lunes, 5 de agosto de 2013

Capítulo 18 | Strong


Miércoles, 27 de agosto

    La depilación láser había hecho su trabajo y, a pesar de haber estado rehabilitándome en aquel centro durante tres meses, mi rostro permanecía tan suave como siempre. Me empecé a maquillar con cuidado para no ponerme la cara como un mapache.
     Rímel, base y colorete.
     Me estaba poniendo los shorts cuando fui consciente de lo verdaderamente grandes que me quedaban. Mis piernas eran palillos y mi rostro estaba carcomido por las pesadillas y el dolor. Me miré de perfil en el espejo y resoplé al verme el vientre flácido.
     — Víctor, dime que has traído un cinturón— supliqué desde el baño—. O dos— murmuré para mí.
     — Claro que te he traído un cinturón— contestó como si fuera la cosa más obvia del mundo—. Víctor está en todo. Víctor es grande.
     — Víctor es el mayor arrogante que jamás he conocido— repliqué sonriendo.
     Abrí la puerta del baño ligeramente y él me pasó uno de piel.
     Me puse una camiseta sin mangas —antigua propiedad de Harry— y unas Vans. Me recogí el pelo en un moño de cualquier manera y me miré al espejo. Vi a una joven con miedo, de ojos avellana en los que parecía que «depresión» estaba tatuado con fuego.
     Vulnerable, insegura, delicada pero al mismo tiempo valiente y fuerte. Había demostrado a todo el mundo y, especialmente, a mí misma que no era endeble.
     Había sido una guerrera. Estaba motivada. Era feliz. Por primera vez en mi existencia tenía ganas de seguir viviendo. Como hubiera escrito Veronica Roth, sabía que no estaba sola, que tenía amigos, que estaba enamorada. Sabía de dónde venía. Sabía que no quería morir y, para mí, eso era algo. Después de pedir definitivamente ayuda, me incorporé a toda clase de talleres donde conocí a decenas de personas en estados similares al mío. Su presencia me había ayudado a luchar.
     Tomé aire y salí del baño con una sonrisa. Víctor me miró de arriba a abajo.
     — Bonita ropa. Me pregunto quién te la habrá escogido— preguntó divertido mientras me miraba curioso con una mano bajo la barbilla—. Repito: Víctor es grande.
     — Idiota— me eché a reír y le golpeé el hombro.
     Él me miró con el aprecio grabado en su color verde. Respiró varias veces y me agarró del brazo.
     — Estoy orgulloso de ti— susurró sin mirarme, como si le diera vergüenza decirlo en alto.
     Le abracé. No le seguía queriendo de la manera que en la que se quería a alguien cuando se estaba enamorada, pero le quería. Víctor fue mi primer novio de verdad, mi primera vez, mi primer todo. En definitiva, fue mi primer amor. Había estado siempre a mi lado. Se había pasado los últimos tres meses conmigo sin perder la sonrisa, aunque en ella aún se podía ver el dolor del recuerdo.
     — ¿Emma?— el médico llamó al a puerta y asomó la cabeza—. ¿Puedo pasar?
     Víctor y yo nos sobresaltamos y le solté. Él entró divertido en la habitación, mirándonos con una sonrisa de lo más descarada en el rostro.
     — Esa ropa te queda mucho mejor que el camisón que te dábamos aquí— soltó de golpe y solté una risita. Sus rasgos se endurecieron—. Emma, siéntate por favor.
     — Bueno, yo...— Víctor carraspeó—, me salgo fuera.
     — No— negó el doctor Vázquez—. Puedes quedarte.
     Me senté en el sofá y Víctor tomó lugar a mi lado.
     — He hablado con tus padres por teléfono, pero creo que ya eres lo suficientemente adulta para que te lo diga a ti también— empezó a decir, mirando mi historial—. Las primera y segunda fase las superaste con éxito al cabo de algunos días. La tercera fase del tratamiento se complicó un poco y estuviste algo más de un mes atascada en ella. Finalmente, adquiriste un cambio de actitud radical.
     — Radical se queda corto— intervine.
