viernes, 25 de octubre de 2013

Capítulo 34 | Story Of My Life


Sábado, 3 de enero


     El agua de la playa me mojaba los pies, al ritmo que las olas subían y bajaban. Eché la vista atrás y vislumbré a Víctor sobre la toalla, con las piernas estiradas y los brazos bajo la cabeza, cubierta únicamente por unas gafas de sol. El sol de Miami iluminaba el cielo, pintándolo de un suave y brillante azul. El agua cristalina me acariciaba las plantas de los pies con cada ola que se acercaba y me arrastraba con ellas cada vez que se alejaban. Sonreí al mirar a Víctor de nuevo y me acerqué a él.
     Su cuerpo bronceado brillaba bajo la luz del sol, sus músculos estaban relajados y se movían al ritmo de su respiración acompasada. Me tumbé a su lado y le toqué el pecho, deslizando mis dedos por sus marcados abdominales. Acariciando el vello que nacía en su ombligo y se escondía bajo la cinturilla de su bañador.
     — Te echaba de menos— susurré antes de lanzarme sobre sus labios, para besarle y percibir su esencia. Sabía a verano, sal y mar. Cientos de recuerdos se agolparon en mi cabeza. Levanté la mirada y un hombre vestido de negro de pies a cabeza y una máscara blanca nos apuntaba a punta de pistola. En realidad apuntaba a Víctor, que se había incorporado en la toalla y miraba a aquel hombre horrorizado.
     — Si cae él, caes tú— la voz del hombre era como metalizada, casi dolorosa.
     Me golpeó con la culata en la ceja y caí al suelo, con los ojos cerrados. Mi mundo daba vueltas y todo se desmoronó al escuchar la pistola disparar, y a Víctor gritar. Abrí los ojos y me llevé la mano a la ceja, de donde me salía un hilo de sangre. La vista se me había nublado y un relámpago de dolor me cruzó la cabeza.
     Levanté la mirada y Víctor estaba tumbado en la toalla con el abdomen repleto de sangre, que brotaba de una herida de bala. Me levanté tambaleante y miré a mi alrededor; nuestro agresor había desaparecido. Agarré a Víctor y le coloqué la cabeza sobre mis rodillas. Empecé a llorar y grité con desesperación, intentando pedir ayuda, pero en la playa no había nadie.
     Estábamos solos.
     — Víctor, por favor. Aguanta, alguien vendrá y nos ayudará, ¿vale? Por favor, aguanta. Hazlo por mí, por favor— le suplicaba una y otra vez. Él levantó una de sus manos y me acarició el rostro, apartándome las lágrimas de los ojos.
     — No lo entiendes, Em. Si muero yo, morirás tú.
     Inmediatamente, los tatuajes de las muñecas comenzaron a arderme, de la misma manera que me habrían quemado si hubiera metido las muñecas en una hoguera incandescente. Grité de dolor y cuando volví a mirármelas, los tatuajes habían desaparecido. Las cicatrices brillaban con sus colores blancos y comenzaron a teñirse de rojo; se habían abierto. De ellas brotaba sangre, grandes ríos de sangre que se mezclaba con la de Víctor.
     — Yo te salvé, Emma. Estamos ligados de alguna manera— musitó. Su voz había quedado reducida a un silbido apenas audible— Si yo muero, todo volverá atrás y tú morirás. Conmigo.
     — No lo entiendo...— intenté replicar, pero mis brazos se habían teñido de rojo, la sangre salía a gran velocidad de mis muñecas, transportándome a la bañera en la que me corté. La cabeza me palpitó con fuerza, se me nubló la vista y el corazón comenzó a latirme con fuerza, como si hubiera vuelto a poner mi cuerpo a disposición de las drogas.
     «No, por favor. Otra vez no»
     Las piernas no me respondían y caí de rodillas al suelo.
     — Te quiero, Emma. Siempre te querré— logró decir, y dejó de respirar. Su cuerpo se relajó y su corazón dejó de latir.
     Víctor se había ido y me había dejado sola.
     — ¿Víctor?— pregunté, zarandeándole sin fuerzas—. ¡¿Víctor?!
     Pero estaba muerto. Comencé a ver doble. El corazón me latía con fuerza, tenía frío y tuve que tumbarme a su lado.
     — Emma. Emma, despierta.
     Me reclamaba una voz, pero no era la de Víctor, que era grave y delicada, con un fuerte acento español. Ésta era grave y ronca, con un acento británico evidente. Pero no aguantaba más. Había perdido demasiada sangre y no aguantaba más tiempo despierta. El corazón me latió con tanta fuerza que finalmente perdí el conocimiento.
     — Emma, despierta.
     Cerré los ojos y caí en un pozo negro.


