viernes, 30 de agosto de 2013

Capítulo 22 | Why Don't We Go There


Domingo, 7 de septiembre 

     Harry estaba a mi lado.
     Estábamos en alguna clase de paisaje paradisíaco. Yo casi me atrevería a decir que era en Hawaii, porque aquellos rocosos acantilados ya los había visto antes. Me tiré al mar desde uno de ellos cuando estaba con Víctor. Me llevó allí por sorpresa cuando cumplimos un año juntos. El sol brillaba en lo alto del cielo y el agua era cristalina.
     Su sonrisa era deslumbrante y sus ojos estaban bañados en afecto, en los que el verde se podía ver en total plenitud. Me aproximé a él con paso seguro y me afiancé con fuerza su camiseta, posando mis labios sobre los suyos. Saboreé el aire que nos separaba entre beso y beso, y palpé todos y cada uno de los puntos exactos en los que nuestros labios se acariciaban.
     Él descendió sus manos a lo largo de mi espalda y me apretó contra su cuerpo con desenvoltura, como si también quisiera asegurarse de que aquel reencuentro era real.
     — Lo siento— susurró cuando nuestros besos nos dejaron sin respiración—. Siento no haber confiado en ti. Siento haber...
     — No pasa nada— le interrumpí—, ¿vale?
     — Me comporté como un cretino.
     — Sí, es cierto— afirmé—. Lo hiciste, ¿y qué? No pasa nada. Estás aquí, conmigo. Estamos juntos. Estamos bien. Eso es lo único que importa.
     — No— negó con la cabeza y me sujetó por las muñecas, apartándome de él—. Estuviste al borde de la muerte por mi culpa. No puedo perdonarme lo que te hice. No merezco nada de lo que tengo. Tampoco a ti.
     Me dio un suave beso en la frente y se marchó hacia el borde del acantilado.
     No había mar. El agua había desaparecido como si alguien hubiera quitado un tapón gigante y se la hubiera tragado el centro de la tierra. Harry se aproximó al vacío.
     — No hagas tonterías. Ven aquí.
     — Tengo que hacerlo— musitó en el momento que varias piedras se desprendieron y cayeron al vacío. Intenté moverme pero las piernas no me respondían. Estaban pegadas al suelo. Cientos de brazos con cortes en las muñecas me sujetaban. Había mucha sangre. Se me contrajo el estómago—. Lo siento, Em.
     — ¡Basta!— grité.
     Las lágrimas me escocían bajo los párpados. El cuerpo me temblaba violentamente. Una suave brisa hawaiana nos revolvió los cabellos.
     — Quiero que recuerdes que te quiero— se limitó a contestar completamente descorazonado. Dio un paso atrás. Sus talones flotaban sobre la nada—. Espero que seas feliz y algún día sepas perdonarme.
     — ¡No!— vociferé con todas mis fuerzas. Alzó la cabeza y lo último que pude ver fueron lágrimas saladas descender por sus mejillas antes de que se precipitara al vacío y cayera—. ¡Harry! 