     — Sí, lo es— asintió—. En la tercera fase, afrontaste la vida de otra manera y conseguiste una seguridad personal y emocional importante. Te creciste interiormente y adquiriste, de esta forma, unos valores personales apropiados. Acudiste a talleres y has podido relacionarte con otras personas. Te pudimos devolver todos los objetos de cristal y has aprendido a sobrellevar la situación. Ahora sí puedes decir, definitivamente, que estás recuperada. Así que, como bien sabes, hoy te podrás ir de aquí.
     — Por fin— murmuró Víctor. Él estaba tan cansado de estar ahí dentro como yo.
     El doctor sonrió.
     — En primer lugar tendrás que tomar unos antidepresivos. Nosotros te vamos a ordenar los Inhibidores Selectivos, que son muy recetados actualmente en psiquiatría y actúan sobre la recaptación de los tres principales neurotransmisores que intervienen en la depresión. Bajaremos la dosis gradualmente hasta que consideremos correcto quitarlos por completo. Éste es el nombre.
     Me tendió un papel en el que se podía leer «Besitran».
     — Gracias— susurré.
     El médico sonrió.
     — En segundo lugar, deberás acudir a terapias externas de acuerdo con el plan de seguimiento personalizado prescrito que te entreguemos. Dichas terapias se complementarán con las visitas médicas y terapéuticas individualizadas en el centro al que acudas con normalidad. El cambio de centro se nos debe ser comunicado de inmediato. Es lo mejor para vigilar de cerca tu estado, ya que todavía es un poco delicado y podría volver a quebrarse.
     — Está bien— asentí con las manos entrelazadas sobre mis piernas, clavando la mirada en mis uñas sin pintar.
     — En último lugar, te recomiendo que no estés mucho tiempo sola. Lo aceptable sería que siempre hubiera alguien contigo— le lanzó una mirada de advertencia a Víctor.
     — No voy a volver a hacer lo que hice— repliqué algo molesta.
     — No tengo ninguna duda, pero te recomiendo que estés siempre con alguien. En el caso de que sufrieras alguna recaída, debes llamarnos de inmediato. Existe el caso de que por las cuestiones que sean, tú no puedas llamar. Por este motivo, lo idóneo sería que hubiera alguien contigo.
     Asentí. Él bajo la mirada hasta mi historial, leyendo con minuciosidad.
     — Eso es todo. Espero no volver a verte.
     Le miré seria.
     «Créeme, yo tampoco quiero volver a verte.» pensé para mí y sonreí.
     El médico volvió a salir de la habitación y nos dejó solos. Víctor me miró con una sonrisa.
     — Ese tío me ha echado una miradita de «no se te ocurra volver a dejar sola a tu chica o te parto el cuello»— se atrevió a decir.
     — Eres tan...— intenté buscar las palabras correctas para describirle.
     — ¿Perturbador?
     — Irritante.
     Sonrió de medio lado y cogió la mochila en la que estaban guardadas mis últimas pertenencias. Las demás se las había llevado el día anterior.
     — Larguémonos ya— masculló—. Yo no quiero estar más tiempo aquí y estoy seguro que tú tampoco— miró con repugnancia mi habitación y se estremeció.
     Me despedí de todas las enfermeras y médicos que había en aquel centro y nos dirigimos hacia la puerta principal. A fin de cuentas, no ha había sido tan malo. De aquel lugar me llevaba una nueva y renovada Emma y decenas de personas que me recordaban que no estaba sola.
     Era una persona diferente. Mi mundo seguía igual, era yo la que había cambiado y era perfectamente consciente de ello. Por alguna razón, Dios o el propio destino me habían concedido una segunda oportunidad que no estaba dispuesta a desaprovechar. Era como si me dijeran: «Ponte en pie, camina y acaba con Simon». 
     Había aprendido que la vida era demasiado valiosa para tirarla por la borda.


