martes, 10 de septiembre de 2013

Capítulo 24 | Little Black Dress


Martes, 21 de octubre

     Los chicos habían acabado la gira.
     Aquella noche iba a haber una fiesta VIP en Soho y papá y yo estábamos invitados.
     Aún no los había visto, pero Zayn se había encargado de mandarnos dos invitaciones.
     Papá había pasado más de un mes entero conmigo en Londres. El frío había empezado a hacer mella en los árboles y en los transeúntes de la calle, que ya empezaban a subirse las bufandas hasta las orejas y ponerse los gorros de lana.
     Eran las doce y cuarto de la mañana.
     A lo largo de aquel mes, la policía había empezado a indagar en la vida de Simon después de que tuviera que ir —de mala gana— a declarar . Por lo visto, no habían conseguido nada y estaban igual que cuando empezaron. Papá solía decirme que me tranquilizara, tanto la policía como el equipo de seguridad que él había contratado y que participaba como asesor externo, encontrarían algo. Tenían cosas con las que trabajar y aquello ya era algo.
     — Mejor despacio y bien que deprisa y mal— me decía siempre papá—. El equipo está cumpliéndolo a rajatabla. Confía en ellos.
     Sin embargo, había pasado algo más de un mes desde que entregamos la grabación que me pasó Zayn, pero no habían podido considerarlo una prueba concluyente. No fue descartada pero era una prueba escasa.
     Iba a hacer un año que no veía a los chicos y mis ganas incrementaban. Le pedí a Zayn que no me visitara. O al menos no hasta que todo se resolviera. Y tal y como iban las cosas, todo aquello iba para largo. Él no había puesto ninguna pega.
     Enlacé las manos a mi espalda y miré la lluvia caer violentamente contra el suelo de la terraza del ático, ensimismada en mis pensamientos y hundiéndome en mí misma.
     — ¿En qué piensas?— dijo papá de repente, dándome un beso en la frente.
     — Nada importante.
     — Pues yo sí tengo noticias importantes— me giré inmediatamente—. Anoche recibí un mensaje de la empresa de seguridad y me dijeron que tienen algo.
     — ¿El qué?
     — No lo sé— se encogió de hombros—. Me dijeron que me conectara al Skype hoy por la mañana a las doce y media. Querían darnos las novedades a nosotros antes que a la propia policía.
     — ¡Son las doce y veinte!— exclamé tirando de su manga y encendiendo su Mac Book—. ¿A qué estás esperando?