     Me incorporé en la cama, despertada por mis propios gritos.
     Un haz de luz se colaba entre las cortinas grises de mi dormitorio y un palpitante dolor me recorrió el cráneo, extendiéndose por todo mi cuerpo.
     Gruñí entre dientes y me incorporé en la enorme cama, apartando a un lado las arrugadas sábanas. En el espejo pude ver a una joven más pálida que el propio papel, escuálida y con dos monstruosos pozos oscuros bajo las cuencas de los ojos, que estaban enrojecidos e hinchados.
     «Maldito alcohol» pensé.
     No llevaba sujetador. Estaba con unas unas braguitas de encaje. Abrí uno de los cajones superiores de la cómoda frente a la cama y saqué una camiseta de los Jets que me compré cuando fuimos a Nueva York, asegurándome de que todavía me tapara el trasero. Me recogí el pelo y me apresuré hacia las escaleras. Bajé de puntillas, ahogando gritos de dolor. Cada paso que daba era como un martillazo para mi pobre cabeza. Crucé las puertas del salón para ir a la cocina, cuando una figura masculina recostada en el sofá provocó que me detuviera en seco. El estómago se me revolvió y no precisamente por las ganas que tenía de comerme una pizza de cuatro quesos.
     — ¿Papá?— él se giró y me miró de arriba a abajo con una sonrisa de lo más irónica dibujada en el rostro. Se puso en pie.
     — Pensé que jamás te despertarías. ¿Qué tal ayer?— curioseó, cruzándose de brazos. Yo no contesté. Papá cogió una revista de encima de la mesa—. «Emma y Víctor juntos. ¿Posible reconciliación?»— leyó—. «La Jet de Marbella se congregó ayer para celebrar el dieciocho cumpleaños de la joven Leticia Summers. Emma Wells acudió a dicha cita vestida con un conjunto de Cavalli y zapatos de Wells Clothes del brazo de su ex-pareja Víctor Gil, con traje de Burberry y zapatos de Hugo Boss. Al cabo de algunas horas se los pudo ver en la playa en una actitud muy cariñosa. ¿Habrá Emma dado a Víctor una nueva oportunidad?»— alzó la cabeza—. Yo creo que bien, ¿no?
     Tragué saliva. ¿Cómo era posible que los medios nos vieran? ¡Allí no había nadie!
     — ¿Cuándo has llegado?
     — Anoche— repuso de inmediato—. Os escuché llegar a Víctor y a ti— reveló y cerré los ojos avergonzada—. Más bien os escuchamos todos. Sinceramente, aquel no fue la clase de recibimiento que había esperado.
     — Lo siento— murmuré, jugando con los pulgares de mis manos entrelazadas.
     Papá resopló —no sé si furioso o aliviado— y apartó la mirada al tiempo que se revolvía el pelo. Tras unos largos segundos me atravesó con sus enormes ojos azules, como si quisiera averiguar qué es lo que había estado haciendo a lo largo de los tres últimos días.
     — Tú y yo tenemos que hablar— dijo—, ¿no?
     Me mordí el interior de la mejilla y clavé la mirada en la figura de Víctor a través del ventanal del salón. Sopesé mis palabras. Hablar con mi padre implicaría desembuchar todo lo que sabía; desde los secretos propios a los ajenos. Sin embargo, él era el único hombre del mundo que podía ayudarme a demostrar mi auténtica inocencia. Los dos teníamos preguntas y solo la otra persona poseía las respuestas correspondientes. Además, ¡era mi padre! No era afable, ni cariñoso, ni mucho menos accesible. Es más, era todo lo contrario a eso: extenuante, frío, desapegado y ligeramente adusto, pero era mi padre.
      En aquellos momentos era el único que podía ayudarme. 
     — Sí, papá— susurré—. Tenemos que hablar.
     Resopló.
     — Tómate un café bien cargado, come algo y date una ducha. Cuando termines, baja a mi despacho— ordenó implacable—. Y ya hablaremos sobre eso de que anoche bebieras alcohol, aún sabiendo que estás tomando pastillas.
     Dicho aquello, me dio la espalda y marchó con paso firme por el pasillo.
     Resoplé aliviada y me dirigí a la cocina.
     Me senté sobre uno de los taburetes de la isla mientras meditaba sobre el encuentro con papá. Tenía que abrirme a él si quería que él pudiera abrirse a mí. Debía mostrarme sosegada y elocuente, exponiendo con todo detalle los hechos ocurridos desde que choqué con Liam hasta la locura de la noche anterior con Víctor. Total, nos había escuchado, así que tampoco tenía nada que ocultarle. Me tomé los anti-depresivos, una aspirina para el dolor de cabeza y un ibuprofeno para el resto de dolor corporal. Cuando alcé la cabeza, me encontré con dos ojos verdes en los que la duda era más que palpable, como si no supiera si entrar o darse la vuelta por donde hubo venido. Víctor tragó saliva y entró en la cocina, cabizbajo.
     — Solo venía a por agua— se exculpó con un deje cortante en la voz—. Procuraré no interferir de nuevo en tu vida de ahora en adelante.
     Cuando cogió una botella de la nevera, le agarré por la camiseta.
     — Sobre lo de anoche...
     — Déjalo— me cortó—. Es evidente que las cosas no son de la manera que a mí me gustaría que fueran.