     Iba a salir a la calle como Emma Wells, la joven que vengaría su nombre.
     Fue realmente difícil tener que luchar contra los ataques de ansiedad y la bipolaridad; las depresiones y los estados de abstinencia, pero por primera vez me sentía realizada y mi corazón comenzó a latir tres veces más fuerte de lo normal. Quería salir a la calle pero tenía miedo de no estar a la altura. ¿Y si algo volvía a salir mal? ¿Y si volvía a caer en las drogas? ¿Y si no era lo suficientemente fuerte para estar a la altura de las circunstancias? Mi cabeza formuló mil y una preguntas cuya respuesta desconocía por completo mientras caminábamos hacia la salida.
     Giramos una esquina a la derecha del pasillo y me paré en seco al ver en el exterior del edificio, en la puerta, a decenas de medios de comunicación.
     — Eh, Emma—Víctor me miró preocupado y apoyó su mano derecha sobre mi hombro—. ¿Qué ocurre?— no pude decir nada, él simplemente echó una ojeada a la prensa y lo comprendió todo de golpe—. Llevan ahí desde que te ingresaron. Tranquilízate.
     — Tengo miedo.
     — ¿Miedo?— preguntó en un susurro— ¿De qué?
     — De volver a pasarlo mal, de volver a decaer— empecé a respirar con dificultad y una presión extraña e inexplicable me oprimió el pecho.
     — Emma, tranquila— intentó calmarme apoyando sus dos manos sobre mis hombros y atravesándome con sus ojos verdes.
     — No quiero volver a pasar por todo esto, Víctor. No podría soportarlo de nuevo.
     — Pequeña, no volverás a decaer— me aseguró—. No dejaré que vuelvas a pasar por todo eso. No lo voy a permitir. Te lo prometo.
     Asentí.
     Entonces pude ver al gran Mick. La anchura de sus hombros y el color oscuro de su camiseta no podían pasar desapercibidos ante los tonos claros de las paredes del centro. Sonreí y me abracé a él con fuerza. Mick fue de las personas que peor lo pasó. De alguna manera, si hubiera muerto, él se hubiese sentido culpable.
     — Me alegro de volver a verte— susurré mirándole a los ojos, tan negros como el propio carbón.
     — Lo mismo digo, señorita Wells— me apartó a un lado y sonrío—. Me alegro de que esté bien— Víctor se aclaró la garganta y Mick cambió su semblante—. Hay tres escoltas que los llevarán hasta su coche. Yo y uno de ellos los abriremos paso. Los otros dos los seguirán por detrás— informó de inmediato.
     Cerré los ojos, me aferré al brazo de Víctor y salimos de allí.
     Había decenas de cámaras y fotógrafos, añadiendo a los periodistas que sujetaban sus micrófonos. Algunos preocupados, otros victoriosos y la mayor parte de ellos sorprendidos. Nadie sabía que me iban a dar el alta y mi aparición era algo enteramente inesperado. O tal vez no y alguien de dentro hubiera filtrado esa información. Me detuve en seco. Víctor parecía preocupado.
     — ¿Quieres atenderlos?— susurró en mi oído. Asentí e hice una señal a Mick y a los escoltas que se nos habían incorporado.