     Eran las doce y media.
     Papá estaba conectado a Skype cuando recibió una videollamada. Él la aceptó y en la pantalla pude ver a un joven algunos años mayor que yo con el pelo rubio y los ojos muy claros. Era muy atractivo. Miró directamente a la pantalla y sonrió.
     — Hola, Emma Wells. Tenía ganas de conocerte. Me han hablado mucho de ti— dijo él y yo me encogí de hombros. Miró a papá—. Arthur.
     — Aléjate de mi hija, Timmy— dijo él—. Está pillada por una súper estrella del pop.
     «¿Pillada por una súper estrella del pop?» pensé. ¿Quién era aquel hombre y qué se supone que había hecho con papá?
     — ¿Cuáles son las novedades?
     — Verás...— empezó a decir el chico, escribiendo en su teclado—, he estado indagando en el ordenador de Simon y...
     — ¿Eso no es ilegal?— le interrumpí—. Eso es incumplir el derecho a la privacidad. Aunque encuentres algo en su ordenador, en el juicio sería rechazado.
     — Sí— contestó Timmy—, pero si su ordenador me da el nombre de un testigo, nadie puede negarlo. El cazador cazado.
     — Continúa— dijo papá, lanzándome una mirada furiosa. Era evidente que quería que mantuviera la boca cerrada.
     — Sus cuentas no presentan ninguna anomalía extraña y el intercambio de correos electrónicos es escaso a excepción de una dirección.
     — Dime que esa dirección tiene nombre y apellido.
     — Tiene nombre y apellido, pero nos ha costado encontrarlo y ha sido difícil poder acceder a su PC— dijo Timmy, moviendo los dedos con velocidad sobre el teclado—. Nuestro hombre X es un pirata informático de los buenos. Tenía varios cortafuegos y toda la información encriptada. Nos ha costado varios días poder acceder a él.
     — ¿Algo más?— pregunté ansiosa.
     — Sí— asintió—. Se ha entregado a la policía hace algunas horas bajo el nombre de Robert Grey. Dame un minuto para que pueda acceder a la base de datos de la policía y...— se calló durante algunos segundos—, voilá. Robert Grey, nació en 1959, en la ciudad de Barcelona. De padre español y madre americana. En el 74 lo atrapó la policía, aunque no se le llegó a juzgar pues llegó a un acuerdo con ellos a cambio de determinada información. Confesó haber participado en varios atracos a punta de pistola, concretamente en catorce, en los que hubo más de ocho fallecidos...— leyó Timmy, y comenzó a bisbisear por lo bajo, dando a entender no había nada interesante.
     — ¿Nada más?— inquirió mi padre.
     — Dame un momento, Arthur— gruñó él—. Soy hacker, pero no Lisbeth Salander. ¡Lo tengo! Su información detallada permitió dar luz a todos aquellos atracos que la policía tenía archivados por falta de pruebas. Delató al resto de los miembros de su banda, razón por la que comenzó a recibir amenazas ilícitas por parte de ellos. Como su testimonio era la única prueba de la que disponían en caso de atrapar a esos malnacidos y llevarlos ante un juez, el Estado consideró oportuno su entrada en Protección de Testigos en 1975, adquiriendo de este modo el nombre de David Brown.
     — No tiene sentido— intervine—. Esto no tiene nada que ver con Simon.
     — Sí lo tiene— replicó Timmy, aparentemente molesto—. Simon perteneció a aquella banda, bajo el nombre de Daniel...
     — Daniel Fernández— le interrumpió papá.
     — Correcto. Tenía tan solo 14 años. Fue procesado y estuvo tres años en un reformatorio— explicó, justo cuando le sonó el móvil—. Perdonad. ¿Sí?... No, estoy hablando con Arthur Wells... ¡Venga ya! ¿En serio?...
     — Este tío es gilipollas— gruñó papá.
     — Te puedo escuchar, Arthur— dijo Timmy—. No, disculpa, se lo decía a Arthur... Sí, le tengo en Skype... De acuerdo, adiós.
     — ¿Y bien?— pregunté yo.
     Aquel muchacho estaba poniéndome de los nervios. ¿No se daba cuenta de que el hombre que había arruinado mi vida estuvo encarcelado en un reformatorio durante tres años? ¡Por el amor de Dios! Que se diera más prisa, maldita sea.
     — Robert Grey se ha vuelto a entregar a la policía con la condición de que vuelvan a ocultar su verdadera identidad. Entró en el PPT para protegerse de los que lo amenazaban, y cuarenta años después, vuelve a utilizar la misma estrategia— explicó Timmy—. Lo ha desembuchado todo.
     — Eres un hacha— murmuré.
     — Gracias— contestó Timmy, orgulloso—. Por lo visto, el trece de noviembre de 2013, y sin saber como demonios dio con él, Simon, conocedor de sus habilidades para moverse de manera impune por la red, acudió a su casa en Brighton y le amenazó con desenmascararle ante el resto de los miembros de la banda, que desde su confesión vivían ocultos en la clandestinidad, si no entraba en la cuenta de correo de Emma y enviaba todo el contenido del USB que le facilitó, a la sede de Wells Records, en Madrid.
     — Hijo de puta— siseó papá.
     — Después le obligó a tapar las huellas y no contar nada a nadie porque sabía su identidad, lo del PPT y le dijo, cito textualmente: «Te tengo cogido por los huevos, Rob». Me lo están diciendo ahora mismo por una página segura.
     Intenté hacer memoria. El trece de noviembre... ¿Qué estaba haciendo yo el trece de noviembre? Los chicos habían terminado la gira. El trece de noviembre. Esa fecha fue después de la fiesta en Fabric, tras la que estuve tres días enteros sin hablar con ellos, quedé con Louis... Una brillante y nítida luz iluminó mi cabeza.
     — ¡El trece de noviembre fue el día que conocí personalmente a Simon!— exclamé. Todo tenía sentido—. ¡Ahora todo encaja! Harry me comentó que Simon le había dado permiso para pasarme la maqueta de su canción y me pidió confidencialidad pues tenían un contrato de exclusividad con Sony. ¡Por eso Simon le dio permiso a Harry!
     — Era una trampa— murmuró Timmy—. Hijo de la gran puta.
     — Exacto. Simon sabía que Harry no podría resistir a la tentación de pasarme su maqueta. Después de que la canción estuviera en mi poder, era solo cuestión de tiempo que Simon pudiera jugármela— expliqué abrumada—. ¿Cómo he podido ser tan idiota?
     — Vale, bien— asintió Timmy—. Acabo de confirmárselo al equipo. Van a por él.
     — ¡Timmy, espera!— exclamé—. Esperad a esta noche, por favor. Hoy es la fiesta VIP en Soho de los chicos y Simon asistirá. Dejad que sea yo la que lo desenmascare delante de todos los asistentes— supliqué. Quería darle a Simon de su propia medicina—. Después la policía podrá hacer con él lo que le dé en gana.
     — No sé si...
     — Por favor.
     Papá me miró y suspiró abrumado.
     — Emma sabe lo que se hace— dijo—. Haz lo que dice.
     Timmy asintió, cogió su móvil e hizo una llamada.
     — Detened la operación— le escuché decir y suspiré satisfecha—…, no. Esta noche. En Soho…, vale, de acuerdo.
     Colgó. Se despidió y cortó la video-llamada. Me tiré sobre el sofá con una sonrisa estúpida dibujada en el rostro, incapaz de quitármela de encima.
     Iba a pillar a Simon y se acabaría todo aquello.
     Debía admitir que el cabrón había sido listo hasta decir basta. ¡Era una completa locura! Simon estuvo en una banda armada cuando tenía catorce años. La misma en la que había estado Robert Grey. Por lo visto, a Robert lo atraparon y a cambio de inmunidad blindó su colaboración como testigo en todos los juicios en los que estuviera implicada dicha banda. Por esa razón entró en Protección de Testigos, creyendo así que podría estar a salvo de todos ellos.
     Simon había estado en un reformatorio.
     Cuarenta años después, Simon parecía haber descubierto el paradero de Robert y éste tuvo la mala suerte de sucumbir ante sus amenazas. Entró en mi correo electrónico y mandó un correo a la sede de papá en Madrid, rompiendo de este modo el contrato de multimillonario de exclusividad que tenían con Sony y cargándome todas las culpas a mí.
     — Te dije que lo conseguiríamos— susurró papá, dándome un beso en la frente.
     Sin embargo, todavía quedaba por resolver el tema de GQ.
     Solo quería que la pesadilla terminara cuanto antes.


