perdió el conocimiento por el shock post-traumático y jamás había visto a papá tan enfadado. Ha venido mucha gente a verte. Mick estaba destrozado porque decía que no fue capaz de protegerte.
     Giré la cabeza hacia el otro lado. Las lágrimas me escocían como el propio ácido en los ojos. No sabía si por seguir aún viva o por el dolor que me causaba haber provocado ese miedo en la gente que más me importaba.
     — ¿En qué pensabas cuando lo hiciste, Emma?— no contesté—. Mírame cuando te hablo— me sujetó por las mejillas y me obligó a hacerlo—. He dicho que en qué cojones estabas pensando, Emma.
     Seguí sin contestar.
     — ¡Que en qué cojones pensabas!— terminó por gritar y varias enfermeras clavaron la mirada en él. Chad bajó la presión y se pasó la mano por las lágrimas que se le habían escapado—. Lo siento.
     — Solo quería que...— sollocé—, que este dolor terminara.
     Se puso en pie, de espaldas a mí y de cara a la ventana, y lloró durante algunos minutos. El corazón se me contrajo al escuchar sus sollozos.
     Se dio la vuelta y se sentó a mi lado de nuevo.
     — Llevas inconsciente tres días. Sergio ha tenido que hacer varios comunicados a la prensa. Los medios se están relamiendo con todo esto. Han sido los tres peores días de toda mi jodida vida— terminó por admitir. Comenzó a pasear los dedos por el apósito de mi antebrazo y las vendas que cubrían mis muñecas.
     Cuando se está tan vacía e insatisfecha como yo lo estaba, no cuesta mucho aceptar riesgos. Si no hay nada que perder, a veces se toman decisiones intrépidas.
     — Emma, has intentado huir en la dirección equivocada— me aseguró—. Cuando piensas que no eres lo bastante buena o que no mereces nada bueno no sólo te perjudicas a ti misma, sino también a las personas que te rodean.
     Dicho aquello, me besó en la frente con los ojos bañados en lágrimas y salió de la habitación de Cuidados Intensivos.

Sábado, 12 de julio

     El sol veraniego había agravado los colores de los árboles que adornaban la entrada de aquella mierda de sitio. «Cuatro arbolitos y un par de flores no van a hacer de este lugar un castillo de princesas» pensé.
     Hacía algo más de un mes —concretamente cuarenta y ocho días— desde que me desperté en la UCI del hospital y me recibieron las miradas enfurecidas y aliviadas de mi familia. Cuando los médicos les informaron a mis padres que aquella no había sido la primera vez que tomaba drogas, sino que había estado enganchada a ellas durante meses, papá decidió que debía ingresar en un centro de desintoxicación. Yo era algo más práctica que todos ellos y lo llamaba psiquiátrico.
     Me chutaban calmantes cada vez que me alteraba y no me dejaban salir de mi habitación. Desde que estaba interna en aquel asqueroso lugar, no dejé que nadie pudiera visitarme a excepción de mi hermano, Víctor, Dani y poca gente más.
     Mi táctica era, simplemente, esperar con paciencia a la hora de mi muerte.
     Los médicos me habían explicado varias veces en qué consistía en tratamiento de desintoxicación, formado por cuatro fases: la primera era la desintoxicación, en el que los médicos me proporcionaron fármacos para evitar el síndrome de abstinencia. La segunda era la deshabituación, en la que me diseccionaron el comportamiento y los valores, haciéndome partícipe de mi realidad. Me inculcaron una compresión total sobre la enfermedad —tanto de la adicción, como de la depresión y mi tendencia suicida—, llegando de esta forma a la aceptación de la misma. La tercera fase consistía en la famosa rehabilitación en la que —supuestamente— se iba a modificar mi forma de afrontar la vida, consiguiendo una seguridad personal y emocional, adquiriendo, de esta forma, unos valores personales apropiados. El médico me dijo que en esta fase se conseguía un crecimiento interior. La cuarta y última fase eran los seguimientos tras el alta terapéutica en la que debería acudir a terapias externas.
     Yo me había quedado atascada en la tercera fase.
     Desde el principio sabía que estaba enferma, ¿y? Los médicos no eran capaces de darse cuenta de que yo no quería salir de allí. No quería enfrentarme a todo lo que me esperaba fuera.
     No quería vivir.