    
     Tenía que dar la cara. Tenía que mostrar al mundo que no era la misma. La Emma Wells antigua se hubiera dado la vuelta atemorizada y huido de allí. La Emma nueva tenía ganas de vivir. Temblaba por sentirme viva. Mi corazón latía a un ritmo normal, mis ojos podía ver y yo, como tal, volvía a sentir. Quería sentir. 
     Todo formaba parte de mí.
     — ¿Cómo te encuentras, Emma?— me preguntó una periodista embutida en un vestido negro.
     — Bien. Me encuentro animada, esperanzada y fuerte. Me encuentro mejor que nunca y con ganas de seguir adelante— contesté sonriendo y sintiendo la presión de la mano de Víctor en mi espalda. 
     Me sentía protegida.
     — ¿Es cierto que Demi vino a visitarte?— preguntó esta vez un joven con una melena morena que le caía sobre los hombros, acercando su micrófono al embrollo de decenas de micrófonos que me rodeaban.
     — Sí. Es una persona realmente divertida, risueña y encantadora. Fue una suerte poder compartir una conversación con ella. Es magnífica.
     — ¿Cómo definirías tu relación con One Direction en estos momentos?— preguntó un cincuentón con el pelo grisáceo y ojos negros muy profundos y misteriosos.
     Esa pregunta tocó mi vena sensible y la sonrisa se borró gradualmente de mi rostro. Estaba a tiempo de darme la vuelta y volver al centro.
     ¿Realmente estaba recuperada? ¿Estaba preparada para soportar preguntas de ese tipo? ¿Estaba preparada para todo lo que me esperaba fuera de allí? Respiré hondo y Víctor me agarró de la cintura. Lo estaba y tenía que demostrarlo, pero no sería en aquel momento. Me obligué a sonreír.
     — No voy a contestar a esa pregunta— sentencié.
     — ¿Víctor y tú estáis juntos de nuevo?
     — Hacia Víctor no tengo más que buenas palabras— me aferré a su brazo—. Ha estado siempre a mi lado y eso es algo que siempre le agradeceré. Cosas como éstas no se olvidan jamás, pero eso no significa que el pasado se haya esfumado.
     — ¿Ha sido difícil superar el síndrome de abstinencia?
     — Ha sido difícil superar la depresión como tal— concreté al joven que había hecho la pregunta—, pero cientos de personas me han apoyado en todo momento desde el principio y siempre es bonito abrir los ojos y darte cuenta de que no estás sola en esto.
     — Se ha demostrado que tú no fuiste la responsable de la filtración de la información confidencial del grupo— empezó a decir un joven con el pelo corto y unos enormes ojos color avellana—, ¿tienes algo que decir respecto a esto? ¿Crees que te han tendido una trampa?
     Busqué las palabras adecuadas. Aquella era mi gran oportunidad.
     — Solo puedo decir que estoy recuperada y la revolución Emma no ha hecho más que empezar. Me han tendido una trampa y no estoy dispuesta a que los medios sigan manchando mi nombre o el de mi familia equivocadamente por culpa de alguien al que se le haya metido entre ceja y ceja acabar conmigo. Averiguaré qué es lo que ha pasado— la voz me salía fuerte y firme. Una voz que jamás hubiera creído que pudiera tener; era mi lado fuerte y valiente—. Las cosas no van a quedar así.
     «Pilla la indirecta, Simon» pensé.
     Me aferré con más fuerza al brazo de Víctor. Mis piernas estaban más delgadas y temblorosas que nunca pero jamás había sido tan valiente. Sonreí por última vez a las cámaras, agradeciéndoles su atención y apoyo, y entré en el Land Rover de Víctor, donde por fin me sentí a salvo.