     Eran las diez y media de la noche.
     Papá y yo habíamos cenado una suave ensalada. Después de toda la información que Timmy nos dio, tomado cualquier otra cosa más pesada habría sido prácticamente indigesta. Aquella sería la primera comida a lo largo del día.
     Quedaban horas para volver a ver a los chicos de nuevo y yo estaba en el sofá mientras movía nerviosa las llaves de mi nuevo coche: un Nissan GT. A ojos de todo el mundo era un deportivo carísimo y el ruido de un motor que se asemejaba al de una obra de arte digna de escuchar, para mí era más que eso.
     Nueva Emma, nuevo coche.
Lo había comprado hace algunos días, con papá. A pesar de todo, no quería deshacerme de mi Cayenne. El Nissan era la Emma nueva y el Porsche la Emma vieja. Juntos constituían a Emma Wells como tal.
     — Es una completa locura— rompí el silencio del salón, incorporándome en el sofá—. No sabía que la mafia…, joder. ¡Qué fuerte!
     — No digas palabrotas, Em. Mantén tus formas— me recriminó con una sonrisa y respiró hondo—. Parece mentira que después de todo, las cosas puedan volver a la normalidad. Ha sido un año movidito. No deja de recordarme al 99.
     — La historia no se repite, pero siempre rima— añadí con una sonrisa—. Eso decía siempre mi profesor de historia en segundo de bachillerato. No puedo estar más de acuerdo.
     — Tu profesor era un hombre inteligente— murmuró y bajó la vista. Comenzó a dar vueltas a su anillo de matrimonio—. ¿Sabes de lo que más me arrepiento ahora mismo?
     — No— susurré—. ¿De qué?
     — De haberme perdido esa etapa de tu vida— contestó—. No escuché tus historias del colegio, no te vi cumplir los dieciocho y tampoco he sabido comprenderte cuando tu vida se vio convertida en un infierno.
     — Me basta con que no te pierdas esta nueva etapa— enredé mis dedos en los suyos y apoyé la cabeza sobre su hombro. Estuvimos así durante largos minutos, hasta que me levanté.
     — Me voy a arreglar ya. No rompas nada— bromeé y le besé la frente.
     — Me gustan estas fotos— cogió uno de los marcos de fotos que había sobre la mesilla al lado del sofá—. ¿Cuántos años tenías en esta foto? Doce, ¿verdad?
     — Y Chad dieciocho— añadí.
     Sonreí y marché hacia el baño con la mirada nostálgica de papá sobre mí.



