martes, 2 de julio de 2013

Capítulo 9 | Up All Night



Viernes, 8 de noviembre 


      Apenas había abierto el grifo de la ducha, cuando me llamaron al móvil. Tuve que cerrarlo y envolverme en una toalla.
      — ¿Sí?
      — Buenas noches, nena— contestó Harry—. ¿Qué hay?
      — ¡Harry!— me mordí el labio inferior—. Ya me he enterado de que habéis terminado la gira. Al final todo bien, ¿no?
      — Todo genial— respondió él—. Terminamos la gira el domingo de la semana pasada y llevo desde entonces metido en la cama. Estaba hecho polvo.
      — Cinco días metido en la cama.
      — Una cama un poco grande para mí solo— susurró—. Te llamaba porque mañana va a haber una fiesta en Fabric, en Charterhouse St., por la zona de Farrigdon— explicó—. Me han dicho que puedo llevar a quien quiera y a mí me apetecía llevarte a ti.
      Sonreí.
      — Genial— murmuré y quedamos en silencio—. Tengo ganas de verte.
      — Yo también a ti— contestó él—. He puesto las fotos que nos hicimos en la premiere de la película en mi habitación. Llevamos sin vernos desde que terminamos la gira americana. Hace ya..., dos meses. No sé tú, pero eso es toda una eternidad.
      — Lo es.
      — Mañana te veo, preciosa.
      Colgué el con una sonrisa tonta dibujada en la cara.
      Era increíble lo que en los nueve meses en los que los chicos habían estado de gira, nuestra amistad pudo crecer.
      En mayo, tal y como acordamos, fui a Madrid. Llegué el domingo diecinueve de mayo. Al día siguiente acudí a una Junta General Ordinaria de Wells Records y yo —como una de las mayores accionistas con un ocho por ciento de titularidad— debía ir. Después de más de tres horas de reunión, Chad insistió en invitarnos a Madison y a mí a cenar al restaurante de lujo DiverXO, cerca de Tetuán.
      El día veinticuatro asistí al concierto de los chicos en el Palacio de Vistalegre. Aquella noche salimos a tomar algo por allí cerca y pasamos toda la mañana del día 25 juntos. Apenas pudieron salir del hotel, ya que cientos de fans se reunieron en la puerta del Eurostars, impidiendo la más mínima escapada.
      Desde el día veintiséis de mayo al ocho de junio tuvieron días libres y me invitaron a pasar con ellos unas pequeñas vacaciones en Los Angeles. La electricidad entre Harry y yo alcanzaba puntos insospechados, pero él no dio el paso durante aquellos días —no fue por falta de ocasiones—, así que yo tampoco.
      El siguiente puente lo tuvieron desde el diez de agosto al veintitrés de septiembre. Harry pasó un par de semanas en Holmes Chapel con su familia y yo pude compartir un par de buenos ratos con Niall y Louis, tanto como en su casa como en la mía. Fueron unos cuantos días de lo más entretenidos.
     Sí. Definitivamente eran mi nuevo grupo. Mi nueva gente. 
     Mi nueva vida.



      El treinta de agosto fue el estreno de This Is Us y los chicos me invitaron a la premiere. Era un cálido día de agosto, el cielo estaba despejado y la temperatura superaba los veinticuatro grados. Desfilé por la alfombra roja, posé ante los cientos y cientos de paparazzi que se congregaron allí e incluso a firmé autógrafos para sus fans.
      Louis había empezado a salir con Eleanor, la chica de Mánchester, y Liam y Danielle lo dejaron. No fue por discusiones, sino por simples diferencias. Había empezado a salir con Sophia, que no quiso pasar por delante de todas las fans. Sin embargo, Els sí y las dos recorrimos juntas toda la alfombra roja. Después de un buen rato, Harry me llamó para que los medios nos fotografiaran juntos.
      — ¿No querían algo de lo que hablar?— me dijo al oído, mientras los flashes de cientos de fotógrafos resonaban en toda la Avenida. Harry me sujetaba con fuerza por la cadera. Yo sonreí—. Pues con esto ya tendrán para hablar durante un mes entero.
      Después de estar más de una hora sobre la alfombra roja, las chicas y yo entramos en el auditorio, dejando que fueran los chicos los que acapararan toda la atención que se merecían. Dentro tuvimos la oportunidad de hacernos fotos juntos.



     Después de que se estrenara la película, fuimos directamente a Soho donde se celebró una fiesta VIP con toda clase de personalidades destacadas. Durante la fiesta, Harry y yo estuvimos la mayor parte del tiempo juntos. Cuando no estábamos jugando con nuestras manos, nos susurrábamos cosas al oído o nos insinuábamos de todas las maneras posibles.
     Pero una vez más, no pasó nada. ¡Y eso que es en todas las fiestas cuando surgen los besos! Nada, absolutamente nada. Harry no fue capaz de dar el paso.
     Era mi turno. 



