martes, 13 de agosto de 2013

Capítulo 19 | Still The One


Miércoles, 3 de septiembre

     Aquel era mi séptimo día en casa.
     Había pasado una semana desde que me dieron el alta en el centro de desintoxicación y aquellos últimos siete días fueron como un suave soplo de aire fresco. Había acudido a dos sesiones de terapia y mi recuperación completa iba sobre ruedas.
     El lunes de esa semana había concertado una entrevista en exclusiva para Hola. Vinieron a casa, me hicieron un centenar de preguntas, desde mi trabajo como periodista a mis renovadas ganas de vivir. Después de aquello, sacaron un centenar de fotos. Todos los medios de comunicación se peleaban por una exclusiva y yo me decanté por la publicación que consideraba más seria.
     Víctor seguía trabajando en el jardín de casa, por lo que podía verle todos los días y a todas horas. Me sentía culpable por una sola cosa: una de las primeras imágenes que Víctor había visto de mí había sido la mía, dentro de una bañera, al borde de la muerte. Él estaba igual de satisfecho que yo por que me hubieran dado el alta, pero aquella sonrisa dibujada en su rostro no podía esconder los rescoldos dolorosos del recuerdo tatuado en sus ojos verdes.
     Papá se había mostrado un poco más afable. Por las mañanas me saludaba con un beso en la frente y se sentaba en la mesa a leer el periódico. Supuse que aquello se debía a que no todos los días se pierde y recupera a una hija de la muerte. A lo largo del día iba a la sede de Wells Records en las afueras de Málaga. Llegaba a casa bien caída la tarde. Los mayordomos nos hacían la cena y nos sentábamos todos a cenar en la terraza del jardín.
     Mamá se pasaba el día entero en casa. Cuando había que tomar alguna decisión, llamaba a la vicepresidenta de la compañía y le cargaba a ella con lo que fuera.
     Madison se pasaba el día yendo y viniendo. De casa a su ático y viceversa. El viernes de la semana pasada, ella y Elliot tuvieron que ir a Madrid porque había saltado la alarma del ático que tenían en la Calle Serrano y los llamó la policía. Finalmente no fue nada serio.
     Chad se pasaba el día a mi lado. Su novia había vuelto a Madrid para volver a su trabajo y él hacía el papel de hermano mayor con una magnitud nunca antes vista. Cuando quería levantarme a por agua, siempre me obligaba a tumbarme.
     — No te muevas, ya te lo traigo yo— decía siempre.
     — Chad. Estoy bien. El problema lo he tenido aquí— me señalaba la sien, indicando la cabeza—, no aquí— movía los manos sobre mis piernas—. Puedo levantarme a por agua yo sola.
     Aquella conversación la habíamos tenido varias veces a lo largo de los siete días en los que había estado en casa. Incluso había discutido con Víctor y mamá por eso. No estaba minusválida y podía levantarme a por agua o un trozo de bizcocho si me daba la gana.
     Había engordado un par de kilos a lo largo de aquella semana y me pasaba el día revolviendo la nevera.
     Después de haber estado tres meses metida en un antro asqueroso donde la comida se limitaba a un puré rancio y un trozo de pan, había empezado a valorar lo que eran los alimentos como tal. Había aprendido a valorarme; así era yo.
     Si tenía hambre, comía. Si quería tomarme una tarta entera, me la comía. Si tenía ganas de ir a un McDonald's y engullir tres Bic Mac, me las tomaba. Había aprendido a valorarme y no debía seguir los cánones que dictaba la sociedad.