     Sería yo la que desenmascarara a Simon. Sería yo la que le diera de su propia medicina. 
     Me planté ante la cama.
     Me deshice de mi ropa y miré mi cuerpo desnudo en el espejo. En cualquier otro momento lo más posible es que hubiera visto mil y una imperfecciones; por aquel entonces no. Era preciosa. Había aprendido a valorarme y no dejaría que un puñado de fans insolentes destrozaran todo lo que tanto esfuerzo me había costado construir.
     En la entrada que Zayn me mandó, se podía leer que para ir a la fiesta había que cumplir un protocolo. Cualquier persona hubiera pensado que aquello era una desventaja. Yo había aprendido a tomar aquellos obstáculos y convertirlos en instrumentos a mi favor. Las mujeres debían acudir con vestido largo y los hombres con traje.
     Me enfundé en mi vestido negro ceñido a mi cuerpo, cuyo escote me llegaba hasta casi el ombligo y dejaba la espalda al desnudo. El vestido perfecto para llamar la atención de todo el mundo y vulnerar a Simon.
     Era mi corto vestido negro.
     El más corto que me había puesto nunca.
     Me subí a unos tacones de aguja de color beige altísimos y abrí el armario para coger una cartera de mano de piel con tonos negros y beiges. Me miré al espejo una última vez para comprobar que mi maquillaje y peinado seguían intactos. Sonreí para mis adentros.
     Jamás me había sentido tan bien conmigo misma y mis tatuajes de las muñecas podían verse más que nunca, como si aquel día los hubieran pintado con color fosforito.
     Estaba absorta ante el espejo cuando me vibró el móvil. Me sobresalté. Era Zayn.

          
«Dentro de un rato te veo»