     — Emma, despierta. Es una pesadilla. Despierta.
     Y abrí los ojos, de golpe. Harry estaba en el asiento del conductor, zarandeándome del brazo. Tenía su abrigo negro por encima para protegerme del frío y estaba encogida como una oruga en el asiento del copiloto. Me miré las muñecas. Mis tatuajes seguían ahí, intactos.
     «Una pesadilla, Emma. Ha sido una pesadilla»
     Miré a mi alrededor. Estábamos en la Presentation Rd., frente al número 8. La hilera de casas iguales se perdía en el horizonte. Las farolas en un único lado de la calzada iluminaban tenuemente la travesía, dejando ver su casa. Una construcción de dos plantas adosada con un jardín recién reformado ubicado en un gran solar que hacía esquina.
     Harry había aparcado sobre la acera para dejar paso a los vehículos que quisieran pasar.
     No me importaría que aquella fuera la historia de nuestra vida. Que él me llevara en coche a todas partes, que me diera calor cuando hiciera frío y que me prestara su hombro para llorar.
     Enredé mis dedos en los suyos.
     Habíamos salido de Holmes Chapel a las cinco y veinte. Gemma nos había llevado en coche. Nuestro vuelo había salido a la hora prevista y a las ocho y media de la tarde pisamos terreno irlandés. Cuando fuimos a alquilar el coche, tuvimos un pequeño dilema: yo quería un Nissan deportivo, Harry prefería un Audi.
     Y ahí estaba yo, en un gran Q7 negro alquilado, frente a la casa de de mis abuelos y a punto de reencontrarme con mi familia. Llevaba más de dos meses y medios sin verlos.
     — ¿Estás bien?
     — Tranquilo, solo ha sido una pesadilla— afirmé y le tendí su abrigo, pero él se negó—. ¿Cuánto tiempo llevo dormida?
     — Media hora. Te quedaste frita un poco después de que montáramos en el coche.
     Asentí y bajé la cabeza. Había estado a punto de morir. Había estado al borde de perder a Harry. Sin embargo, el destino no creyó que fuese mi hora. Era ridículo que lo pensara, pero aquello era lo único que ocupaba mi cabeza. El capricho del propio destino había considerado que mi vida era demasiado valiosa y aún tenía demasiadas cosas por hacer.
     — No sé lo que estás pensando, pero deja de hacerlo— dijo antes de inclinarse y posar sus labios sobre los míos. Sentí de nuevo esa extraña y deliciosa electricidad que había entre nosotros. Se apartó y sonrió de medio lado.
     Salió del coche con solo un jersey hacia el maletero para coger nuestro equipaje. Acto seguido, me abrió la puerta y me colocó correctamente su abrigo, abrazándome por la espalda y dirigiéndome hacia la entrada de la casa de mis abuelos.
     El caos no tardó en llegar. Mi madre abrió la puerta y no me dio tiempo ni siquiera a saludar, me abrazó con fuerza y con lágrimas en los ojos. Mi hermana gritó y, cuando quise abrazarla, me di cuenta de que estaba abrazando a Harry. «Dios mío, ¡Harry! Llevábamos muchísimo tiempo sin vernos. ¡Tenías ganas de volver a verte!» decía una y otra vez. Harry enarcó una ceja y la devolvió el abrazo.