     Aquella noche estaba sentada en el sofá de mimbre que teníamos en el parador del chalet pensando en todas las cosas que habían ocurrido desde que había abandonado Inglaterra en diciembre hasta que había salido del centro de desintoxicación una semana atrás. Cada vez que recordaba lo mal que lo pasé ahí dentro me entraban escalofríos. Por otra parte, sabía valorarlo profundamente. Había adquirido nuevos valores y un pensamiento diferente. La vida era una cuestión de equilibrio y era el algo por el algo.
     No había salido a la calle desde entonces.
     Tampoco había llamado a Zayn. Sabía que tenía que hacerlo, pero no estaba preparada para hablar con ellos, a pesar de que era lo único que deseaba.
     Aquel día mamá había viajado a Francia para presentar la colección de otoño de Wells Clothes. Chad había tenido que irse a Estados Unidos para presentar la película que había grabado con Jude Law en compañía de su novia. Papá le acompañó aunque él tendría que ir a la sede que tenían en Pasadena para cerrar unos contratos millonarios con un grupo. Madison estaba en casa conmigo, aunque saldría de madrugada para ir a Francia con mamá.
     Adoraba a mi familia pero era incapaz de soportar estar la mayor parte del tiempo sola en casa. Cuando estaba en la Universidad fue genial, casi como un regalo: tenía la música a todo volumen, hacía lo que me apetecía, Víctor siempre estaba metido en mi cama y la libertad era máxima. Llegó un momento en el que ese tipo de cosas no me importaban y solo quería tenerlos a mi lado. Tal vez, aquella fuera la razón por la que había vivido en una soledad continua.
     Adoraba a papá. Aquello era algo cierto como una catedral. Papá era un gran luchador al igual que yo, pero el trabajo le carcomía. Por otro lado, el hecho de casi perder a su hija pequeña le sirvió de escarmiento y tal vez esa fuera la razón por la que en aquel momento estuviéramos un poco más unidos.
     Me crucé de piernas en el sofá. Las farolas del jardín se fueron iluminando de color blanco a medida que el cielo se iba oscureciendo de color azul oscuro. Los grillos comenzaron a cantar al unísono y las estrellas se vistieron de colores brillantes a lo largo del cielo.
     Mi hermana salió a la terraza con un pantalón de pijama corto parecido al mío, una camiseta blanca y unas chanclas. En una mano llevaba una taza humeante de Cola Cao para ella y en la otra una de café para mí. Me lo tendió y se sentó a mi lado con omisión.
     — Emma— dijo suspirando y rompiendo aquel silencio que solo dejaba escuchar el agua de la piscina y nuestras pesadas respiraciones—, sé que no he sido la mejor hermana.
     — Nunca lo has sido— concreté.
     — No— negó con la cabeza—. Tienes razón, nunca lo he sido.
     Suspiré y miré al suelo.
     Estaba enfadada por el hecho de que no hubiera venido a verme ni un solo día al centro de desintoxicación, nostálgica por los momentos que habían desaparecido y confusa por todas las cosas que estaban pasando por mi cabeza en aquel instante. Era cierto que no dejaba que nadie más que Víctor, Chad y Dani fueran a verme, pero si ella hubiera ido no le habría negado la entrada. Por el amor de Dios, ¡era mi hermana mayor!
     No dije nada. Solo volví a levantar la mirada hacia la piscina.
     — Sé que a veces me comporto como una cretina y…
     — Solo a veces— repetí sin poder evitar el sarcasmo.
     — ... no he estado a tu lado cuando más lo has necesitado. A veces se me olvida recordar que eres mi hermana pequeña. Tú nunca has pedido nada cuando lo has requerido y a mí no se me había ocurrido acercarme a ti, abrazarte y dejar que lloraras sobre mi hombro.