Sábado, 9 de noviembre 


     Aquella tarde era la fiesta en Fabric. Entré desnuda en mi dormitorio y contemplé el carísimo vestido que me pondría aquella noche.
     Era un vestido de Wells Clothes de tonos brillantes de corte asimétrico con el que dejaba toda la espalda al desnudo resaltando mi bronceado y unos salones de Jimmy Choo. Mi maquiladora y estilista me lo había llevado — y por supuesto elegido la ropa— aquella misma mañana y me ayudó a peinarme y maquillarme.
     En la puerta de mi edificio me esperaba el nuevo coche que me había comprado: un precioso Porsche Cayenne negro. Había sustituido mi preciado Audi por aquella monstruosidad hacía algunas semanas y era la primera vez que lo “conduciría” en un acto “oficial”.
     En realidad me llevaría uno de los guardaespaldas y chófer de Wells Records que trabajaba en la sucursal de Londres y estaba dispuesta a pagar día sí y día también para que se convirtiera en mi sombra. Después de conocer a los chicos, lo último que quería era salir sola a la calle y que crías con menos de un dedo de frente se me echaran encima.
     Era el típico escolta de dos metros de altura, espalda ancha, voz grave y brazos tan grandes como el cuello de una persona normal. Sin embargo, era simpático.
     — Buenas noches, Mick— le saludé en cuanto entré en la parte trasera del vehículo.
     — Señorita Wells— me sonrió—. ¿A Fabric? 
     — A Fabric— asentí.
     Estaba dispuesta a disfrutar de la fiesta y estar despierta durante toda la noche.