     Entré en la cocina. Olía a sofrito de verduras, pollo al horno y café recién hecho. Mi abuela seguía igual que siempre: llevaba un jersey y una falda negra, con sus zapatillas de estar en casa. Su pelo canoso brillaba bajo la luz artificial y sus manos temblorosas hacían un enorme esfuerzo por apagar la vitrocerámica. Aparecí por detrás y la apagué por ella. Me miró.
     — Hola, abuela— sonreí de oreja a oreja.
     — ¡Elyse! ¡Qué guapa estás!— me dio un fuerte abrazo.
     — Emma, mamá. Emma— le corrigió cariñosamente mi padre.
     — Es verdad, qué tonta, ¿verdad?— contestó ella, dándose un golpecito en la frente y echó una mirada hacia el salón—. Y ese morenazo de ahí debe ser Víctor, ¿verdad? Qué pelo tan bonito, ¿no crees? Tal vez un poco largo, pero nada que una coleta no pueda hacer— el acento irlandés de mi abuela era muy marcado—. Es muy guapo. Tal y como lo recordaba.
     — No, abuela. No es Víctor.
     — Ah, pensé que Víctor era... — le tembló el labio, intentado recordar, y soltó una débil carcajada—. Es el futbolista chiquitín. Daniel…, Carvajal. Eso.
     — No, abuela— sonreí de medio lado y le acaricié la mejilla con cariño—. Es Harry. Forma parte de un grupo muy famoso. Uno de sus componentes también es irlandés.
     — ¡Di que sí, pequeña!— dio una palmada y me acarició la mejilla—. Ataca a por las presas gordas, esas son las que más valen, ¿verdad?
     — Tranquila, mamá. Siéntate un rato— le interrumpió papá y se la llevó, rodeándole la espalda con un brazo, lanzándome una mirada de disculpa.
     Me apoyé en la encimera y cerré los ojos.
     Aquella mujer vestía como mi abuela, se comportaba como mi abuela y hablaba como mi abuela, pero no era ella. Al principio lloré y sufrí como si me hubieran quitado un pedazo de vida, después no me quedó otro remedio más que asumir que no podía hacer nada y lo olvidaría todo, poco a poco. Olvidaría a su familia, su hogar e incluso su verdadero nombre.
     Quise gritar.
     Y lo habría hecho de no haber entrado mi hermano.
     — Cuanto tiempo sin verte, enana— me revolvió el pelo—. Cada día estás mejor, te lo aseguro. No me extraña que ese soplagaitas se haya pillado por ti.
     — ¡Harry no un soplagaitas!— grité, riendo, mientras le golpeaba el hombro—. Pensé que estarías con lo de Return en Nueva York. No has hablado con Harry aún, ¿verdad?
     — Me he logrado escapar— se exculpó sonriendo—. Respecto a Harry…, no he podido ni siquiera saludarle. Madison se ha apropiado de él.
     — ¡Dios, Harry! ¿Qué tal está Niall? ¿Bien?— gritaba mi hermana desde el salón—. ¡Llevaba mucho sin verte! Personalmente creo que deberías cortarte el pelo. No te favorece en absoluto.
     — Madison, admiro tu entusiasmo, de verdad— respondía Harry—. Pero, ¿me dejarías subir la maleta a mi cuarto?
     — ¡Sí! ¡Deja que te ayude!— gritó ella.
     Chad y yo nos lanzamos una mirada común y nos echamos a reír.
     — Yo no conozco a esa mujer— comentó mi hermano, entre risas.
     — Qué vergüenza de chica— contesté yo.
     Chad se tranquilizó y se puso delante de mí. Me miró serio.
     — ¿Tú cómo estás?— preguntó con un matiz preocupado—. ¿Has acudido a las terapias externas allí? ¿Sigues tomándote los anti-depresivos?
     — Chad, Chad— le interrumpí, tomándole de las manos—. Estoy bien.
     Apretó la mandíbula y me acarició la mejilla. De inmediato, Harry apareció en la cocina, con la mano en el pelo y sonriendo. Su sonrisa se borró del rostro al verme al lado de Chad.
     — Eh..., no sabía que ibas a venir— dijo molesto, mirándome primero a mí y después a él—. Emma no me lo dijo. Pensé que estarías de premiere.
     — Harry, éste es...— intenté presentarlos, pero Chad me interrumpió.
     — Conque tú eres el famoso Harry Styles, ¿verdad? Te diré solo una cosa. Solo una— dijo él, señalándole acusador con el dedo índice—, como le hagas daño a Emma, el más mínimo daño, te rajo.
     Harry tragó saliva.
     — Yo…
     Chad sonrió.
     — Tranquilo— intervino—. Era una broma. No voy a rajarte. Emma ha llegado sana y salva, así que he de suponer que la has cuidado bien— Harry asintió—. Bien, muy bien, ricitos de oro. Pero cuidado con lo que haces con ella, ¿de acuerdo?
     Harry respiró con alivio cuando Chad salió de la cocina.
     — Nena, la próxima vez podrías mencionar que tu hermano es tan...— repuso él—, tan él— terminó, lanzándome una mirada de lo más cómica.
     — Mea culpa— contesté, encogiéndome de hombros.
     Harry sonrió divertido y rápidamente mi padre entró en la cocina. Se acercó a mí —ignorando la presencia de Chad y Harry por completo— y me abrazó con fuerza. Me acarició el pelo, me rodeó con sus brazos durante unos largos segundos y pude escucharle respirar aliviado. A pesar de haberle saludado en cuanto llegué, era evidente que papá estaba satisfecho con volver a tenerme en casa.