     — Maldita sea, Víctor. ¿Qué más da lo que dijera? ¡Estaba borracha!
     — Me llamaste por su nombre— repuso alzando la voz—. Me llamaste por su puto nombre. Una vez más, el que termina jodido soy yo. Dani, Harry, pero nunca has sido capaz de mirarme como la persona que fui hace algunos años.
     Me puse en pie de inmediato.
     — Joder, Emma— siseó, pasándose la mano por el pelo.
     — Yo no te engañé con una Barbie de los chinos— exclamé—. ¿De verdad, precisamente tú, vas a hablar de putadas? No me fastidies. Tú te llevas la palma.
     — ¡Exactamente eso!— bramó—. ¡Eres tan rencorosa que si no fuera porque aún sigo enamorado de ti, lo más posible es que te hubiera mandado de paseo hace mucho tiempo!— tragué saliva y él bajó la cabeza—. Eres rencorosa. No eres capaz de aceptar que las personas se equivocan y comenten errores.
     — No quiero explicaciones— le detuve.
     Ni siquiera sabía por qué le estaba hablando así. Él me había salvado la vida y yo me estaba comportando como una cretina. A pesar de todo, Víctor tenía razón. La cabeza me palpitaba.
     — Solo tú eres capaz de convertirte en víctima en todas las situaciones— dijo insolente, tras haber soltado una risotada irónica—. ¿Sabes? Estoy cansado de todo esto.
     — No soy la misma, he cambiado. Pero has de saber que bajo esta nueva persona, los recuerdos prevalecen, al igual que el dolor— confesé. Él tragó saliva—. Tuve que huir de mi familia, de ti y de la prensa porque no soportaba que hablaran de nuestra relación todos los días. Un año después, tuve que huir de nuevo y volver porque la prensa me estaba haciendo la vida imposible. Me hubiera gustado que hubieses sido tú el que tuviera que haber estado en aquella situación. Debes tener muy presente que la apariencias engañan y que aunque te haya perdonado, las cosas jamás volverán a ser como antes. Y créeme— le aseguré—, yo también estoy cansada.
     — Emma...
     — Me hiciste daño y me humillaste delante de toda la Universidad. Estuve en boca de todos los medios durante semanas por tu culpa.
     — ..., yo no tengo la culpa de lo que te ha pasado.
     — No— negué con la cabeza y marché hacia la puerta. Me detuve en seco—. No tuviste la culpa, pero sí influiste. Como todos.
     Salí de allí y subí a mi dormitorio, donde cerré de un portazo a sabiendas de que aquel era el único lugar de toda la casa donde podría estar a salvo. Me tiré sobre la cama y solo fui capaz de regañarme. ¿Sexo con Víctor para olvidar a Harry? Aquello fue realmente patético, tanto como perforar mis muñecas y bañar mi cuerpo en drogas para evadirme de todos los problemas.
     Me desnudé y tomé una ducha fría —¡una ducha fría!— que reactivó todos mis sentidos y disminuyó el fuerte dolor de cabeza. Las piernas recuperaron toda su movilidad y conseguí quitarme de encima aquella peste a alcohol.
     Me vestí con un vestido veraniego, unas sandalias y una chaqueta.
     Después de haberme arreglado, me planté ante el despacho de papá y contuve el aliento. Golpeé dos veces. Abrí la madera y asomé la cabeza.
     — ¿Puedo pasar?
     Papá alzó la mirada.
     — No hace falta que lo pidas— contestó con desdén—. Total, ya has pasado sin permiso un par de veces, ¿no? Una más, una menos— se encogió de hombros y sentí como si me hubiera golpeado con una piedra en medio de la boca del estómago. Me señaló uno de los sillones vacíos—. Siéntate.
     Tragué saliva y cumplí órdenes, cruzándome de piernas. Me temblaba todo el cuerpo y tuve que secarme el sudor de las palmas sobre la fina tela del vestido. Todo mi cuerpo estaba alterado y me daba pánico alzar la mirada hacia el hombre que estaba frente a mí. Pude ver a papá cerrar una carpeta marrón y dejarla a un lado, despejando de este modo el escritorio.
     — Hablemos.
     — Especialmente sobre esa caja marrón que hay bajo tu mesa— añadí.
     — Me pregunto qué diablos he hecho yo para que todos mis hijos sean tan auténticamente entrometidos— siseó, alzando la vista al cielo.
     — Papá...
     — Primero tú— me interrumpió—. Es evidente que no creaste aquel rumor. No solo porque ha sido demostrado ante la policía, sino porque todo esto queda fuera de tus dotes profesionales. No puedo soportar que sigan tachándote de calumniadora. He contratado a un equipo privado de seguridad para que se encarguen de resolver toda esta mierda— explicó con un tono de voz repentinamente afable—. Han hablado con la policía y éstos han aceptado la colaboración, metiéndolos en el equipo como asesores externos— continuó—. Tengo una ligera idea de quién ha podido ser, pero necesito hablar contigo seriamente antes de adelantarme a los hechos.