     Habían pasado quince minutos desde que habíamos entrado en el coche y un silencio incómodo se estaba solidificando a nuestro alrededor.
     Dos monovolúmenes oscuros nos escoltaban, tanto por delante como por detrás.
     Me quité las pulseras que me había puesto y pude contemplar las cicatrices de las muñecas. Comencé a pasear las yemas de mis dedos por cada una de ellas y subí a los pinchazos de mi brazo izquierdo producidos por la heroína. Una fortaleza inexplicable me llenó el pecho. Miré a mi alrededor. Todo parecía diferente. Sin embargo, nada había cambiado: era yo.
     Yo había cambiado.
     — Llévame a un estudio de tatuajes, por favor— puse mis muñecas boca abajo—. Quiero tatuarme una cosa.
     — Espero que seas consciente de que un tatuaje es para siempre— asentí con la cabeza—. Dicen que en las muñecas duele y las tuyas no están para tirar cohetes.
     Asentí y miré hacia la carretera.
     — ¿Estás segura de que lo quieres hacer?— volvió a preguntar y asentí.
     Inesperadamente se levanto la camiseta. En el costado derecho pude ver un «Emma» tatuado sobre su piel. Se me hizo un nudo en la garganta.
     — Me lo tatué unos días antes de que fuéramos a cumplir dos años.
     Lo miré sorprendida.
     — ¿No te lo quieres quitar?— pregunté pasándome la mano por el pelo.
     — Jamás lo haría— susurró.
     Se bajó la camiseta y volvió a mirar al frente.
     — Me cambiaste— dijo al cabo de un rato—. Borrar este tatuaje sería como borrar la nueva persona que soy o como intentar borrar a la persona que me hizo cambiar. Quiero que sea un recordatorio de quién soy. A pesar de todo, formas parte de mí.
     Fue cuando me di cuenta de que Víctor nunca me había dejado de querer. Pudo engañarme pero jamás me dejaría caer. Estaba enamorada de Harry y daría lo que fuera por estar con él, pero por otro lado estaba Víctor que me quería y jamás dejaría que volviera a caer en aquel pozo negro. ¿Y si lo arriesgaba todo por Harry y no funcionaba? ¿Y si por luchar por Harry perdía al que estaba destinado ser mi pasado, presente y futuro? Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás.
     — Lo he pasado muy mal estos meses, ¿sabes?— dijo de repente—. Aquel día me llamó tu hermano. Estaba preocupado porque habías salido del estudio como una exhalación y me pidió que te llamara. Cuando hablé contigo supe que algo no iba bien. Supe que ibas a cometer una locura— se le quebró la voz.
     — Víctor...— «no vayas por ahí, por favor» pensé.
     — Entonces recordé que ese día tu padre había dado la tarde libre a los mayordomos y que estabas sola— explicó en un murmuro. Le temblaban las manos—. Cuando entré en tu casa y comprobé que la puerta del baño estaba cerrada, lo supe. Supe que lo habías hecho— musitó.
     — Por favor, basta— le interrumpí en un susurro—. No puedo soportar escuchar esto.
     — ¡No sabes el miedo que sentí cuando te vi...— empezó a hablar con voz ahogada y tuvo que parar el coche en la cuneta. Se tapó el rostro con las manos y apartó la mirada—, cuando te vi en la bañera en aquel estado— los ojos se le impregnaron en lágrimas—. Estabas desangrándote, te salía espuma por la boca y estabas ardiendo. Juro que..., joder— intenté alargar la mano pero él me la apartó de un solo movimiento—. Cuando te metí en el coche, convulsionaste. Joder, Emma. Pensé que no saldrías de aquella. Pensé que morirías y yo no podría haber hecho nada. Pensé que yo mismo te vería morir..
     — Lo siento— musité y bajé la mirada a mis manos entrelazadas, a mis muñecas resquebrajadas, a mi antebrazo ligeramente amoratado. Aquello sería el recuerdo del dolor que había causado a todo el mundo—. Lo siento mucho.
     Él respiró hondo e intentó tranquilizarse.
     — Está bien— susurró—, vale. Ven aquí, anda
     Me acurruqué contra su pecho y él me rodeó con los brazos, dándome un calor que llevaba varios meses sin sentir. Un calor que llevaba años añorando.
     — Has salido adelante— murmuró contra mi cuello—. Has salido adelante y estás viva. Es lo único que importa, ¿de acuerdo? Estás viva.
     Asentí.
     — Te llevaré a un estudio de tatuajes.
     Víctor llamó a Mick por teléfono. Le informó que aquella parada repentina no significaba nada serio y que pusiera rumbo al estudio de tatuajes más cercano.
     Conectó el Spotify del móvil con el coche y se incorporó de nuevo a la AP-7 que nos llevaría hasta Marbella. El centro en el que había estado se ubicaba en las afueras de la ciudad de Málaga y había dos opciones: tomar la A-357 y A-355 que nos llevaba por el interior, o simplemente coger la AP-7 que nos conducía por la costa. Víctor siempre tomaba la última.
     En el coche empezó a sonar Skyscraper
     Víctor la había puesto intencionadamente.