     Sonreí y tuve que tirarme sobre la cama para asimilar todo aquello. Iba a volver a ver a los chicos en cuestión de horas después de casi un año entero. Tenía un nudo en la garganta y algo me impedía respirar con normalidad. Algo que rara vez había tenido: nervios. Jamás me había sentido así. Ni siquiera los exámenes consiguieron que aquella sensación controlara mi cuerpo.
     Salí de la habitación. 
     Papá estaba sentado en el sofá con las piernas cruzadas sobre la mesita de café. Llevaba un traje negro de Hugo Boss. Tenía su largo cabello hacia atrás y la corbata sin anudar. Se levantó del sofá cuando me vio y se me quedó mirando boquiabierto.
     — Diablos, Emma. Estás...— intentó buscar las palabras correctas.
     — ¿Voy bien?
     — Mmmmm..., no estoy acostumbrado a verte con vestidos tan cortos— contestó—. No tengo nada con lo que compararlo. Has de entender que esto es nuevo para mí.
     Solté una carcajada y me coloqué el escote delantero.
     — No te culpo, papá— me acerqué a él y le hice el nudo de la corbata—. Para mí también lo es.
     — ¿Dónde has aprendido a hacerlos?— me preguntó enarcando una ceja.
     — Si te digo la verdad, es el primero que hago— revelé con una sonrisa—. Víctor jamás me ha dejado que se los haga porque creía que le ahogaría. 
     Mi padre se echó a reír y cogió las llaves del Porsche Cayenne.
     Sonreímos mutuamente y bajamos al garaje. Mick ya estaba allí en compañía de otro escolta. Me monté en el deportivo, en el asiento a ras del suelo. Él insertó las llaves. Su respuesta fue un fuerte y celestial rugido a motor deportivo. Papá se asomó por la ventanilla del Porsche que conducía el otro escolta y bajé el cristal.
     — Te veo en Soho— dijo.
     — Te veo en Soho— repetí.
     Mick pisó el acelerador y salió del garaje con las miradas de todo el mundo puestas sobre nosotros. No sabía si era por el coche o por ver a una joven como yo montada en aquel vehículo con aquel hombre conduciéndolo, aunque tampoco fue un detalle que me importara en exceso.
     Un semáforo se puso en rojo en la mismísima Brutton St., a la altura del banco de Barclays, y frenó delicadamente. Encendí la radio y comencé a mover los dedos al ritmo de una canción muy pegadiza que no lograba conocer.
     El corazón me palpitaba con fuerza. Cuando se abrió el semáforo, Mick volvió a salir disparado en dirección a Soho.


     Antes de que el aparcacoches se llevara mi vehículo, abrí la cartera y me pinté los labios de un rojo carmín increíblemente llamativo. En un callejón, donde estaba la puerta trasera del club, se encontraba mi padre esperando en compañía del escolta que le había llevado, otro al que yo no conocía y el inspector de policía que había llevado el caso. Fui lo más rápido que mis altos tacones me permitieron hacia ellos con Mick detrás y me miraron muy serios.
     — Emma— dijo papá—, éste es el inspector Lindstrom.
     — Inspector— le estreché la mano a modo de saludo y me lanzó una sonrisa de lo más cariñosa.
     — Y éste es Timmy— papá señaló al que yo pensé que era el escolta. Me sorprendí al darme cuenta de que, efectivamente, aquel atractivo muchacho de espaldas anchas y metro noventa era el mismo chico con el que había hablado esa misma mañana por Skype—. A él ya le conoces.
     — Un placer— le tendí la mano y sonrió de oreja a oreja. Aquel chico me caía bien—. Muchas gracias por todo.
     — No ha sido nada— sonrió.
     — Yo iré con Arthur por la puerta principal— indicó el inspector Lindstrom— y Timmy te acompañará por la trasera. Hay un equipo de agentes acordonando la zona y en el local hay uno de diez. Ese cabrón no se va a escapar.
     — Andando— Timmy me rodeó la espalda con un brazo.
     — Te veo dentro, papá— susurré con una sonrisa.
     Me coloqué el vestido por última vez y me eché algo de perfume de Dior que llevaba en un pequeño frasquito. Los demás escoltas se quedaron en la entrada del callejón. Timmy y yo nos introdujimos en él. Olía a basura y a gato muerto. Intenté aguantar las arcadas y trague saliva, llevándome con ella toda la bilis que me estaba ardiendo en la garganta.
     — Eres muy joven para trabajar para un equipo de seguridad privado, ¿no?— le pregunté y me escondí bajo mi abrigo.
     — Tú también eres muy joven para andar jugando con cuchillos y agujas— intentó bromear y, por raro que pareciera, no me molestó. Dibujé una sonrisa—. Tengo veinticuatro años— contestó—. Y, si te digo la verdad, no trabajo para nadie: la gente trabaja para mí.
     Tragué saliva y soltó una risotada. Su voz era grave y rasposa. Nos detuvimos ante la puerta trasera del club.
     — Yo soy el dueño de la empresa de seguridad— aclaró con una sonrisa y me dejó pasar cuando abrió la puerta trasera de color oscuro. Sin embargo, el conflicto lo teníamos justo detrás de aquella puerta.
     Choqué contra la espalda de un gran gorila, dos cabezas más alto que yo y tres cuerpos más grande. Tragué saliva. Timmy se tensó y me agarró del brazo a modo protector. El gran mastodonte se giró y pude verle el rostro a la luz.
     — ¿Emma?
     — ¡Paul!— por alguna razón que desconocía, me abalancé sobre él y le abracé—. ¡A ti también te he echado de menos!
     — Estás muy..., ¿provocativa?— me separó de él.
     Enarqué una ceja y me eché a reír.
     — ¿Es lo único que se te ocurre decirme? ¿«Estás muy provocativa»?— reí—. ¿Qué haces aquí y por qué no estás dentro?
     Se encogió de hombros y le enseñé mi entrada.
     Me pidió que le contara por qué había ido. Le presenté a Timmy y le expliqué brevemente la verdad sobre Simon, la razón por la que me la había jugado y cómo lo había conseguido. 
     Paul me dio varias indicaciones y entramos al local.