     Una ligera sensación de alivio se propagó lentamente por mis venas. Observé atentamente el rostro desmejorado de papá. El pelo lo tenía encrespado con ligeros enredos. Un haz de pequeñas arrugas se adueñaban de sus ojos y las comisuras de sus labios. Estaba demasiado delgado y bajo sus ojos había dos grandes y enormes ojeras.
     Sí, podía confiar en él. Sí, era mi padre. Y sí, solo él tenía las piezas del rompecabezas. Juntos podíamos destapar a Simon o como quisiera que se llamase. Sabía que había sido él. ¿Cómo lo había conseguido? No tenía la menor idea, pero todas mis sospechas apuntaban a él. Y era más que evidente que los chicos tampoco terminaban de fiarse de él. O al menos ya no confiaban como lo hicieron al principio. Especialmente Zayn y Niall. Respecto a los otros tres no tenía ni la más remota idea.
     Tal vez no tenían conocimiento de su lado oscuro o simplemente lo sabían pero preferían apartar la mirada y aparentar que todo iba bien. Sinceramente, esperaba que fuese por la primera hipótesis, a pesar de que eso pudiera convertirlos en unos idiotas.
     Sin embargo, deseaba con todas mis fuerzas que fueran un puñado de ignorantes antes que unos cretinos.
     — Necesito resolver varios enigmas aquí dentro— me golpeé suavemente la sien con el dedo índice—. Quiero saber quién es exactamente Simon Evans porque tengo un lío en la cabeza de mil demonios y…
     — Daniel— me interrumpió—. Daniel Fernández.
     — Ese es su verdadero nombre— dije yo—. Dame un minuto.
     Me levanté del sillón y rebusqué en uno de sus cajones —con la mirada sorprendida de papá clavada en mí— y saqué un bloc de notas en blanco. Le cogí un bolígrafo.
     Haber husmeado en sus cosas tenía sus ventajas.
     — Adelante.
     Dibujó una media sonrisa.
     — Nos conocimos en la Universidad. Estudiamos juntos ADE. Se convirtió en mi mejor amigo. Éramos jóvenes y deseábamos con todas nuestras fuerzas trabajar juntos. Cuando mi padre decidió dejar la discográfica, permitió que fuera yo el que tomara las riendas de Wells Records y me hizo prometer que la encumbraría hasta la cima.
     — Y Simon la llevó contigo— concreté yo sin alzar la cabeza al tiempo que esquematizaba toda la información—. El abuelo te dejó Wells Records y tú trabajaste con Simon.
     — Trabajé con Daniel— me corrigió—. Por aquel entonces, Wells Records era tan solo una discográfica que operaba en Irlanda. Algunos años después de que Dani y yo…
     — ¿Puedes llamarle Daniel sin más?— propuse—. Cuando dices Dani me haces pensar en Dani Carvajal. Al Dani cabrón llámale Daniel— papá hizo una ímproba mueca por haberle interrumpido—. Perdón.
     — Como te iba diciendo, después de que Daniel y yo tomáramos las riendas, no sólo se había convertido en una gran productora y distribuidora de cine, sino que también conseguimos que entrara en bolsa. En menos de diez años la empresa había ganado unos cuantos miles de millones.
     — Unos cuantos— susurré por lo bajo mientras escribía, fascinada por la facilidad que tenía papá para menospreciar tal cantidad de dinero.
     — Pasada la década de los 90, los contratos y solicitudes de artistas y grupos reconocidos a nivel mundial nos llovían por los cuatro costados. Los grandes directores se pegaban para que fuéramos nosotros los que invirtiéramos en sus producciones. No había nadie en el mundo que no conociera a Wells Records.
     — Dios.
     — Daniel y yo no terminábamos de congeniar, económicamente hablando. Como bien sabes, la empresa siempre ha sido familiar. Más del cincuenta por ciento de todas las acciones que hay en bolsa pertenecen a la familia. Daniel...
     — No me lo digas— le interrumpí—. Quería poseer más.
     Él asintió.
     Continué escribiendo hasta que terminé de recoger todo lo que me había dicho. Me masajeé la muñeca dolida y contemple mis apuntes. Sí, estaba muy bien, pero las cosas seguían sin encajar. ¿Por qué quería Simon vengarse de papá? ¿Qué pasó aquel día, hace quince años?
     — Una historia emocionante— dije sin poder evitar el sarcasmo—, pero las piezas del puzzle siguen desperdigadas sobre la mesa.
     — En el 96 firmamos con una boy-band. Yo nunca he sido muy amigo de ese tipo de música, pero en este mundo eso no importa lo más mínimo. Lo único que interesa es...
     — Dinero— le interrumpí.
     — El dinero es el peor de todos los enemigos que nos puedan atrapar. Nos convierte en personas que no somos y hace que nos prostituyamos por él— se recostó en el sillón—. Daniel me dijo que quería ser su representante durante la gira. Yo acepté y los chicos estuvieron de acuerdo— su tono de voz fue descendiendo gradualmente, hasta que agitó la cabeza—. El éxito de aquel grupo fue tal que en tres años hicieron dos giras mundiales. El Management los explotó hasta el punto de proporcionarlos estimulantes para que aguantaran un día, y otro, y otro— papá tomó aire y se frotó el pecho, justo encima del corazón—. Dani se encargaba, por petición del grupo, de controlar sus cuentas. Cuando la fiebre exaltada desapareció y el grupo quiso alejarse del panorama musical, se dieron cuenta de que sus cuentas estaban a cero. Tanto la común como las privadas. El grupo estaba sin blanca y se había convertido en un esclavo directo de las drogas. Lo perdieron todo.