You can take everything I have
You can break everything I am
Like I'm made of glass
Like I'm made of paper
Go on and try to tear me down
I will be rising from the ground
Like a skyscraper
Like a skyscraper

     Se me erizó todo el vello. Demi se levantó y yo era como ella. Un ave fénix que se iba levantar de sus propias cenizas. Y aquello mismo haría. Simon me había convertido en cenizas y yo las recogería para lanzárselas a la cara y darle una buena patada en los huevos mientras intentara quitárselas de los ojos.
     Encendí el móvil —que no había vuelto a tocar desde la visita de Demi— y entré a WhatsApp. Tenía cientos de conversaciones que ni siquiera había leído. Desde mamá y papá, hasta amigos que conocí en la Universidad, futbolistas, actores, modelos, pasando por... los chicos. ¡Los chicos!
     Me tembló todo el cuerpo.
     Louis me puso:

          «Si llegas a leer esto, solo espero que te mejores. Confío en ti, por eso sé que saldrás adelante»

     Después Niall:

          «No creo ser la persona más adecuada para recriminar tu comportamiento. Supongo que el nuestro y el de nuestras fans tampoco ha sido el correcto. Me gustaría disculparme, Emma. No puedo evitar tener la sensación de que, por unas razones u otras, todo esto ha ocurrido por nuestra culpa»

          «Espero que te mejores»


     Le siguió Liam:

          «Saldrás adelante. Sé que lo harás»

          «Eres demasiado inteligente como para quedarte ahí sin hacer nada»


     Harry había sido un poco más como suele ser él y me había mandado más de un mensaje, entre ellos los de la noche que ocurrió todo:

          «Next 2 You, la cover de Joseph Vicent»

          «Emma, acabo de ver las noticias. No has podido hacerlo. No has podido ser capaz. Por favor, dime que no lo has hecho»

          «Maldita sea, Emma»


          «Hoy hemos ido a Málaga a verte. Después de tocar en el Calderón teníamos el día libre y pedí a los chicos hacerte una visita. Lo siento, Em. Si todo esto es por mi culpa, lo siento muchísimo»

          «He contado todos los errores que he cometido pero solo hay uno que verdaderamente importe. Ninguno de todos esos se parecen ni de cerca a este. Aún puedo recordar la expresión de tu rostro el día que te fuiste»

          «Jamás podré perdonarme lo que te he hecho. Lo siento»


     Se me hizo un nudo en la garganta. Había incluso puesto los dedos sobre la pantalla para contestar a todos sus mensajes, pero me detuve. Hablar con él implicaría mantener una conversación y yo aún no estaba preparada para hablar con ninguno de ellos. La culpa no era suya, pero tampoco podían irse de rositas.
     Cerré los ojos y desplacé el dedo por la pantalla hasta la conversación de Zayn. Ésta fue la que más me sorprendió:

          «No necesito decirte que seas fuerte porque sé que lo eres. Sé que dentro de un par de meses volverás a estar con nosotros, comiendo porciones de pizza de tres en tres y dando voces, como siempre lo has hecho. Sé que las cosas volverán a su respectivo lugar. No voy a pedirte que me llames en cuanto salgas de ese sitio, sea cuando sea, sino que lo hagas cuando sepas que quieres hacerlo. Quiero resolver las cosas. Quiero saber qué coño ha pasado. Sé que tú no has filtrado nada y no estoy dispuesto a que te culpen por algo que no has hecho. Sé que he llegado muy tarde y lo siento mucho. Recuerda que siempre habrá gente que esté contigo, pase lo que pase. Y yo soy uno de ellos»