     La música era ensordecedora, el humo de las máquinas hacía que el local adquiriera tonos azules, rojos y verdes como consecuencia de las luces de la pista de baile. Nos movimos entre gente, con la cabeza gacha.
      Cuando por fin llegué al escenario donde había un DJ pinchando música, Timmy me deseó suerte y se perdió momentáneamente entre el gentío. Me subí en silencio y nadie pareció percatarse de mi presencia. A un lado del escenario pude ver Paul de cuclillas con unos cables entre las manos, asentí con la cabeza y él me levantó un pulgar. 
     Se apagaron todas las luces del local.
     Los gritos de angustia me taponaron los oídos. Paul volvió a conectar los cables. Cuando las luces se encendieron de nuevo, ahí estaba yo: con mi mini-vestido ajustado negro, rompiendo todas las normas y con un micrófono de la mano. Desde ahí arriba podía ver a todo el mundo que ocupaba la pista de baile: actores, cantantes importantes y productores musicales y cinematográficos. Entre ellos pude contemplar a los chicos que se aproximaban al escenario.
     Todos me miraban totalmente sorprendidos, menos Zayn que me sonreía satisfecho.
     — ¡¿QUÉ HACE ELLA AQUÍ?!— vociferó Simon que apareció de la nada—. ¡ELLA NO ESTÁ INVITADA! ¡SEGURIDAD!
     — Te equivocas— dije a través del micrófono y saqué mi invitación—, sí lo estoy.
     Papá apareció por detrás de mí y sonrió satisfecho.


     Miré a mi alrededor y pude ver decenas de rostros sorprendidos que nos miraban: primero a él y después a mí. Desplacé la mirada hacia Simon, que se había quedado congelado, y a continuación, hacia los chicos, que me miraban esperando una explicación para todo aquello. Zayn no. Zayn me miraba con una de aquellas sonrisas que tanto me gustaban.
     Algo me impulsaba a saltar del escenario para ir hasta ellos. Tuve que reprimirme.
     Harry me miraba muy serio —más de lo que yo habría deseando— pero sus ojos no decían lo mismo. En su mirada había algo. Todavía sentía algo por mí y era incapaz de esconderlo, por mucho que lo intentara. Llevaba sus malditos pantalones ajustados negros de siempre, una camisa negra remangada por los codos y desabrochada por el pecho que dejaba entrever sus tatuajes, el pelo alborotado y bastante más largo. Paseó lentamente por mis piernas y ascendió por mis caderas, cintura y pecho, para morir muriendo en mis ojos.