     Eran las dos y media de la tarde. Cogí un pequeño calendario que tenía sobre la mesilla y el bolígrafo. Taché el día doce de julio y debajo apunté: «cuarenta y tres días». Aquel era el tiempo que llevaba ahí metida.
     Me tumbé sobre la cama y miré al techo cuando una voz familiar con un fuerte acento irlandés me resonó en la cabeza. Me incorporé por la sensación de haber escuchado a Niall, pero rápidamente aparté esa idea de mi cabeza y me tumbé de lado. A veces no lograba distinguir los sueños de la realidad.
     Un rato después, Víctor abrió la puerta con una de sus mejores sonrisas en el rostro, razón por la que yo solía estar “estable”. Había estado conmigo desde que me ingresaron e iba a verme todos los días. Bromeaba conmigo y no me recordaba dónde estaba. Hubo momentos hasta en los que llegué a pensar que papá pagaba a Víctor para que estuviera conmigo.
     Llevaba una gran bolsa WC en la mano derecha y en la izquierda sus gafas de sol. Dejó la bolsa sobre el sofá de piel que había frente a mi cama y se quitó la camisa a cuadros, quedándose tan solo con una camiseta gris. Llevaba puestos unos vaqueros por las rodillas —que le quedaban perfectamente— y unas Vans granates.
     Me dio un suave beso en la frente.
     — No has comido— me recriminó, mirando la bandeja de la comida que había sobre una mesita al lado del sofá.
     — No tengo hambre.
     — Han venido a verte los One Direction— soltó de sopetón sin mirarme a los ojos mientras se remangaba la manga izquierda de la camiseta, dejando al descubierto unos trabajados brazos.
     — ¿Qué?— pregunté y me incorporé por la sorpresa.
     — Pero se han ido— añadió en un susurro.
     Mi moral volvió a decaer. Estaba deprimida y en mi química corporal surgían una serie de cambios rotundos. En apenas segundos podía pasar de un estado a otro. Podía llegar a tener bipolaridad, estar eufórica, contenta y en unos momentos, por culpa de los recuerdos malos, volver a un estado de tristeza extrema. Realmente no existía una fórmula exacta para superar la depresión y tristeza más fiable que el propio tiempo, aunque yo en realidad no quería superarlo.
     Desde que había ingresado en aquel centro de desintoxicación, había intentado abrir las cicatrices de mis muñecas varias veces. Es más, hubo una ocasión en la que lo conseguí con el tenedor de la comida un par de semanas atrás. Aún no alcanzaba a entender cómo lo había conseguido. Tuvieron que darme cubiertos de plástico y quitarme mi frasco de perfume por ser de cristal. Finalmente, llegué a convencerme de que no volvería hacer nada. Simplemente esperar.
     Tenía las muñecas vendadas.
     — He hablado con ellos durante un rato. Me han dicho que te mejores.
     — Ah.
     Víctor dudó un momento y metió la mano derecha en el bolsillo trasero de sus vaqueros. De él sacó un trozo de papel improvisado, similares a los que los alumnos se suelen pasar en clase con sus amigos.
     — Harry me ha dicho que te lo dé— me informó de inmediato—. Antes de que se fueran a ir pidió a una de las enfermeras un papel y un bolígrafo. Después me lo dio. Por lo visto, ayer tocaron en el Calderón y hoy tienen el día libre. Mañana tocan en Portugal.
     Abrí la nota y, efectivamente, era su letra: era la letra de Harry. El mensaje era conciso y claro.