     Silbé impresionada.
     — Lucro, cohecho, malversación de bienes, conspiración...— comencé a citar—. Menudo historial.
     — A todo eso debes añadir la calumnia, difamación, amenazas ilícitas y cambio ilegal de identidad.
     No contesté. Lo apunté todo en el bloc.
     — Enero de 1999— dijo de repente—. Dani…— agitó la cabeza—, perdón. Daniel vino a verme a casa porque tenía que tratar un tema urgente. Yo sabía lo que había hecho y le anuncié que iba a denunciarle ante la policía. No iba a permitir que ensuciara el nombre de Wells Records por ser un puto inconsciente. Por aquel entonces, el único que tenía conocimiento de la estafa era yo. El grupo no sabía nada.
     Cerré el bloc, olvidándome de tomar notas.
     — Me aseguró que no iba a permitir que le delatara. Si él caía, la empresa caería con él— se recostó en su sillón y se rascó la barbilla—. Dijo que no se me ocurriera abrir la boca o iría a por mí. Destrozaría mi carrera, mi empresa y a toda mi familia. Después, se marchó. Lo demás ya lo sabes.
     Me estremecí. Papá siempre había tenido problemas de corazón y en aquella ocasión estuvo al borde de morir por un infarto severo.
     Recordaba aquel día.
     Era un día frío de enero. Nevaba y no había podido ir colegio porque el suelo estaba cubierto por un espeso y brillante manto de nieve. Era de las pocas veces que había nevado de tal modo en Madrid. Recuerdo a Simon entrando en el despacho de papá, en el que estuvieron metidos durante horas. Estuve esperándole en la puerta durante ese período de tiempo porque me había prometido salir a tomar un chocolate caliente a La Antigua Churrería, una de las mejores churrerías de Madrid. Después de un rato, Simon salió y me lanzó una sonrisita victoriosa. Dejó la puerta entreabierta y yo —que no dejaba de ser una niña de ocho años curiosa y activa— me adentré en el despacho. Papá respiraba muy rápido, como si le faltara el aire. Estaba muy pálido. Me dijo que se lo dijera a mamá de inmediato. Acto seguido, cayó desplomado al suelo.
     Grité. Grité a todo pulmón.
     Mamá y Chad entraron. Él tenía catorce años y Madison once. Ella lloraba desde la puerta y mi hermano tuvo que sacarme a rastras de allí. Sabía que era algo serio. O al menos todo lo serio que podía resultar para una cría de ocho años aterrorizada.
     Y ahí estaba yo. Quince años después, descubriendo toda la verdad sobre aquel instante que tantas pesadillas me había provocado. El despacho en el que estábamos olía a perfume masculino, limpiador de madera y aire con esencia de mar que se colaba por la ventana abierta.
     — Nunca le dijiste nada a nadie.
     — No— negó con la cabeza—. Tampoco lo denuncié. Filtré la información a los medios. Como bien sabes, los periodistas saben mantener el secreto profesional y no deben revelar la identidad de sus fuentes.
     — Un off the record— intervine yo.
     — Más o menos— asintió—. La policía y la prensa se le echaron encima. Detuvieron al Management y fueron acusados de todos los cargos.
     — Y Simon abandonó el país con una identidad falsa.
     — Yeah— agitó la cabeza. A pesar de llevar media vida en España, papá aún no había sido capaz de dejar de mezclar ambos idiomas—. Yo he cumplido. Ahora te toca a ti.
     Tomé aire.
     Le expliqué lo que pasó la noche en la que me le presentaron, la tarde cuando me descubrieron y él no dejaba de relamerse mientras me miraba satisfecho, le enseñé la grabación que Zayn me había mandado el día anterior y todo lo que pudiera estar relacionado con el caso. Los demás detalles de cómo logré conocerlos o nuestros encuentros preferí mantenerlos al margen. No tenían la menor importancia y no merecía la pena ponerle de los nervios.
     Bastante había tenido con lo de Víctor la noche anterior.
     Cuando terminé, el despacho quedó en un gran silencio. Tuve que ir a la cocina a por dos botellas de agua. El cuerpo me temblaba y tenía la garganta reseca. Papá no dejaba de rascarse la barbilla y dar vueltas sobre el sillón.
     — ¿Cómo vamos a resolver esto?— pregunté.
     — Juntos.
     Se levantó del escritorio y se aceró a mí. Abrió los brazos y me acurruqué en ellos, en aquellos brazos que había echado de menos durante una tirada de años. Aquel fue el primer abrazo sincero que había recibido en mucho tiempo por su parte. Cerré los ojos y no le solté durante varios minutos. Inhalé su esencia, acaricié la tela de su camisa con la punta de la nariz y palpé los músculos de su espalda.
     La luz del ventanal inundaba el despacho.