     Nuestras miradas se encontraron durante varios segundos y yo fui la primera en apartarla, incapaz de sostenérsela. Ver a Harry hizo que mil y un sensaciones volvieran a mí, me invadieran y me hicieran recordar. Tomé aire y sujeté el micrófono con fuerza. Lo primero era lo primero, y en aquel caso era desenmascarar a Simon.
     Papá me dio la mano con firmeza, como si intentara traspasarme toda su fuerza.

     Venganza, dulce venganza.

14 comentarios:

  1. DIIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOS, es perfecta esta novela, sube pronto porfavor, no puedo esperar a ver que pasa.

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  2. Espera, espera, espera... ¡¿VA A MATARLO?! ¡¿ME ESTÁS DICIENDO QUE VA A MATARLO?! NO POR TU VIDA, NO POR DIOS, NO NO NO NO NO NO.

    NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

    No me dejes así, Patri, joder. Síguela lo antes posible, madre míiiiiiiiiiiiiia asdfghjklñ

    ATTE: @Rachelforever99

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  3. OH DIOS TENÍA MUCHAS GANAS DE QUE LLEGARA ESTE MOMENTO... ¿CÓMO SE TE OCURRE DEJARLO ASÍ? O SEA, SIGUIENTE YA <3 @bradfordgirls_

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  4. PATRII!! Siguelo dios mio no me puedes dejar asii!! Sube cuanto antes por favor :'( me encanta*_*

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  5. Noooooo tía , no me puedes dejar así Dios.asdfg perfecto,cada vez me engancho más.

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  6. TIAAA! ¿CÓMO ME DEJAS EL CAP AQUÍ? Ay, madre. Continúalo ya, destrozando a Simon y con un hermoso reencuentro. Ay dios. En serio. Necesito otro capítulo. (Nótese que soy adicta a tu novela jaja). Tía, es que escribes genial. Y la historia es simplemente perfecta. Te felicito. <3

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  7. Ay, joder, ¿cómo se te ocurre dejarme con ese final? ¿CÓMO? FGJHNSDJVHGHSBNVNDFHS en serio, cada día estoy más jodidamente pillada por tu novela, es como una droga. Sigue pronnnnnntisimo <3

    @sheeranftpayne

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  8. HOLA? HOLA? DIOS NECESITO EL SIGUIENTE CAPÍTULO. YA DE YA. OMG I LOVE IT, SRSLY. ALSNHSBDHDBSKSBSUSS

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  9. AAAAAAAAAHHHHHHH ME ACABA DE DAR UN HEART ATTACK.¿OK?PUES ESO.ASDFGHJKL TU IMAGINACIÓN NO ES NORMAL.
    ESPERA,ESPERA,ESPERA,¿PISTOLA?¿VA A MATAR A SIMON?HABER LE ODIO,Y QUIERO SU MUERTE.PERO PATRI IRA A LA CÁRCEL:
    NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO.
    Dios,siguela RIGHT NOW.PLS.THIS IS PERFECT.
    Att:Una lectora a la que le dará un infarto como no sigas pronto:D @fixmelukey

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  10. TE VOY A MATAR, TE LO JURO. NO PUEDES DEJARME ASÍ DE AJFIADKXAIJF.. El equipo formado por padre e hija (y en parte, también Zayn) me tiene encandilá. Siempre pienso que en el próximo capítulo, va a ser el reencuentro, pero avanza muy lento Y ME ESTÁ MATANDO, aunque bueno, si Emma se carga a Simon, te perdono por hacerme sufrir. Me gusta que Emma vaya cogiendo confianza en sí misma después del accidente. Por otra parte, me alegra que haya sido Paul el que haya estado ahí, también hay que agradecerle a el la pillada a Simon. Y definitivamente, la parte de: ''Todos me miraban totalmente sorprendidos, menos Zayn que me sonreía satisfecho'' me ha dejado convulsionando y haciendo la croqueta por toda la casa al imaginarme a Zayn sonriendo y y y y no. Por favor, ten piedad de mi alma y haz que en el siguiente capítulo se reencuentren. Lo espero con muchas muchas ansias.