     — Madison— exhalé—. No necesito que os disculpéis todos. Desde que me han dado el alta, no habéis dejado de darme la plasta con eso de que lo sentís mucho, que os arrepentís, bla, bla, bla.
     — No fue una manera correcta, pero nos abriste los ojos— contestó. Se pasó la mano por el pelo castaño y clavé la mirada en su nariz respingona, en sus larguísimas pestañas escondidas bajo un baño de rímel negro, sus pulposos labios y sus cejas rectas perfectamente depiladas—. Emma, lo siento de verdad. No he podido dejar de darle vueltas al tema, culpándome por todo lo ocurrido.
     — No, no tuviste la culpa.
     — No, pero sí que influí en aquella descarada, loca y estúpida decisión— replicó con desdén, poniendo énfasis en todos aquellos adjetivos. Dibujó una triste sonrisa—. Los chicos me han estado llamando a todas horas preguntándome por ti y por si había novedades de tu estado.
     Asentí con el corazón latiendo a mil por hora. Ella volvió a tomar un sorbo de su vaso, lo dejó sobre la mesa y me miró.
     — Víctor ha sido el que peor lo ha pasado con todo esto— indicó con aversión—. Estaba furioso contigo. Nos llamó diciendo que estabas en el hospital medio muerta y los médicos iban a intentar salvarte. Ya no era solo estabilizarte, sino salvarte.
     «Vale ya» pensé.
     — Cuando llegamos allí estaba destrozado— susurró ella—. Tenía las manos y la camiseta llenas de sangre. Jamás le había visto así. Parecía que fuera a romperse en cualquier momento. Estaba llorando, preocupado y hundido. Créeme, lo ha pasado terriblemente mal.
     El silencio volvió. La sangre me hervía y una pizca de culpabilidad de oprimía el pecho.
     — Dani llegó esa misma noche. También lloró. Todos lo hicimos. ¿Quieres saber por qué?— estaba muy enfadada. No contesté—. Porque nos importas y te queremos, ¡pero tú no te paraste a pensar en nosotros, Emma! Joder— terminó por mascullar.
     Tragué saliva. Madison siempre había mantenido sus formas y educación, y jamás se le había ocurrido decir una palabra más alta que otra. Sin embargo, aquel día era la primera vez que la veía realmente enfadada.
     Cogió las dos tazas vacías sin decir palabra y se levantó camino de casa. El riego se disparó y el agua comenzó a humedecer el césped del jardín. Adoraba el olor a húmedo, era un olor tan agradable como el tacto de la seda entre los dedos o el olor a café recién hecho. Cerré los ojos y cuando los abrí, Madison estaba a mi lado de nuevo.
     — ¿En qué piensas?— su enfado se había disipado.
     — En Víctor. Y en Harry— suspiré abrumada y me estrujé la cabeza entre las manos—. No lo sé, Madison. Esto es una locura.
     — Indecisión amorosa— contestó con una sonrisita—. Yo tuve una de esas cuando estuve con Niall. Finalmente me decanté por Elliot. Niall era genial pero un poco infantil y despreocupado. Yo necesitaba a alguien un poco más reservado— explicó y me cogió de la mano al descubrir que no estaba por la labor de contestar a aquella información—. Dani…— empezó a decir pero negué con la cabeza—. Vale, bien. Eso es algo. ¿Con quién te ves pasando el resto de tus días?
     — Con Harry, sin duda. ¿Pero qué ocurriría si lo arriesgo todo por él y después no funcionan las cosas? ¿Y si a los tres meses se da cuenta de que no soy yo la clase de chica que busca y me cambia por la primera modelo que se le cruce por delante?
     — Los hombres siempre piensan con el pene— se encogió de hombros como una niña de cinco años—. Es un riesgo que debes correr, Em.