          «Jamás pensé que pudieras llegar a ser tan débil. Me has decepcionado»

     Una rabia me recorrió por dentro, propagándose por mis venas. Él no sabía nada de todo lo que tenía que soportar. No sabía lo que era ser criticada por millones de personas, acosada por cientos de paparazzi y el centro de miradas de todo el mundo, ¿y tenía los huevos suficientemente grandes para llamarme débil? ¡Era él el que no había tenido los cojones de entrar a verme!
     Arrugué la nota y me pasé la mano derecha por la mandíbula mientras —cómo no— rompía a llorar de nuevo. Víctor se aproximó a mi y me abrazó con fuerza contra él. Al principio lo agradecí, luego me di cuenta que no quería verle. No quería ver a nadie.
     — Víctor, vete.
     — Emma... — susurró casi suplicante.
     — ¡Que te largues!— grité furiosa—. Por favor— terminé por musitar sin mirarle.
     Cogió su camisa en silencio.
     — En esa bolsa tienes la sudadera que me pediste que te trajera. Fue la primera que encontré en tu armario. Y te he comprado algunas tabletas de chocolate con leche. Pensaba que tal vez te gustaría comer algo que no fuera esa basura.
     Dicho aquello me dedicó una sonrisa, me dio un beso en la frente y salió de la habitación. Abrí la bolsa y los espasmos del llanto se hicieron incontrolables: me había llevado la sudadera de Harry.
     A pesar de que estábamos en pleno mes de julio, por las noches pasaba frío y más de una vez había tenido que dormir encogida bajo las sábanas. Le pedí que me llevara una sudadera y, precisamente, había cogido aquella. Me la puse y su olor seguía impregnado en la tela, por mucho que se hubiera lavado. Me tumbé en la cama boca abajo y lloré desconsolada como aquella noche en Coniston, con la diferencia de que no estaba en Coniston y Harry no iría a consolarme mientras sollozaba. Era esclava de mis emociones. No podía controlar la tristeza, ni la frustración, ni la ira.
     Nada.
     Era una simple receptora.


     Bien echada la tarde se me pasó el berrinche. Estaba tumbada boca arriba sobre la cama — allí dentro no tenía otra cosa mejor que hacer— con las piernas cruzadas cuando la puerta se abrió sin aviso previo. Papá asomó la cabeza. Quise protestar, pero él me interrumpió.
     — Sé que no quieres verme— dijo—, pero he traído a una persona muy especial con la que posiblemente quieras hablar.
     Me incorporé.
     Acto seguido, entró en la habitación la persona a la que más admiraba en el mundo, mi gran ejemplo a seguir. La fuerza y valentía en persona. Llevaba unos leggings negros, una camiseta blanca y una camisa a cuadros. Su pelo iba recogido en un moño a medio hacer en lo alto de la cabeza y su sonrisa era resplandeciente.
     — ¿Demi?— musité.
     Fue lo único que logré decir. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Se acercó a mí y me abrazó con fuerza. No me lo podía creer. Demi estaba allí.
     — ¡Largo de aquí, Arthur!— bromeó ella. Mi padre sonrió y cerró la puerta de la habitación para dejarnos solas. Ella se giró y me miró a los ojos, sentándose en un borde de la cama.
     — No lo hagas— soltó de repente.
     — ¿El qué?
     — Decaer. Ser débil. Dejarte influenciar por los comentarios de los medios o las fans. Dejar de luchar— empezó a enumerar—. ¿Quieres que siga?
     — No puedo. No puedo salir adelante— las lágrimas volvían a asomar a través de mis ojos pero esta vez me obligué a no llorar. No delante de ella—. Cuando creo que puedo hacerlo; cuando creo que puedo conseguirlo, todo se viene abajo. Se hunde y yo no puedo evitar hundirme con ello.
     — ¿No quieres o no puedes?— no contesté—. No eres tan débil como imaginas, Em— me aseguró.
     — Pero tampoco soy tan fuerte como tú piensas.
     — ¿De verdad tienes la intención de quedarte en esta mierda de lugar sin hacer nada?— por el tono de su voz pude apreciar que era una pregunta retórica—. Las cosas no están tan mal como tú crees.
     — Están aún peor— repuse.
     — No. Hace unos días hablé con Niall por teléfono. Él no deja de darle vueltas a la cabeza en busca de algo a lo que aferrarse con tal de no creer que hayas sido tú— me cogió de las manos—. Niall confía en ti. Y Zayn también— me aseguró—. Los chicos… aún piensan en ti. Mira esto— saco un iPhone de su bolso, conectó los cascos y me tendió uno—. Esto es una canción para el cuarto álbum que van a publicar en noviembre. Se llama Fireproof. No se ha estrenado aún. Niall me la pasó en cuanto la grabaron.
     — A prueba de fuego— susurré como para asimilarlo.
     — La ha compuesto Harry— sonrió y pulsó sobre el play.
     De repente, la melodía de una guitarra, los golpes de batería y las voces de los chicos hicieron que se me encogiera el corazón. 