     — Cuando quiera volver a casa, llámeme.
     — Siempre lo hago— le contesté a Mick con una sonrisa y me bajé del Porsche.
     En la puerta del club estaban esperando Perrie y Sophia con abultados abrigos y me lanzaron una sonrisita. Els estaba estudiando para unos exámenes y no podía asistir. Los medios estaban tras unas vallas de seguridad.
     De todas maneras había varios escoltas del club cerca de nosotras.
     — Vienes muy guapa— manifestó Perrie guiñándome un ojo.
     — ¿Os habéis visto vosotras?— contesté yo.
     Sophia se había alisado el pelo y lo peinó recogido en un elegante moño. Llevaba un vestido largo de color rosa palo. Perrie, por el contrario, lucía una falda negra muy ceñida y el pelo rubio como el mismísimo sol.
     — ¿Sabes algo de los chicos?— preguntó Sophia—. Liam no me contesta.
     Sentí un escalofrío y me subí el cuello del chaquetón.
     — Tienen que estar al...— alguien me interrumpió, tapándome los ojos por detrás. Por el tamaño de las manos y el perfume, deduje que era Louis—, llegar.
     En efecto, era él.
     Nos fundimos en un fuerte abrazo todos con todos. Harry me dio la mano y me lanzó una sonrisita de lo más encantadora.
     Antes de entrar a la fiesta, tuvimos que posar en el photocall que había en la entrada, donde decenas de medios de comunicación esperaban ansiosos aquellas imágenes. Primero posaron los chicos juntos. Perrie, Sophia y yo nos detuvimos algunos metros por detrás y contestamos a las preguntas de los reporteros por separado. Después de unos minutos, fue Niall el que tiró de mí y nos juntamos los ocho en medio de la alfombra.
     Dentro del club volví a reencontrarme con celebridades a las que llevaba meses sin ver. La música estaba muy alta y hacía un calor abrasador. Harry tiró de mí y nos adentramos en la pista de baile, moviéndonos el uno contra el otro al ritmo de una canción de Calvin Harris. Hubo varios momentos en los que sus labios casi pudieron rozar los míos, pero rápidamente se apartaba.
     ¡Maldito Styles!
     Me dio la mano y salimos de allí. Nos sentamos en una mesa apartada del barullo junto con Louis y Niall. Él no hacía más que mover el móvil entre sus dedos —posiblemente esperando un mensaje de Els— y Niall conversaba animadamente con la modelo Barbara Palvin.
     A altas horas de la noche, yo me había tomado un par de copas mientras que los chicos no menos de cinco cada uno; o incluso más en el caso de Louis. Tenían suerte de que hubiera sido Preston y todo el equipo de seguridad quienes los llevaron y los encargados de recogerlos, porque ninguno podría conducir en aquel estado de embriaguez.
     La cabeza me daba vueltas.
     Estábamos conversando, todo lo que nuestras torpes lenguas nos permitían, cuando un chaval se sentó frente a Louis.
     — Mira quién está aquí— dijo con ironía. Su rostro me era familiar, pero no lograba averiguar de quién se trataba. Apestaba a vodka—. Hola, Barbara— dijo indiferente. 
     Palvin hizo una mueca e intentó besar a Niall. Él la detuvo con suavidad.
     — Mierda— gruñó Louis, lanzándole una incisiva mirada de odio—. ¿Qué quieres?
     — Tenemos que hablar sobre lo de Twitter. Ya es hora, Tomlinson— respondió con una sonrisa burlona—. A ver si tienes los cojones de decírmelo ahora que no tienes una pantalla por delante.
      El chico venía acompañado de otros dos. Entonces caí en la cuenta. Eran Tom, Max y Jay, de The Wanted. Louis había tenido varias movidas por twitter con ellos. Lo último que quería era que se pelearan allí.
      — No quiero discutir contigo, Tom— soltó Louis indiferente—. No ahora.
      — ¿Tienes miedo, nenaza?
      — Largaros de aquí— intervino Niall, levantándose de su sitio y defendiendo a Louis con su copa de la mano. Arrastraba las palabras. Barbara tiró débilmente de su muñeca.
      — Olvidadlo, ¿vale?— continuó Harry—. No es el momento ni el lugar.
      — Cállate— ordenó Max entrando en juego, mirándole desafiante—. Tú no pintas nada en esto.
      — ¡Tú tampoco!— gritó él, lanzando su copa sobre la mesa.
      Los chicos de The Wanted se echaron a reír socarronamente y sujeté a Harry por el bajo de su camisa, tirando de él para que se sentara. Estaban borrachos. Tanto los chicos como los tres quintos de The Wanted.
      — Largaros ya— dije haciéndome notar con un tono de voz bastante autoritario—. Ya tendréis otro momento para hablar de todo esto. No es momento— repetí.
      — Así que ahora Uandi necesita echar mano de sus novias para defenderse. Qué patético— Jay dejó de mirarlos y desplazó su mirada directamente hacia mí—. Emma Wells, ¿verdad? 
     Se acercó peligrosamente a mí.
     — Ni se te ocurra tocarla— acotó Louis, rojo de furia.
     De repente golpeó a Tom en la mandíbula. Él cogió a Louis del cuello de la camisa y le devolvió el golpe en la boca del estómago. Ahogué un grito. Niall y Harry se lanzaron sobre Tom para separarlo de Louis, al igual que hicieron Jay y Max.
     — ¡Soltadme!— gritaba Louis una y otra vez—. ¡Voy a partirle la cara!
     — ¡Louis, cálmate!— le vociferó Niall, intentando sujetarle por la espalda.
     — ¡Tom!— oí gritar a Max—. ¡Aquí no, joder!
     Louis estaba completamente fuera de sí. Nunca le había visto en aquel estado: borracho y agresivo.
     Empezaron a llover puñetazos. Todos contra todos en el intento por detenerlos. ¿A quién mierdas se le había ocurrido meter a los chicos y a The Wanted en la misma fiesta con alcohol de por medio?
     Tom estaba encima de Louis, que tumbado en el suelo intentaba defenderse. Lo que iba a ser una noche genial se había convertido en un combate improvisado de boxeo con música de fondo.
     No podía estar pasando. Louis estaba tendido en el suelo con la camisa empapada de la sangre que le salía de la nariz. 
     Todo fue demasiado rápido. Los asistentes apenas tuvieron tiempo de reaccionar.
     Gracias a Dios, los equipos de seguridad de ambos grupos lograron detener aquella batalla campal.


     Los de seguridad dijeron que Louis y Tom debían abandonar el club. Conseguí convencer a los chicos para que se quedaran en la fiesta un rato más. Yo llevaría a Louis a casa.
     — No quiero estar más tiempo ahí dentro— fue mi único argumento para poder marcharme—. Me lo llevo ¿de acuerdo?
     — Yo me voy a despedir— anunció Harry al tiempo que Louis se apoyaba con la mano derecha sobre la pared exterior del club y agachaba la cabeza. Harry se pasó la mano por la nariz que todavía le sangraba un poco—. Le diré a Preston que me lleve dentro de un rato. Mike irá con el coche detrás de vosotros.
     Pude ver mi Porsche conducido por Mick frente a la puerta trasera del club. Éste ayudó a Louis a subir, saludó a los chicos con un movimiento de cabeza y volvió a ocupar el asiento del conductor. Estaba a punto de subirme cuando Harry se acercó a mí.
     — Hoy estás preciosa—susurró en mi oído con su característica voz grave, lo que me hizo sentir un escalofrío desde la cabeza hasta la punta de los pies—. Una lástima que la noche haya terminado así. Venía con unas expectativas algo diferentes.
     — Créeme— murmuré en su oído—, yo también.
     Mike, uno de los guardaespaldas de los chicos, nos seguía con un monovolumen varios metros por detrás. Mick aparcó en doble fila frente al edificio de los chicos y entre él y Mike subieron a Louis a su apartamento. Mike se marchó y Mick me dijo que le llamara de nuevo cuando decidiera volver a casa.
     — Disculpa las molestias— le dije antes de que se fuera.
     Él sonrió.