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  11. PATRIIIIIIIIIIIIIIIII TIAAAAAAAA, COMO NOS HACES ESTO, DIOS, COMO LO PUEDES DEJAR AHÍ, ESTÁS PROVOCANDO UN INFARTO SABES?!!?! AY AIRE ASDFHJHGFDFGHJ, QUE SE CARGUE YA A LA ESCORIA DE SIMON. Me ha encantado la entrada de Emma en escena, JAJAJAJ que crack Paul. Y Emma dando la nota toda escotada, que cojones. Bueno me ha encantado el caap:D PERO NO PUEDES DEJARLO AHÍ, PORQUE AHORA VIENE LO MEJOR, JODE A SIMON Y Y Y Y Y Y VUELVE CON LOS CHICOS, Y Y HARRY Y OOOOOOOOMG SABES!? AY. Te quiero Patri.

    @Harryverse aka Sonia ♥

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  12. Patriiiiii no me puedes dejar así asdfghjklññlkjhgfd. Creo que debería considerarme adicta a tu novela. Es genial y espero que la sigas pronto.

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  13. Una pregunta, ¿a ti de qué forma te gustaría morir? ¿Que sea doloroso? ¿En plan tortura? ¿Que no te enteres? PORQUE YO PUEDO PACILITARTE EL TRABAJO Y NO TE COBRARÉ NADA. OOOOOOOOOOOOH GOOOOOOOOD, ¿CÓMO SE TE OCURRE DEJAR ASÍ EL CAPÍTULO? NO PUEDES. Bueno, sí puedes porque eres la autora. PERO NO DEBES HACERLO PORQUE ME DAN PAROS CARDÍACOS.
    Vale. Vuelvo a empezar.
    Mi cara de asombro cuando he leído lo de ''A ojos de todo el mundo era un deportivo carísimo con puertas que se levantaban hacia arriba y el ruido de un motor que se asemejaba al de una obra de arte digna de escuchar'' pensé que Emma iba a decir 'pero para mi es un coche cualquiera' Mira, ya tenía el cuchillo en mano. Pero no, me he tenido que contener porque ya había acabado de leer la frase y ya era 'Nueva Emma, nuevo coche'.
    Ojalá yo con un novio rico para que me compre un coche así.
    Prosigo, me encanta cuando se empieza a preparar a la fiesta y se mira en el espejo y se refleja como una versión poderosa de ella. Yo estaba en plan 'this is the real Emma, bitches' y sí, mis expresiones cuando leo tus capítulos son muy épicas. Mi madre ya está guardándome plaza para ir al manicomio (?)
    Ah, debo decirte que he muerto de amor cuando ella sube al 'escenario' 'dónde está el DJ' 'como se diga eso' y ha cruzado mirada con Harold. Yo sé que él la ama y la va a perdonar pronto. Lo intuyo.
    Sólo espero que el plan de los Wells salga bien y acaben/humillen a Simon bcs se lo merece por ser un puto acabao'
    Pero presiento que le vas a dar un giro a esto y la fiesta no va a acabar como todos esperamos. PERO SI QUIERES HACER QUE MATAN A SIMON Y TODO ES FELICIDAD CON UNICORNIOS VOMITANDO ARCO IRIS MIENTRAS CORREN POR UN PRADO VERDE, YO TE DEJO EH.
    Pero sin presión <3
    JAJAJAJAJJAA me voy ya antes de que te cuestiones mi estado mental, aunque ya lo habrás hecho.
    Sabes que espero el próximo con muchas ansías.
    Ily.

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  14. PREFECTO! Me puedes avisar cuando subas?? @paula_pope : ))

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