     Suspiré. Madison me dio un beso en la frente y subió a su habitación a cambiarse.
     Me quedé en el sofá de mimbre sentada con las piernas cruzadas, la humedad de cualquier noche de septiembre y con mis confusos pensamientos rondándome la mente. Quería a Harry como nunca había querido a alguien pero Víctor tenía algo único, peculiar... Algo que siempre quedaría grabado. El primer amor verdadero nunca se olvida y él —por suerte o desgracia—, lo había sido.
     Al cabo de un rato, mi hermana salió a la terraza y me dio un fuerte abrazo.
     — He llamado a Víctor— me informó en un susurro amortiguado contra mi hombro—. Intentará llegar lo antes posible. ¿Estarás bien?
     Asentí y ella se marchó para coger su vuelo.
     Me levanté a por mi MacBook y me lo puse sobre las piernas. Paseé por las más de tres mil canciones que tenía guardadas como favoritas en Spotify y me decanté por Pretend It's OK. Entré a Twitter. Seguí a varias chicas, contesté a un par de menciones y lo dejé a un lado con la música sonando.
     Cogí el iPhone y leí el mensaje de Zayn. Sacudí la cabeza y sostuve el móvil unos segundos entre mis dedos antes de pulsar la tecla de llamada. ¿Estaba preparada para hablar con él? ¿Estaba segura de ello? ¿Qué querría? No me dio tiempo a formular más preguntas. La voz de Zayn interrumpió mis pensamientos.
     — ¿Qué?— gruñó con voz ronca, como si se acabara de levantar—. Paul, son las nueve menos veinte y hoy tenemos día libre. Acabamos de subir a la habitación. Nos prometiste que podíamos hacer lo que quisiéramos. Yo quiero dormir— siseó contra la almohada.
     El sonido de su voz reactivó mis pulsaciones y cientos de recuerdos que yo creía perdidos pasaron de nuevo por mi cabeza en milésimas de segundo.
     — Mmmm, soy yo— musité. ¡Le había despertado!—. Emma.
     — ¿Emma?
     — La misma— afirmé—. Puedo llamar en otro momento.
     Pude escucharle incorporarse en la cama y bostezar.
     — No, no— negó—. Perdona. Anoche tocamos en Toronto y esta mañana volamos a Pensilvania. Hemos tenido el día libre y estoy tan cansado que me he metido en la cama— explicó medio adormilado—. Son las nueve menos cuarto de la noche, pero no pasa nada. ¡No pasa nada! — terminó por exclamar—. ¿Qué tal estás? El otro día vi en las noticias que te dieron el alta.
     Miré mi reloj. En España eran las tres menos cuarto y yo no era capaz de coger el sueño, Víctor habría tenido que soportar la llamada de Madison para estar conmigo —a pesar de que en casa había dos escoltas y cinco mayordomos— y ella había tenido que coger un vuelo de madrugada. Cuanto más tranquila va nuestra vida es cuando más cosas ocurren a nuestro alrededor. Qué paradoja.
     Definitivamente el mundo se había vuelto loco.
     — Yo estoy bien— afirmé.
     No dijo nada durante unos segundos.
     — No voy a recriminarte nada, aunque no será por falta de ganas— me reprendió—. Estoy seguro de que ya te habrán dado la tabarra lo suficiente...
     — Yo no fui— le interrumpí—. Sé que el correo se mandó desde mi cuenta y yo era la única persona externa del grupo que tenía la canción, pero te aseguro que yo no lo hice. Tampoco inventé aquel rumor, Zayn. Os tengo en mucha mejor estima.
     — Emma, lo sé— me tranquilizó—. Quiero decir; lo sabemos. El otro día, Niall y yo le estuvimos dando vueltas en busca de una teoría que pudiera encajar. Por desgracia, no encontramos nada.
     — A Niall nunca se le ha dado bien eso de darle vuelta a las cosas.
     Su risa sonó a través de la línea. Pude imaginármelo sonriendo, con la lengua entre los dientes y los ojos achinados.