'Cause nobody knows you baby the way I do
And nobody loves you baby the way I do
It's been so long
It's been so long
Maybe you are fireproof
'Cause nobody saves me baby the way you do

     Después de tres minutos escuchando sus voces de nuevo, sintiendo la fortaleza de ellas y escuchando su letra, todo a mi alrededor había adquirido algo más de color. Demi quitó los cascos, los enrolló y los volvió a guardar en su bolso junto con el móvil.
     — Creo que voy a perder la cabeza— comenzó a enumerar las frases que había dicho Harry a lo largo de la canción—, hay algo dentro de mi a lo que no puedo renunciar, tal vez seas a prueba de fuego…— sonrió—. Harry aún te quiere o, en un caso paralelo, aún le importas. A los chicos aún les importa.
     — ¿Crees que…
     — ¿Pensaban en ti?— me interrumpió—. Sí. Niall me lo dijo— Demi sonrió débilmente y paseó una de sus manos por mi mejilla—. Estoy segura de que alguien quería acabar contigo y por eso ha montado este complot. Alguien te odia lo suficiente como para querer verte morir. Y casi lo consigue. No puedes darle esa satisfacción, sea quien sea.
     Las lágrimas comenzaron a descender por mis mejillas.
     Desde que estaba en aquel sitio, mis sentimientos estaban a flor de piel y las lágrimas siempre estaban asomándose en busca de una salida.
     — Aquel día fue una locura— me informó de inmediato—. El día que pasó todo esto. Primero escribiste aquellas barbaridades y Twitter se revolucionó. Después salió en televisión que habías sido ingresada de urgencia por auto-lesiones y una grave sobredosis. Has de saber que muchas de sus fans crearon un trending topic. Es más, se han creado más de dos y tres que han llegado a ser mundiales durante horas.
     — ¿De verdad?— musité.
     — Sí, Emma. Y ahora te lo vuelvo a preguntar: ¿De verdad piensas quedarte en esta mierda de lugar sin hacer nada? Aquí dentro ni ayudas a tu padre a resolver las cosas, ni te ayudas a ti misma.
     — ¿Mi padre?— pregunté sorprendida—. Mi padre jamás…
     — Tu padre puede resultar frío y adusto— me interrumpió—, pero te quiere. De una manera peculiar, pero lo hace. Eres su hija pequeña y para él lo significas todo. Te exige mucho porque sabe que puedes hacerlo y te presiona porque él confía plenamente en tus habilidades— se detuvo y me cogió por la barbilla—. Emma: eres todo su mundo.
     Me sorbí la nariz y me volvió a mirar muy seria.
     Cogió una de mis muñecas y comenzó a quitar la venda con cuidado, que dejó al descubierto una cantidad innumerable de cortes sin cicatrizar de colores rosa pálido y marrón. Ella se remangó su camisa y colocó su muñeca derecha al lado de la mía. En ella se podía leer «Stay» tatuado a tinta negra sobre su piel que escondía decenas de cicatrices.
     «Stay Strong».