     Me separó de él con suavidad, apoyando sus manos sobre mis hombros.
     — Papá, no podemos quedarnos aquí— le dije—. Aquí en España no somos de ninguna utilidad y lo sabes. Sé que no quieres ir, pero…
     — Emma, yo...— balbuceó nervioso—, yo no...
     — ¿Por qué no nos vamos?— propuse—. Allí haremos mejores cosas que aquí, ¿no crees? Y aprovechando la ocasión, tendremos un momento para estar más tiempo juntos.
     Pensé en Simon, en los chicos que me habían enseñado lo que era la amistad y en el chico del que estaba completamente enamorada. Fue entonces cuando las palabras me subieron por la garganta y me explotaron en la boca, como si las escupiera.
     — Emma…— exhaló.
     — Necesito volver a Londres.


     Me miró muy serio a los ojos pero no puso ninguna pega. Simplemente se fue a su escritorio y conectó su iMac. Me senté frente a él, sin saber qué era lo que estaba haciendo en él. La impresora se puso en marcha y me tendió un papel.
     — Tu tarjeta de embarque— indicó—. El vuelo sale a las siete de la tarde.
     — ¿Me dejas ir?— pregunté con la boca abierta de par en par.
     — Confío en ti plenamente.
     — Mamá no me lo va a permitir y Chad te va a querer pegar una patada en el culo. Dirán que los médicos recomendaron que tenía que estar siempre acompañada.
     — Y lo vas a estar— dijo sonriendo—. ¿Por qué no ir juntos? Yo volaré mañana por la mañana. Tengo que resolver algunos asuntos antes. Llamaré a tu médico para que te proporcione a un psiquiatra en un centro cerca de tu casa. No harás ninguna locura en ese corto período de tiempo, ¿verdad?
     Le volví a abrazar. Me acarició el pelo, apoyando en él su nariz e inhalando su olor.
     — Todo volverá a la normalidad y volveremos a ser la familia que habíamos sido hace quince años, ¿de acuerdo?
     — Te quiero, papá— musité.
     — Lo sé— afirmó—. Yo a ti también, pequeña. Más de lo que nunca pudieras imaginar.
     Sorbí por la nariz y me afiancé a los fibrosos músculos de su espalda.
     Estuvimos abrazados durante largos minutos, disfrutando del contacto paterno-filial que llevábamos tanto tiempo sin disfrutar.