     Media hora después, la enorme mesa rebosaba de comida que olía verdaderamente bien. Pollo, ensalada, filetes y decenas de aperitivos.
     — Bueno, Elyse. ¿Qué tal en Londres? ¿Todo bien?— preguntó mi abuela y miró mi plato medio vacío—. Y además estás muy delgada, toma— me puso un enorme filete.
     — Emma, cariño. Se llama Emma— le corrigió mi abuelo, cogiéndola de la mano con cariño. Sentí un nudo en la garganta. Mi abuelo, que había estado con ella desde el principio y no la había abandonado a pesar de todo. Si aquello no era amor, ¿qué era entonces?
     — No recordaba que estuvieras saliendo con este morenote. ¿Cuándo os habéis conocido?— continuó ella—. ¿Qué ha sido de Víctor?
     Sonreí de medio lado, intentando ocultar mi dolor. ¿Cuántas veces le había contado lo que Víctor me hizo? ¿Cuántas veces me había dado el mismo consejo? ¿Cuántas? Harry bajó la mirada a su plato durante unos segundos, me dio un apretón sobre la pierna con la mano bajo la mesa y miró a mi abuela.
     — Nos conocimos hace casi dos años ya— contestó él con la mejor de sus sonrisas.
     — ¿Y cómo fue?— insistió mi abuela. Yo miré a mi padre en busca de ayuda pero él se encogió ligeramente de hombros y miró el trozo de pollo que había sobre su plato—. Quiero decir, no pasa nada. Es lógico que te enamoraras de ella— me sonrió—. Es preciosa, ¿verdad?
     — Sí— admitió Harry, mirándome con una sonrisa—. Sí lo es.
     — Me voy a dormir— dije levantándome de la mesa y dejando la servilleta sobre mi plato prácticamente intacto—. Buenas noches.
     — Emma, no has comido nada— repuso papá de inmediato—. Estás muy delgada.
     Le miré a través de mis largas pestañas bañadas en rímel. Mamá parecía preocupada.
     — Eso es porque Harry no la alimenta como se merece— contestó mi hermano con una sonrisa divertida en el rostro y Harry se sonrojó de inmediato.
     «Si tú supieras, Chad» pensé para mí.
     — Estoy agotada.
     Y sin más miramientos, salí del salón cabizbaja y subí al piso de arriba, hacia mi dormitorio, cerrando la puerta con cerrojo y metiéndome en la cama. Era tal y como la recordaba.
     Era un cuarto pequeño con una cama de matrimonio en el centro y una funda nórdica beige sobre éstas, dos mesillas a cada lado de la cama, una cómoda y un armario empotrado. Las paredes eran lisas y la luz de una mesilla iluminaba tenuemente el cuarto. Sonreí por los buenos recuerdos y me tiré sobre la cama. Aquella noche no cené. No lloré. No dormí.
     Ni siquiera abrí a Harry la puerta cuando llamó para desearme las buenas noches.


Lunes, 5 de enero

     Habían pasado dos días desde que llegamos.
     Durante este tiempo había intentado mantenerme todo el tiempo posible fuera de casa. No era capaz de estar allí. Quería a mi abuela a rabiar, es más, durante toda mi vida mantuve cientos de confidencias con ella, pero por aquel entonces, era incapaz de recordar ni tan siquiera mi nombre. La tristeza me abrumaba. Harry tampoco intentó acercarse y lo agradecí profundamente. Necesitaba estar sola para pensar. Tenía los pensamientos alborotados.
     «Bendito día de Reyes» pensé, dando un largo trago a una botella de agua.
     Con la única persona que me permitía estar era con Chad.