     — Harry lo está pasando muy mal— reveló—. Para él sigues siendo la única. No es capaz de querer a otra chica de la misma manera que te ha querido a ti. El día que todo ocurrió, se vino abajo. No volvió a ser el mismo.
     — Zayn…
     — Emma, escúchame— me interrumpió y se calló durante unos segundos. Tomó aire. Yo me tumbé en el sofá de mimbre—: vamos a averiguar qué ha pasado, ¿de acuerdo? Nosotros no lo hemos pasado bien y tú tampoco, así que vamos a descubrir la verdad y las cosas volverán a ser como eran antes.
     Su voz sonaba fuerte y decidida. Estaba tirado: las aguas volverían a su cauce. Una sonrisa se dibujó en mi rostro a medida que una felicidad plena me llenaba el pecho.
     — Gracias— fue lo único que la nostalgia me permitió decir.
     — Eh— intentó calmarme—, todo saldrá bien.
     — Os echo de menos, Zayn— logré decir con la respiración acelerada y la voz reducida a un susurro apenas audible.
     — Por favor, Em. Basta. Todo volverá a estar bien, pero tienes que confiar en nosotros, ¿vale?— dijo en bajo—. Nosotros también te hemos echado mucho de menos.
     Me pasé la mano por el rostro.
     — Voy a dejarte, Zayn. Estoy segura de que querrás dormir— susurré con la nariz taponada y los sentimientos a flor de piel.
     — Por dios, Em. No llores. Te voy a contar un chiste para que se te pase— se aclaró la garganta y me incorporé—. ¿Cuál es el colmo de un fotógrafo? ¡Que su hijo se revele!— gritó emocionado, echándose a reír. Yo ni siquiera me inmuté. Puse los ojos en blanco y suspiré. Zayn se reía a carcajadas y se detuvo de repente—. Venga ya, ¿no te parece gracioso?
     — Es de los peores que he escuchado.
     — Las fotos se revelan, por eso el colmo de un fotógrafo es que su hijo...
     — Lo he pillado.
     — ¿Cómo no te ha hecho gracia? Me lo contó Louis y…
     — Ni lo intentes.
     Parecía mentira que hubiera chistes significativamente horribles y que, además, fuera Zayn el que se pusiera a contármelos. Me incorporé. 
     — ¿No quieres que te cuente otro para remediar el desastre?— bromeó.
     — No, gracias— reí—. Me conformo con esto.
     Soltó una risita. Un silencio se solidificó a ambos lados del teléfono y mi respiración se acompasó lentamente a medida que mis ganas de decir todo lo que sentía en aquellos momentos aumentaban.
     — Me voy a ir a dormir, nena. Mañana por la noche tocamos en el MetLife Stadium y tengo que hacerlo bien. En Estados Unidos no te pasan ni una.
     — Vale— asentí mientras una nostalgia me carcomía por dentro.
     — Me ha encantado hablar contigo.
     Me mordí el labio inferior y sonreí.
     Colgué y dejé el móvil sobre mi pecho al tiempo que respiraba hondo.
     Las cosas tenían que volver a ser como antes. No iba a permitir que Simon echara más mierda sobre mi nombre y se relamiera cada vez que recordara todo lo que había pasado. Estaba segura de que había sido él quien había filtrado la canción y creado ese rumor de los chicos para vengarse de mi padre, y lo hizo a través de mí. Estaba segura de que la razón por la que lo hizo se encontraba en el despacho de papá quince años atrás.
     No sabía lo que había pasado ahí dentro pero aquel fue el origen de todo.
     Miré mis muñecas donde se podía leer «Stay» en la muñeca izquierda y «Strong» en la derecha tatuados con tinta negra que escondían mis cicatrices.
     «Stay Strong»
     Unas escondidas bajo el tatuaje, otras grabadas con fuego sobre mis delicadas muñecas y otras con pequeños relieves que no habían cicatrizado correctamente.