     Lo leí una decena de veces, todavía sin poder creérmelo. Zayn confiaba en mí y quería resolver las cosas. Había dado por hecho que volvería a estar con ellos dentro de muy poco y yo no iba a ser quien le quitara esa ilusión. Lo haría. Claro que lo haría.
     — ¿Y esa cara?— preguntó Víctor sonriendo—. Ni que hubieras visto a Brad Pitt desnudo. ¿Qué ha ocurrido?
     — Nada malo— le aseguré.
     — De eso puedo dar fe— sonrió.
     Comencé a dar vueltas al móvil entre los dedos despreocupadamente y recordé que tenía —por razones que a día de hoy soy incapaz de recordar— el móvil de Simon Evans guardado en la agenda. Pulsé sobre el contacto y dudé durante algunos segundos hasta que presioné el botón de llamada.
     — ¿Dígame?— preguntó al otro lado de la línea.
     — Hola, Simon— era evidente que no esperaba mi llamada.
     — ¿Emma?
     — ¿Sorprendido?— pregunté socarronamente. Víctor me miraba ladeando una ceja pero sonreía—. Te tengo por los huevos. Sé que fuiste tú, lo que aún no alcanzo a entender es por qué. Te aseguro que lo voy a averiguar, cueste lo que me cueste.
     — ¿Te lo ha dicho tu papá o es a lo único que has estando dándole vueltas en ese centro mental para enfermos?— «maldito hijo de puta» pensé. Cuando le volviera a ver, ya me encargaría de cogerle por las pelotas y darle un paseo por el centro de Londres—. Nadie te creerá.
     — Sí, estoy enferma— afirmé en un intento por darle la razón como a los tontos—. Pero también has de saber que no te vas a ir de rositas. Aún no sabes quién soy yo verdaderamente ni de lo que soy capaz de hacer. Si realmente crees que me iba a quedar de brazos cruzados viéndote mofarte de la situación, estás más que equivocado. 
     Al otro lado del teléfono solo podía escuchar una respiración acelerada. Era evidente que no se esperaba mi llamada y mucho menos todo aquello que le había dicho. Es más, ni siquiera yo era capaz de creerlo. Había dejado relucir toda mi rabia y él era el culpable; él lo pagaría.
     — Ser víctima no me convierte en alguien débil.
     — No sabes lo que estás diciendo— dijo al fin.
     — Las cosas no van a quedar así, Simon. Te lo aseguro.
     Colgué. Leí los mensajes una vez más, contemplé las cicatrices de mis brazos, escuché la voz de Demi que se había quedado grabada en mi cabeza y recordé el mensaje que me había transmitido: «A veces no gana el mejor, sino el que está estratégicamente más convencido». Era el momento de darle a vuelta a ese cliché. La confianza no podía ganar a la fortaleza.
     — ¿Crees que ha sido él?— preguntó Víctor de repente. El vello de sus brazos, en contraste con la luz, parecía rubio. Conducía a ciento veinte kilómetros por hora con soltura—. Simon.
     — Sé que ha sido él— susurré—. Estoy segura.
     De repente, redujo la velocidad y cogió mi brazo izquierdo. Sujetó firmemente mi muñeca y paseó el dedo pulgar por mis cicatrices. Tragó saliva y apretó los dientes con rabia.
     — Acaba con él— susurró amenazadoramente bajo—. Acaba con él y pégale una patada en los huevos de mi parte.
     Le aparté la mano de mi muñeca y enredé mis dedos en los suyos.

     — Lo haré— murmuré—. Te lo juro.

14 comentarios:

  1. Ay su ay Vendetta! Jajaja Vale, Victor me gusta un poquito pero no mucho porque es que Harry es Harry pero ahh Esa E tatuada, jo :') Y Emma ahí súper Warrior me encanta, tía! Es que adoro tu novela. Es tan perfecta :3 Siguiente ya!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, cielo.
      Dudo que hasta el lunes pueda subir el siguiente porque han venido unos amigos a casa y no voy a tener tiempo de escribir D:

      Eliminar
  2. AY. Cada dia me enamoro más de tu novela enserio. Y mi Zayn, que es un buenin quiere arregla las cosas, aw.
    'Espero que estés bien, Emma.
    Cuando estés preparada, necesito hablar contigo. Tenemos que arreglar las cosas. xx' me ha matado. Puede que no sea muy específico pero yo sé que la quieren y la echan de menos. I think.
    Bueno, capítulo más genial que nunca.
    Víctor es un amor jo,
    '-'E' de Emma me lo hice una semana antes de que fuéramos a cumplir cuatro años.
    Lo miré sorprendida.
    -¿No te lo quieres quitar?-Pregunté pasándome la mano por el pelo.
    -Jamás lo haría.
    Tienes que dejar de hacerlo todo tan dkofncjwikckkaos, porque cada vez que veo que subes o cada vez que lo veo me dan ataques de amor y en mi casa Ed lo flipa.
    Y jope, lo leí anoche, cuando me avisaste y tuve que escribir el comentario dos veces para que al final no pudiera comentar. Me puse de los nervios, yo daba al botón de publicar y nada, así que me enfadé.
    Y eso, siguiente y que me a encantado, cielo.
    Raquel, una directioner más de tantas xx.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Dios Raquel. Muchísimas gracias por todo. Me encantan este tipo de comentarios, you know?
      Son totalmente inspiradores y son los que me motivan para seguir escribiendo. Muchísimas gracias, de verdad :3

      Eliminar
  3. Uy, uy, uy .. esto me suena a mí a triángulo amoroso entre Emma, Harry y Víctor, a lo 'Crepúsculo'. Por otra parte, a pesar de que Zayn es el que menos ha estado con Emma durante el lapso de tiempo que pasó con los chicos, sabía que tenía que ser él el que intentara arreglar las cosas. Como siempre, te superas día a día, so, espero que subas pronto. Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El "triángulo amoroso", como tú dices, no ha hecho más que empezar. Solo espera. JAJAJAJAJA <3

      Eliminar
  4. Skjuwdeyxcfkvg@jh que bonitoo!! Me alegro muchisimo de que Em salga adelante. Ya estan mas cerca de acabar con Simon! Que ganas de que se encuentre con Zayn y ver que le dice. Tienes mucho talento cielo, sigue asi ;)xx @1DirectionSp___

    ResponderEliminar
  5. ATAQUE AL CORAZÓN. Este es un cap. de los que mas me gustaron! :D Esta genial. Me encanta como escribís!♥

    ResponderEliminar
  6. Me encata ,por fi sube el próximo capi y haz un maratón please :''))

    ResponderEliminar
  7. ESTO ES SINONIMO DE PERFECCION.Victor es un amor.Y Zayn como no el buenazo que arregla las cosas.Y Harry tan dulce como siempre.Y ESTO ME HUELE A TRIANGULO AMOROSO QUE NO VEAS.
    Esta novela me encanta cada vez mas.Sigue así cielo,y sobre todo jamás dejes de escribir,por que esto es lo tuyo,y se nota que disfrutas con ello.Siguiente asdfg Soy @nephilimosada siento no haber comentado antes,he tenido dificultades para ello.Un beso:D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, cielo.
      Si quieres te aviso por twitter cuando suba el siguiente <3

      Eliminar
  8. Quien diga que alguien no se puede enamorar de una novela miente. Una palabra.

    DIOS.

    Me encanta. Tienes que seguirla pronto, por favor. Quiero ver qué pasa con el triángulo amoroso Harry-Emma-Víctor, y lo que pasa cuando se reencuentre con los chicos. ¿Qué le va a hacer Em a Simon? Espero que algo terrible. Se lo merece, por capullo. JAJAJAJAJAJAJA lo cogía por los huevos y lo arrastraba por todo Londres, en serio.

    Un beso. <3

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. JAJAJAJAAJAJAJA el tema Simon-Emma no ha hecho más que empezar. Don't worry, todo se arreglará.

      Eliminar
  9. Tienes que dejar de hacer los capítulos tan perfectos si no quieres que mis ovarios exploten. PUM.

    ResponderEliminar