     Estaba sentada en un banco, en medio de Fitzgerald Park, a varios kilómetros de casa. Llevaba yendo a aquel lugar a correr desde que tenía uso de razón. Clavé la mirada en el río Lee que pasaba a algunos metros de allí. El aire era espeso. Un fino manto de nieve cubría el suelo del recinto y el vaho que expulsaba por la boca me nublaba la vista.
     — ¿Tomando aire?— preguntó alguien a mi espalda.
     Ahogué un grito.
     — ¡Dios! Qué susto me has dado— le di un puñetazo en el hombro y Chad se sentó a mi lado. También había salido a correr. Llevaba una sudadera de color gris oscuro—. ¿Cómo sabías que estaría aquí, don “estás tomando el aire”?
     — Siempre estás aquí cuando intentas evadirte de algo— contestó muy calmado, apretándome la mano con una de las suyas—. ¿Qué te preocupa?
     Le miré enarcando una ceja.
     — ¿De verdad me lo preguntas?
     — La abuela te ha echado mucho de menos— contestó pasándose las manos por el pelo—. Estos últimos días está más lúcida. Mantiene las cosas durante más tiempo. Es como si tú la hicieras una mujer nueva.
     — De nada importa eso si el maldito alzhéimer acabará con ella de todas formas— mascullé—. Con ella y con todos nosotros.
     — Cuida tu vocabulario, Em— me reprendió mi hermano en un intento por imitar a papá, copiando a la perfección su acento irlandés—. Que la abuela se olvide de tu nombre no quita que no te quiera. Ella no ha cambiado. Eres tú la que ha cambiado y ve la vida con otros ojos y desde otra perspectiva. Nada más.
     Suspiré, apoyando mi cabeza en su hombro. Necesitaba a aquel chico, su fortaleza y su confianza. Necesitaba a mi hermano con desesperación.
     — ¿Dónde está Harry?— pregunté.
     — Con Madison. Por lo visto les faltaban algunos regalos de Reyes y han ido a hacer los últimos preparativos— explicó y suspiró violentamente.
     — No puedo culparle— susurré—. Este año va a tener que hacer el doble de regalos.
     — ¿Él no celebra los Reyes Magos?— exclamó Chad con una falsa sorpresa—. No me lo puedo creer, ¿acaso es anormal? ¿Cómo no va a celebrar los Reyes Magos? ¡Inaudito!
     Reí por lo bajo.
     — No sé por que tengo una ligera sensación de que los anormales somos nosotros al celebrar los Reyes Magos en plena Irlanda— bromeé—. Aunque, de alguna manera, yo también he tenido que comprar el doble de regalos. 
     — ¿Y a él qué?— repuso—. Le sobra el dinero y a ti también. Déjate las falsas modestias para otro momento, Emma Wells— me acarició la mejilla y se calló—. Me gusta Harry para ti— dijo al cabo de unos segundos—. Te quiere. Es muy diferente a Víctor y Dani pero..., te quiere. Sé que no te va a hacer daño.
     — Me inquieta que pueda agotarse de mí. Al fin y al cabo somos jóvenes y vivimos en mundillo que puede corrompernos— murmuré—. Me da miedo que pueda conocer a otra...
     — No lo hará— me interrumpió—. Está enamorado. Es idiota y además está enamorado. Es un idiota enamorado, pero procuraré no tomárselo muy en cuenta— bromeó.
     — ¿Y tú? ¿Cómo está Laura?— pregunté divertida. Le di varios golpecitos en el pecho.
     — ¿Laura?— se le iluminaron los ojos—. Es increíble. Creo que jamás he conocido a una chica como ella. A los hombres nos encantan los retos y cuando una chica se nos resiste, más ganas tenemos de conseguirla. No sé si me entiendes.
     — Supongo que no.
     — Olvídalo— hizo un movimiento con la mano—. Laura y yo estamos bien. Eso es lo único que importa— sentenció y miró al horizonte. El rostro le cambió de expresión radicalmente y me miró preocupado—. ¿Has hablado con papá?
     — ¿Del juicio? No. No quiero pensar en ello— afirmé—. Lo tengo asumido.
     — Todo el bufete de abogados está trabajando en el caso. Algo encontrarán.
     — Me ha dicho que las cosas están jodidas— susurré angustiada.
     Otra vez aquella sensación de opresión, como si me faltara el aire y no pudiera respirar. Aquella desagradable sensación de caer en un pozo negro y no poder ver el fondo, pero tampoco poder hacer nada para apartarte de él.
     — Tengo miedo, Chad— musité—. He tenido que soportar demasiada mierda y no podría soportar que ahora, después de todo esto…
     — Sería preocupante que no lo tuvieras— me abrazó con fuerza contra él—. Harry me contó anoche lo de Simon, cuando te fuiste a dormir. ¿Te sigue preocupando esto?— susurró poniendo su mano sobre mi frente a modo de protección y asentí levemente—. Emma, escúchame: el juicio saldrá bien. Harry ha solucionado lo de Simon, ¿de acuerdo?— asentí de nuevo—. Hoy es noche de Reyes. Olvídalo.
     — Es muy complicado.
     — He dicho que lo olvides— repitió—. Venga, una carrera. Quien llegue último, paga una ronda en Beamish & Crawford.
     — ¿Qué?— exclamé—. ¡La última vez me ganaste y tuve que pagar no una, sino tres rondas! ¡Eso es muy ruin, Chad Wells!
     Dibujó media sonrisa.
     — ¡Tres, dos, uno!— gritó y salió corriendo. No me paré a pensar, tomé aire y salí corriendo detrás de él. Haciendo un sprint, para alcanzarle e intentando mantenerlo a lo largo de cuatro kilómetros.
     — ¡Eres un capullo!— le grité. Él simplemente sonrió.
     Sentí cómo mi sangre había sido sustituida por adrenalina y mis piernas se movían por instinto. Los miembros me dolían, pero era un dolor exquisito. Y seguí corriendo, hasta quedar a su altura, bajando los dos el ritmo un poco para darnos un respiro.
     Intenté sonreír, pero por mi cabeza solo corría un pensamiento.