     Cada vez que leía «Stay Strong» me recordaba a mi misma que tenía que ser fuerte y mientras tuviera aquel tatuaje no podría volver a decaer.
     Me levanté del sofá y me dirigí hacia el despacho de papá de puntillas para que ninguno de los guardaespaldas que estaban en casa y los mayordomos pudieran escucharme.
     Jamás había entrado ahí, era un lugar que teníamos terminantemente prohibido pero aquella ocasión era importante. Abrí la puerta. En el centro de la habitación había un gran escritorio de roble sobre el que descansaban varias carpetas con papeles y un iMac de más de veinticinco pulgadas. Alrededor de las paredes que rodeaban al escritorio había varios estantes que llegaban hasta el techo de la habitación con decenas de carpetas y documentos. En las paredes había colgados diversos premios que había ganado por canciones de éxito que él mismo había compuesto.
     Allí tenía tres de los siete Grammy que había ganado.
     Crucé los dedos para que papá tuviera algo en aquel despacho.
     Comencé a buscar entre los documentos de las estanterías que rodeaban al escritorio pero no encontré nada relacionado con Simon. Encendí en su ordenador e introduje «Simon Evans» en el buscador de archivos dando por hecho que toda la información del iMac de Madrid la tendría en la nube pero no me devolvió ningún resultado. Tampoco lo hizo bajo «Simon», «Evans» ni «hijo de puta». Suspiré y me recliné enfadada sobre el sillón de piel.
     Al estirar las piernas me golpeé el tobillo con algo.
     — Dios— gruñí.
     Me mordí el labio en un intento fallido por soportar el dolor. Me miré el tobillo y pude comprobar que tan solo tenía un arañazo del que salía un hilo de sangre. Entonces pude ver una caja que tenía bajo del escritorio, a la izquierda del lugar donde me había golpeado. Era una caja de madera cerrada. Busqué la llave que pudiera abrirla con desesperación y la encontré en uno de sus cajones. La introduje en la cerradura y se abrió con un simple «clic».
     Había decenas de recortes de periódicos de un caso de lucro, cohecho, malversación de bienes y conspiración. En la mayor parte de las fotos salía un hombre joven bañado en fibrosos músculos. Tenía una espesa mata de pelo rizado sobre la cabeza y unas manos enormes. Sus ojos eran como dos pozos negros.
     Como el pozo en el que yo había estado metida.
     Como los ojos del hombre que me había tirado.
     Como los ojos de Simon.
     ¡Aquel hombre era Simon! En el pie de todas las fotos podía leer un nombre que no se correspondía en absoluto por el nombre bajo el que se escondía aquel hombre. «Dani Fernández». ¿Qué clase de hombre había sido en su pasado? ¿Qué clase de hombre se escondía bajo aquellos fuertes brazos y esos oscuros ojos negros? ¿Quién era aquel hombre y cuál era su verdadera identidad? En el fondo de la caja encontré una carpeta marrón con una etiqueta blanca en el centro donde ponía «Simon Evans» y debajo, algo más pequeño y escrito a bolígrafo, «Dani F.»
     Abrí la carpeta.
     Una felicidad se apoderó de mí cuando descubrí que se trataba de contratos de... Wells Records. ¡Todo tenía sentido! Simon trabajó en Wells Records, por eso fue al despacho de papá en Madrid quince años atrás. La razón por la que Simon hizo lo que hizo solo la sabe papá. El golpe de la puerta principal me sacó de mis pensamientos.
     — ¡Emma, ya he llegado!— gritó Víctor.
     Guardé la carpeta maldiciendo por lo bajo, cerré la caja y salí de la habitación sabiendo que ahí estaba la clave de todo.
     Solo necesitaba leer todos esos papeles y mantener una seria conversación con papá.