     — Saldremos de ésta— susurró—. Te lo prometo.

7 comentarios:

  1. Me ha encantado! Por fin las cosas se van a arreglar, y todo volverá a la normalidad :) Sigue pronto por favor.
    PD: Te odio Simon Evans/Daniel Domínguez!

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  2. Aaaawwwww ese momento padre-hija ha sido realmente bonito. Y ya se empiezan a arreglar las cosas. Ay *-* Me encanta! Sube el siguiente pronto! <3

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  3. Debo admitir que al principio de esta novela, Arthur Wells no me gustaba nada. Siempre he pensado que es de estos padres agarraos' y eso. Pero con este capítulo, acaba de ganar puntos positivos. Estoy esperando con ansias el día en el que Simon/Daniel cobre por todo lo que le ha hecho a Emma y a los chicos. Y bueno, la última parte de que Emma va a ir a Londres es perfecta, ya tienes mi amor infinito sólo por eso. Espero que en el próximo capítulo haya ya algún contacto con Harry o los demás chicos, que si no, ruedan cabezas, eh. Este capítulo lo has escrito genial, de verdad. Espero el próximo.

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  4. Que hijo de puta Simon. Te van a descubrir, hijo de puta já. JAJAJAJA. Espero que Emma arregle todo con los chicos asdfghjkl. Siguiente <3 @bradfordgirls_

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  5. Dioooooooooooooooooooooos.
    Simon es un hijo de la gran puta. Se merece sufrir mil veces más de todo lo que Emma ha sufrido. Ojalá le condenen a pena de muerte.
    El capítulo perfecto, como de costumbre.

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  6. (Esta es la segunda vez que te comento el cap porque el puto blogspot me ha borrado el antiguo comentario bcs llu onli lif uanz y tenemos que joder a Laura como sea)
    Antes de nada debo admitir que Arthur me caía mal bcs pasaba de Emma una cosa mala. Pero ahora que han unido fuerzas para derrotar al malo malísimo (que vaya tela con el señorito Evans) me cae un poco mejor.
    Es en plan: ¡Equipo Wells en acción!
    Necesito que lo metan en la cárcel o que lo torturen y que sufra por todo lo ocurrido. Es que, ¿de qué va explotándo de tal manera a una pobre banda que sólo querían cumplir su sueño? Lo triste de todo esto es que en la realidad el dinero mueve el mundo aunque lo quieran negar.
    Laura loves Simon/Daniel. Nótese la ironía.
    Por otra parte, el tema pareja: me da pena Víctor porque es el primer amor y to' eso pero Emma es y será del señor rizos, están destinados (?)
    (Víctor, si quieres amor yo me ofrezco)
    Y ay, que se nos vuelve la señorita a Londres. Yo. Me. Muero. Ya.
    Quiero que el reencuentro sea to' bonito(PORNO LOL) pero sé que no será así, habrá desconfianza por parte de los chicos y pasará un tiempo hasta que todo vuelva a la normalidad (LO SÉ PORQUE TE CONOZCO COMO SI TE HUBIERA PARÍO') pero el hecho de que vuelva ya es un pequeño paso para Emma y un gran salto para la humanidad. Lo siento, he sentido la necesidad de decir la frase.

    Y creo que ya no me dejo nada más. Espero el próximo con ansías, aunque eso ya lo sabes.
    Ilysm <3

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  7. Admito que cuando empeze a leer tu novela mandaba a parir a Arthur Wells,pero ahora me he dado cuenta de que es una buena persona y muy asdfghjkl
    Espero con ansias la reconciliación QUE LLEGE PRONTO POR DIOS.
    ODIO A SIMON/DANIEL TODO LO QUE ES POSIBLE ODIAR.
    Y ADORO ESTA NOVELA TODO LO QUE SE PUEDE ADORAR ALGO.
    I need the next chapter,you now?.No la dejes por nada del mundo,y si tienes comentarios malos sobre ella es porque ESA GENTE ES UNA INCULTA SIN REMEDIO.FIN.ASI QUE NO LA DEJES O TE TIRO DE LOS PELOS,is a joke.
    Att:Una lectora más cuyo twitter es:@fixmelukey Espero que me avises.Un beso enorme:D

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