     En una semana se iba a decidir mi futuro.

13 comentarios:

  1. PFFFFF ¿UN MES?
    NO SE SI VOY A AGUANTAR TANTO, UN MES ES DEMASIADO NENA, pero bueno, los estudios son lo primero.
    He adorado la conversación con Chad, me he frustrado con el sueño de Emma con Víctor y cuando Harry la dice que la quiere fJKFLÑDSJFLÑAJALSJDFLASD.
    ¿Y MADISON? PFFFJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA LA PUTA AMA.

    Nena, tienes 42500 visitas porque te las mereces, incluso más. Sigue escribiendo y no lo dejes nunca, porque es fascinante lo mucho que puedes hacer con un teclado un unas cuantas palabras. Haré la cuenta atrás para que subas el 35 dentro de un mes.

    ResponderEliminar
  2. PFFFFFFFFFFFF adoro a Madison. Me ha recordado a mi!!! JAJAJAJAJA
    Estoy deseando saber que es el regalo de Harry, es que es todo un amor, dios
    Tia, no se si aguantaré un mes sin tu novela, pero lo entiendo PERO QUE SEPAS QUE NO ME OLVIDARÉ DE LO DE LA MARATÓN. RECUÉRDALO.

    ResponderEliminar
  3. Mucha suerte con los exámenes bby :) Bueno, me he rayado mucho con la pesadilla de Emma idk JAJAJA. qUIERO SABER CUAL ES EL REGALO QUE HARRY LE TIENE PREPARADO A EMMA JEJEJE. Y dios cuando él le dice te quiero y ay mis feels :') Siguiente<3 @bradfordgirls_

    ResponderEliminar
  4. AISHHH ERES GENIAL, ME HA ENCANTADO, CON CADA CAPITULO TE SUPERAS, CON LO DE LA ABUELA, ME HAN ENTRADO GANAS DE LLORAR XQ ME HA RECORDADO MUCHAS COSAS. PERO TMB ME HE REIDO CON MADISON, EA MONISIMA, Y GRACIOSA. CHAD ES UN AMOR, EL MEJOR HERMANO DEL MUNDO. HARRY ES TAN AHSVSBNSJDBE. AUNQUE TARDES UN MES, TE COMPRENDO, YO TMB ESTOY DENTRO DE POCO DE EXAMENES Y ME PASA LO MISMO. ESPERAREMOS CON MUCHAS GANAS EL SIGUIENTE! AH, GRACIAS POR AVISARME!!