     Solo él podría aclararme las cosas.


18 comentarios:

  1. asdfghjklñ Cada día te superas más tía, me encanta tu novela en serio. Me tienes enganchada, quiero el próximo ya jooo haha. Un beso guapa, ¡gran talento! - @Yolitioner

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  2. Tiiiiiiiiiiiiaaaaaaa, ay! Cómo escribes, joder. Juro que siento el dolor de Ems como el mío propio y me entran así unas ganas de "stay strong" ante cualquier cosa que me pase que aay. Simon es un hijo de la gran madre que lo tuvo y ya veo por dónde van los tiros. Cuando escribas cómo se desvela todo, haz que acabe más jodido que Emma cuando pasó lo de la filtración. Se lo merece. Y ayy Que Emma quiere a Harry ay ay ay me da me da me da Victor es muy cuqui (me está empezando a gustar pero no mucho. Con lo del tatuaje se ganó mi aprecio JAJAJAJAJA) pero es que Harry es ajskajskajakaj Y Zayn es un amor con lo de "nena". Yo morí JAJAJAJAJA Bueno, siguiente porque es que ajskajsjaj Amo tu novela! <3 Eres increíble! Y gracias por avisar por Twitter!

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    1. No me des las gracias por avisarte, mujer.
      Muchísimas gracias a ti por leerla xx

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  3. DIOS, NO, NO, NO, NO PUEDES DEJARME ASÍ, ¿QUÉ HE HECHO YO, EH? ¿QUÉ HE HECHO PARA QUE QUIERAS MATARME? No puedes, o sea, no, te lo prohíbo, tienes que subir el siguiente pronto porque me estoy quedando sin uñas que morder y.. Dios, ¿cuándo subirás? Iré a un rincón a llorar, balancearme y agonizar mientras espero a que me respondes y que subas. DIOOOOS. Hyfrbauouggygjiymouypoijo.

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    1. Cuando llegue a las 16k visitas, subo el siguiente.
      Además, estos días estoy poco inspirada :/
      En cuanto pueda, me pongo a escribir para subirlo.

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  4. Pensaba que el rey de los chistes malos era Louis, pero acabo de confirmar que no, eh JAJAJA. Me ha encantado ese momento 'Emma - Madison' hablando sobre los chicos, y aunque me cueste admitir esto, Víctor cada día me cae mejor. He adorado la llamada de Emma a Zayn y los putos chistes malos de él, dios .. En general, espero que para el próximo capítulo descubra toda la verdad sobre Simon. Escribes geeeeenial, espero el siguiente con ansias.

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    1. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA estaba escribiéndolo y pensé: 'Oye, ¿y por qué Louis? Zayn es igual que él aunque más tímido?' Y ZAS, me explotó en la cara, por eso decidí poner a Zayn <3

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  5. Hola! he visto tu novela por twitter y me encanta, me avusas cua.do subas? soy @Meery143 :)

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  6. Llevo desde las 12 de la mañana hasta ahora leyendo tu novela y debo decir que me encanta y se ha convertido en unas de mis favoritas. Espero que subas pronto el siguiente capitulo porque me he enganchado a tu novela. Besitos :)

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  7. Anoche me tiré hasta tarde leyendo tu novela y dios me encanta :') Avisame para el siguiente please, besos <3 @bradfordgirls_

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  8. AAAHHHHH Que me da algo¡Me ha encantado el momento 'Chistes malos de Zayn' Y el momento 'Emma-Madison' Cuanto cariño.Espero que sigas con la novela cielo,por que me tienes enganchadisima @nephilimosada

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  9. Me encanta tu novela entro todos los dias para ver si subes capitulo podrias avisarme para el proximo capitulo @belenviciano

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  10. Entro a tu blog para leer el capítulo por 26164918657681 vez y me encuentro con que has cambiado el fondo. Adsfjkadlfa, me encanta.
    No he podido comentar antes porque no me dejaba comentar D:
    En primer lugar, adoro el momento Emma-Madison. La verdad es que ya echaba de menos uno de esos, pero jamás habrá nada mejor que el momento Emma-Zayn. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA me muero.
    El caso es que me encanta que por fin vayas metiendo cosas del tema Simon y la filtración, porque juro que saber que fue él quien la filtró y no saber por qué es un maldito sin vivir jflasdfjñaldsfa.
    Una vez más, perfecto. Sigue haciendo esto y nunca, jamás de los jamases, dejes de escribir, porque se te da genial.

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    1. Adfjkñlafajlsdf, adoro esta clase de comentarios, srsly.
      En primer lugar, habrá muchos más momentos Emma-Zayn.
      La gente me estaba empezando a pedir la reconciliación 'Hemma', pero quiero ir metiendo las cosas de la filtración para, antes de que ambos se reconcilien, se pueda saber la verdad de todo el embrollo.
      En fin, que muchas gracias por leerla, es algo muy importante para mí y que la gente lo lea y le guste es lo mejor que me podría pasar.

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  11. ¿Cómo que quieres llegar a las 16.000 visitas?
    Patri por favor, todavía faltan 500 DDDDDD:

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