     — ¿Te has dado cuenta? No somos tan diferentes al fin y al cabo— manifestó mirándome a los ojos—. No puedes quedarte aquí, Emma. Sé lo mal que se pasa dentro de estas cuatro paredes. No es fácil estar deprimida y ver cómo a tu alrededor todo el mundo sigue con su vida mientras tú estás encerrada en ti y no puedes hacer nada por seguir a delante. Sonríes, intentas hacer ver a todo el mundo que todo está bien. Que tú misma estás bien, pero no es cierto. Vives en una gran mentira.
     — Demi…
     — Mi madre siempre decía una cosa: «A veces no gana el mejor, sino el que está estratégicamente más convencido». No has ganado porque alguien estaba convencido de poder acabar contigo— me interrumpió—. Si yo he podido hacerlo, tú también lo harás. Cada corte que tienes en las muñecas debe ser una razón más para salir de aquí. Y por lo que veo, tienes bastantes— intentó bromear y se levantó de la cama. Abrió su bolso, apuntó algo en un bloc de notas y me lo tendió. Era su número—. Si necesitas hablar con alguien, solo tienes que llamarme.
     — ¿Confías en mi?
     — Más de lo que tú piensas— contestó sonriendo.
     En su rostro claramente pude contemplar el dolor y al mismo tiempo la fortaleza dibujados a fuego. Nunca una sonrisa había sido tan fuerte y sincera. Entonces desplazó su mirada hasta la mesilla y vio mi iPhone apagado. Sacó un cargador del bolso y lo enchufó en la pared para ponerlo a cargar.
     — Como los médicos me vean hacer esto terminarán por echarme de una patada— bromeó—. Quiero que sepas que tenemos que quedar un día para tomar unas copas cuando salgas de aquí, así que espero que sea dentro de muy poco.
     Me dedicó una última sonrisa, me dio un fuerte abrazo y salió de mi habitación.
     Me tumbé sobre la cama y fue cuando me di cuenta de todo; lo asimilé casi de golpe. No podía seguir por ese camino. No solo me estaba haciendo daño a mí misma sino a todas las personas que me rodeaban.
     Entré en twitter.
     #StayStrongEmma había sido trendig topic el día siguiente de que la pesadilla comenzara, cargado con millones de mensajes esperanzadores. Entré a las cuentas de twitter de los chicos, busqué entre sus tweets y lo vi. El corazón me latió con fuerza. Zayn, Liam y Louis habían twitteado el hashtag a secas. Niall había escrito:


          «La peor noticia que me han dado en muchos meses. Todos estamos contigo. Puedes hacerlo. Puedes salir adelante. #StayStrongEmma» 

     Harry, por su parte, fue un poco más escueto:

          «Eres más fuerte que todo esto y lo sabes. Estamos contigo. #StayStrongEmma»

     Cerré los ojos y tomé una tibia y profunda calada de aire. Era satisfactorio descubrir que realmente no estaba sola. No solo las grandes fortunas o las más conocidas celebridades, sino de las fans que eran conscientes de lo que habían hecho y tenían la mínima decencia de disculparse por ello. Era bonito saber que había gente a mi lado que estaba dispuesta a ayudarme. «Claro que puedo salir adelante. Claro que puedo hacerlo» pensé. «No estoy sola»
     Sujeté el móvil con fuerza y dejé que mis dedos escribieran por instinto.