    ResponderEliminar
  5. Asdfghjkl me encanta cielo,en serio esta es la mejor novela de la historia*.* PERO POR DIOS NECESITO SABER MÁS.Suerte con los exámenes y verás como lo consigues:D @fixmelukey

    ResponderEliminar
  6. Esta fasina como llevas todo Patri aksdjfg Y pues a esperar 1 mes. Que te valla excelente en tus examenes, muchisisisisima suerte.. Voy a esperar con ansias el proximo cap. Kajshdfg Y las 42.500 VISITAS!! TE LO TIENES MUY BIEN MERECIDO!!!
    @blancatowers

    ResponderEliminar
  7. Es que cada día amo más tu novela. Si es que eso es posible jaja Muchisima suerte con los exámenes! Valdrá la pena espera! ¿Qué vas a estudiar en la universidad? ¿Literatura o algo así? Tienes mucho talento como escritora en serio. Te mereces todas y cada una de esas visitas. Ay :')

    ResponderEliminar
  8. AI MI DIOS ¿UN MES? Me quieres matar de intriga dejándome sin saber cual es el regalo de Harry, jo.

    Bueno pero lo más importante son los examenes así que aguantaré como una campeona durante un mes jajajajaja.

    MUCHA SUERTE CON TUS EXAMENES

    @yaipayne

    ResponderEliminar
  9. ¿UN MES? ME MUERO, ES MUCHO :(. Pero bueno, los estudios primero, espero que te salgan bien todos los exámenes bby.
    DIOS ME HE PEGADO UN SUSTO DE MUERTE CUANDO HE VISTO LO DE VÍCTOR, QUE MIEDO TÍO :(
    ¿Y HARRY? ES UN AMOR TÍO ALXHSIZBSUZBHZBSJS Y ESTOY MUUUUUUY NERVIOSA POR EL JUICIO OMG. Y LA CONVERSACIÓN CON CHAD ME HA ENCANTADO. @liamswear_ <3

    ResponderEliminar
  10. ESTE CAPÍTULO >>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
    Vale, vale, por partes.
    El sueño de Emma ha hecho que sintiera una fuerte presión en el pecho y no pudiera respirar (como habrías dicho tú, lol). En serio, adoro Hemma, pero es que tengo un cariño especial a Víctor. Al fin y al cabo, él estuvo con ella cuando más le necesitaba.
    He adorado a Madison JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA QUE PUTA AMA, TÍO. Cuando empieza a decir que le quiere y que quiere subir su maleta PFFFJAJAJAJAJAJA.
    Me ha encantado cuando Harry confunde a Chad con Víctor y cuando están en la mesa y dice "Eso es porque Harry no la alimenta como se merece" O SEA, ¿HOLA? PUTO CHAD, TÍO. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA OTRO AMO.
    La familia Wells >>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
    La conversación con Chad ha sido muy profunda y ahora tengo los feels por los suelos bc yo quiero un hermano como él y no lo tengo y ES MUY INJUSTO, ¿VALE?
    Estoy muerta porque quiero saber el jodido regalo de Harry y QUIERO SABER QUÉ COÑO VA A PASAR CON EL JUICIO DE LOS HUEVOS, COÑO.

    Un mes, solo un mes Lucía. Aguanta un mes. Espero que los exámenes te salgan genial y cuando seas escritora famosa, te recordaré. Te buscaré por España para que me firmes los libros, llenaré mi habitación con pósters tuyos y obligaré a mis hijos a leer todas tus novelas. JAJAJFKSLFJASLDFJADSLF vale, me relajo.
    Mucha suerte cielo <3333333333333

    ResponderEliminar
  11. Es la primera vez que comentó en tus capítulos , pero ya sabes patri. que me encanta como escribes , tus capítulos mejoran día a día , muchas gracias por escribir , sí no fuera por ti ahora mismo muchas no podríamos imaginarnos una vida como Emma :P Un mes :O Bueno no pasa nada aguantaremos , somos fuertes aún que nos hayas dejado con ganas de saber quién bailara día y el regalo de Harry , esperamos con muchas ganas tú próximo capitulo ,Mucha suerte en los exámenes tú puedes cielo , te quiero patri
    Miriam / Miwi @Mirii_10

    ResponderEliminar
  12. Espero ansiosa el capítulo, me encanta como escribes y lo haces genial! TE LAS TIENES MERECIDAAASSS!!! BESOS FUERTES!
    PD: ¿QUÉ SERÁ EL REGALO DE HARRY?¿QUÉ PASARA CON EL JUICIO?? ¡CUANTAS PREGUNTAS DIOSSS!

    ResponderEliminar
  13. Chad es Colton Haynes. ¿Qué es la vida después de esto? #Pregunta. Nada. #Respuesta.
    Esa conversación entre ambos adfjdaklñewfjiosdjflaef

    ResponderEliminar