     — Es mi trabajo.
     Limpié a Louis la sangre seca. Le puse hielo sobre la mandíbula y le di un café con sal con el objetivo de que se le pasara la borrachera. O al menos de que lo pareciera. Eran las tres menos veinte de la mañana cuando estaba más tranquilo pero no más sobrio.
     — Puedes irte a casa— manifestó con tono cansado.
     — Le prometí a Harry que me quedaría contigo hasta que llegaran— respondí cabreada. Esas habían sido las pocas palabras que había intercambiado con él desde que salimos del club.
     — ¿Estás enfadada?— preguntó él, acercándose más a mí.
     — ¿Es que no se me nota?
     — Emma...
     Rompí a llorar. No por dolor, sino por pura impotencia.
     Amaba a Harry y Louis me había destrozado la noche. Aquel día estaba dispuesta a decirle a todo lo que sentía, a besarle, abrazarme a él y no dejarle escapar. Había esperado durante más de nueve meses y cada día, desde que los conocí, me imaginé cómo sería el momento en el que le confiara todos mis sentimientos. Que la noche terminara en una pelea no entraba dentro de mis expectativas.
      Se acercó a mí y me abrazó.
      — ¿Por qué lo has hecho?— le pregunté separándome de él—. ¿Por qué lo has hecho, Louis? ¿No podías haberte controlado? ¿No podías haber pasado de ellos?— lloré furiosa.
      — Lo siento.
      Llevé mis manos hacia su pecho y le aparté.
      El más mínimo contacto en aquellos momentos era como si me acuchillaran. Me dolía el pecho, las manos me temblaban y tenía la sensación de que me iba a desmayar en cualquier instante. Al cabo de unos minutos, Louis se recostó en el sofá y cerró los ojos, quedándose completamente dormido.
      — Genial— siseé cuando le vi.
      Me pasé uno de sus brazos sobre los hombros y le sujeté por la cintura. Levantarle del sofá fue imposible y llevarle hasta su dormitorio fue todo un logro. Le metí en la cama como pude y le desabroché los botones de la camisa, evaluando parcialmente los daños que había sufrido. Los medios se relamerían con aquella noticia y al día siguiente estaría en boca de todos. Ya podía imaginarme los próximos titulares: «One Direction VS. The Wanted: batalla en Fabric»
      Els iba a matarle.
      Tapé a Louis con la funda nórdica y bajé al salón, donde me senté y recogí el cuerpo como una pequeña oruga. Hubiera estado bien que Harry pudiera llegar en aquellos momentos y me abrazara contra él, recordándome por qué estaba conmigo y por qué no podía llorar. Su voz era como una droga; te poseía y se quedaba contigo. Una vez que te enganchabas, era prácticamente imposible dejarlo.
      Me tumbé.
      Escondí la cabeza sobre mi pecho. Mi vida era una montaña rusa constante y mis sentimientos impredecibles. Jamás había sido tímida con un hombre, jamás me había costado mostrarme sincera ante ellos, pero Harry era..., simplemente era Harry. Fue como si la vida que había imaginado a lo largo de los nueve meses que había durado la gira junto a él se hubiera ido a pique en los pocos segundos que duró aquella pelea. Se había caído como un castillo de naipes y había volado, movida por una fuerte tormenta.
      No recuerdo si el alcohol hizo tanta mella en mí que el sueño y cansancio me pasaron factura. Tal vez fuera la bajada de la adrenalina y la extinción gradual de mi enorme enfado. Cerré los ojos y caí en un gran sueño en el que ni siquiera pude sentir a Harry acariciarme la mejilla cuando llegó a altas horas de la madrugada, taparme con una manta y darme un beso en la frente. Estaba tan cansada que tampoco pude escuchar lo que me susurró al oído.

      Algo que sonaba parecido a un «te quiero».

5 comentarios:

  1. OH DIOS MÍO JAKLÑSDFJLAJFÑLAJFÑASDFJAÑLFJAL.

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  2. xQ Emma?? xQ?? xQ??
    Harry está enamorado de ella y encima también Lou.
    Que fuckin tiene ella que no tenga yo?
    Me voy a suicidar

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  3. ¿EMMA SE LIA CON LOU?
    ¿LOU ESTÁ ENAMORADO DE ELLA?
    LOOOOOOOOOLOLOLOLOLO.

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  4. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH.
    Envidia a Emma

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