          «A veces, cuando estamos enfadados, decimos cosas sin pensar»

          «Siento muchísimo si he ofendido a alguien. No fue mi intención»

          «Estoy viva y voy a salir de esta. Muchas gracias por todo vuestro apoyo. No sé cómo agradecéroslo»


     Me sorprendí a mí misma cuando mis interacciones se vieron revolucionadas de inmediato. No recibí un solo tweet ofensivo, o al menos yo no lo vi entre los cientos de miles que recibía cada diez segundos de apoyo. Muchas chicas se disculpaban, otras tantas me escribían más mensajes de apoyo con nuevos hashtag y las críticas eran apenas visibles. Había ganado más un millón de seguidores y alcancé los casi siete millones. Mi vida había vuelto a la normalidad. 
     Recordé una de las frases que decía Louis en Fireproof. Era algo como: I think I'm gonna win this time. Riding on the wind and I won't give up”. Ganaría. Realmente iba a ganar aquella vez.
     Solo tenía que ser fuerte.
     Supe que lo sería.


          «Saldré adelante» escribí, «os lo prometo»


     Aquella noche pude dormir sin necesidad de somníferos.
     Una ráfaga de aire frío me recorrió el cuerpo. Me acurruqué como una niña de cinco años, tapándome las manos con las mangas de su sudadera y acercándolas a mi nariz. El olor a Harry me tranquilizaba y me hacía sentir protegida, como si él aún estuviera conmigo. Todavía podía olerle. Un aroma tan fuerte que era como si pudiera estar a mi lado observándome desde la oscuridad.
     Sentí el contacto de unos largos dedos con los míos. Estaba tan cansada que no podía ni siquiera abrir los ojos. A continuación, percibí un suave beso en la frente y una sutil caricia. Después otro beso en la mejilla y una caricia por el cuello.
     Necesitaba despertarme, necesitaba saber quién era aquella persona, pero ni siquiera sabía si era un sueño. Posiblemente fuera aquello: un sueño.
     Por último, percibí un suave y dulce beso en la boca perteneciente a unos labios que había probado antes. Le siguió una nueva caricia. Escuché el ruido de la puerta cerrarse y no volví a sentir nada extraño hasta la mañana siguiente que me levanté.
     Me restregué los ojos y vi que encima de la mesilla había algo totalmente irreconocible y que no estaba ahí la noche anterior cuando me metí en la cama. Era una caja de bombones de chocolate y una nota.
     La abrí y sonreí.


          «Emma, tienes que ser fuerte. Tienes que salir de aquí y yo sé que puedes hacerlo. Te conozco, confío en ti y sé que lo harás. No eres tan estúpida como para dejar que echen tanta mierda sobre tu reputación. Quiero que recuerdes aquel primer día de compras juntos, cuando me dijiste que si sabes quién eres, todo el mundo lo sabrá. Emma, para salir de esa horrible pesadilla, primero has de encontrarte a ti misma. Confío en ti.»

     Era la letra de Harry.
     Un escalofrío me recorrió la columna vertebral y las mariposas que solía sentir en el estómago cuando le conocí se reactivaron de nuevo con una intensidad mucho mayor. Más que mariposas enamoradas, parecían abejas asesinas. Guardé la nota y salí en busca del médico. Tenía que salir de aquel lugar como fuera.


     Tenía que demostrar que estaba hecha a prueba de fuego.

15 comentarios:

  1. Lo primero muchísimas gracias por avisarme, enserio.
    Después, me gustaría ddecirte que tu de por sí escribes genial, pero con este capítulo te has superado.
    La aparicion de Dems.., jo, Demi es alguien que me encanta, me siento identificada con muchas de sus canciones, que salga en tu novela es genial.
    Que no digo que por este suplemento de poner a Dems me guste, de por si ya me gustaba, pero con esto te superas.
    Y eso, que me encanta realmente como escribes, como narras, como me haces sentir felicidad, tristeza, dolor..
    Gracias por este genial capítulo, siguiente,
    esperaré lo que sea necesario, pero sube.
    Pd;Ni se te ocurra dejarlo.
    Raquel, una directioner más de tantas. xx.

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    1. Eres un maldito amor, dios.
      Muchísimas gracias por todo, corazón :) xx

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  2. Te has superado. Pensé que era imposible después de la movida del a filtración de la canción, pero esto es demasiado.
    Sigue escribiendo porque esto es lo tuyo.

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  3. SOLO PUEDO DECIRTE ALGO SOBRE EL CAPÍTULO: PER - FECT.
    No puedo creer que los chicos hayan ido a visitarla. ¿Y DEMI? Dios, morí con esa parte, srsly. Realmente, debo decir que envidio demasiado a Emma, a pesar de todo, conoce a los chicos, tiene dinero, conoce a Demi, tiene un ex novio que es un bombón .. También pensé que Harry no podía ser más perfecto, pero con lo de los bombones y la nota ha roto todos mis esquemas. Por cierto, en el próximo todas esperamos un reencuentro 'Hemma'. Síguela cuando puedas :D

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    1. Créeme, yo también envidio a Emma muchísimo.
      Muchísimas gracias por leerla, de verdad <33

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  4. Es genial esto, sinceramente lo encontré de casualidad, vi que lo publicaste en twitter y empece a leerlo, me hacia muchísima falta leer otras novelas sobre ellos. Me gusta muchísimo, es genial!! Seguila lo antes posible y cuando puedas!!

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  5. Tu novela es simplemente perfecta, cada vez me tienes más enganchada, sube pronto por favor, un beso <33

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  6. Hola me encanta tu novela no puedo dejar de leerla, no tades mucho en subir el siguiente capitulo por favor no puedo esperar a saber lo que ocurrira:) besos

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  7. Esta novela es genial, muero de amor por ella. Cuando ocurrió lo de la filtración pensé "mucho se lo tiene que currar para que quede bien" y lo has echo. Eres genial, escribes muy bien enhorabuena.

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  8. A ver... ¿Cómo describir este capítulo sin quedar como una paleta a tu lado? Escribes maravillosamente bien. Me transmites tanto con cada palabra que tengo la piel de gallina. Estos últimos capítulos han sido muy emocionales y expresar eso es realmente complicado. Pero adivina qué. Lo haces de maravilla y tu novela es de las mejores que he leído. Y he leído muchas en estos años jajaja Eres una escritora increíble y una persona maravillosa que nos emociona con cada capítulo. Dios. La visita de Demi ha sido tan Dios. Y lo de los chicos. Y lo de Harry. Y todo. Ay, quiero que hablen y que todo vuelva a ser como cuando estaban juntos porque se quieren y Ems va a superar todo eso. Dios. Sufro jaja Siguiente y gracias por escribir <3

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    1. Dios, eso digo yo. Dios.
      Muchísimas gracias por leerla. No sabes lo mucho que adoro comentarios como el tuyo. Me ayudan a seguir escribiendo porque la sensación de saber que hay gente que lee lo que escribes es totalmente increíble.
      Muchísimas gracias, de verdad.

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  9. Ahí dios. Esta novela me volvió una adicta. Seguí escribiendo, escribes genial! Espero el cap. comiéndome las uñas, ah. sadakshdfsajd

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  10. Hola, me paso por aquí para pediros un pequeño favor, me haríais muy feliz si os pasáis a leer mi novela, esta basada en One Direction y la empecé hace poco su enlace es: http://yourkissesaremydeath.blogspot.com.es Si podéis pasaros por favor, un besito <333 Pd: Si no la encontráis por el enlace buscadla por el nombre, se llama Nothing Like Us y está hecha en blogger, gracias por vuestra atención :) Pd2. Cielo me encanta cómo escribes, cada capítulo tiene algo que engancha más a tu nove, sube pronto, un beso <33

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  11. Eres simplemente increíble. Nunca dejes de escribir. Estoy llorando acurrucada en el sofá, demasiados sentimientos para mí ♥ Adoro tu novela cielo.

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